Arepazos solidarios para ayudar a los niños del San Juan de Dios

Un grupo de lusovenezolanos junto a la Fundação São João de Deus en Madeira iniciaron una campaña para donar alimentos a sus pares en Caracas y Maracaibo

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Delia Meneses

Hay distintas formas de cocinarlas e infinidad de rellenos. Son buenas en cualquier ocasión y son pocos los venezolanos que se resisten a una arepita. En torno a este símbolo gastronómico se inició en la isla de Madeira, el pasado sábado 26 de septiembre, un movimiento solidario para donar alimentos a los hospitales San Juan de Dios en Caracas y Maracaibo, instituciones de referencia en el área de la medicina social en Venezuela.

El primer arepazo ocurrió en José Café Buffet, en el centro de Funchal. Arepas de queso, mixtas, de carne mechada, pollo y perico, para comer al momento y para llevar. Los comensales fueron lusovenezolanos y madeirenses que se unieron a esta campaña que también busca reactivar la economía local golpeada por los efectos de la pandemia.

Parte del dinero recaudado por la venta de las arepas se destinará a la alimentación de los pacientes y beneficiarios del San Juan de Dios ubicado en Valle Arriba y del Hogar Clínica San Rafael en Maracaibo. Los que no pudieron asistir a este arepazo, que contó con la animación del cantante Ricardo Thompson, tendrán otras oportunidades para unirse a este movimiento solidario.

El sábado 10 de octubre en el café San Diego en Ribeira Brava, a partir de las 6:00 pm, podrá comerse una arepa mientras disfruta de un show de magia para niños y adultos que ofrecerá el Magoebom. El arepazo del 17 de octubre en el local Capitão Soda, en Caniço, contará con la presencia de Jhonny Madeira y el 31 se organizará una cena en el restaurante A Terraça (Caniço) con la animación del cantante Julio César.

Estos eventos también aspiran promover el reencuentro de amigos que tienen tiempo sin compartir, pero respetando las medidas sanitarias básicas debido al Covid-19. En el arepazo del sábado, Lidia Albornoz, promotora de la iniciativa, se encontró con dos amigos que no veía hace tres años.

Albornoz es portuguesa de nacimiento, pero se hizo profesora de Castellano y Literatura en Venezuela, donde además se licenció en Educación Especial. Emigró a este país junto a sus padres cuando tenía 8 años, proveniente de su natal Madeira, donde había perdido la visión de su ojo derecho producto de una convulsión febril. En la isla, los médicos dijeron no tener soluciones para mejorar su situación.

En Maracaibo, después de un encuentro fortuito con un médico en un supermercado, se sometió a una cirugía ocular complicada en el Hogar Clínica San Rafael gracias a la cual recuperó 35% de la visión y recobró la estética de su ojo.

Cuarenta años han pasado desde ese momento y Lidia asegura haber conseguido la oportunidad para agradecer ese gesto que marcó su vida. «Siempre hay una oportunidad para retribuir aquello que una vez hicieron por ti», asegura Albornoz, quien mantiene contacto con los hermanos que están a cargo de los hospitales San Juan de Dios.

Producto de la crisis humanitaria, estos centros, que anteriormente realizaban intervenciones quirúrgicas especializadas, ahora se han convertido en una suerte de comedores para niños y adultos en condiciones vulnerables. Son cada vez más comunes las escenas protagonizadas por padres desesperados que piden dejar a sus hijos en manos de la institución por no tener cómo alimentarlos.

Lavinia Corte, representante de la Fundación São João de Deus, en Madeira, destaca que la hospitalidad es el principal valor de esta red y exhortó a los madeirenses y lusovenezolanos a apoyar la causa venezolana y unirse a este movimiento que junta personas que quieren hacer el bien. En la isla, este hospital, ubicado en Santo António, ofrece atención psiquiátrica a personas con problemas mentales.

Corte agradeció a Albornoz por ser el motor de la iniciativa, la fuerza y la motivación de esta campaña que se prolongará hasta diciembre y que tiene previsto organizar una cena navideña tradicional al estilo venezolano. Todos los recursos recaudados se destinarán a la compra de alimentos. El modo de envío de los recursos o insumos todavía está por definirse.

Albornoz hace un llamado a juntarse a este movimiento pues con un acto simple es posible hacer la diferencia en la vida de otra persona. «Con la pandemia teníamos dudas sobre cómo organizar esto. La gente está preocupada consigo mismo, pero no podemos dejar de vivir ni de convivir».

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