Enamoró a su esposa por cartas, se casaron a distancia y hoy en día disfruta de una hermosa familia

Anaís Castrellón Castillo
anaiscastrelloncastillo@gmail.com

A sus 80 años de edad, José Caldeira Leal cuenta, con una memoria intacta que sorprende a quien lo escucha, cada detalle de su anecdótica vida. La misma que se hace tan difícil de resumir y que lo llena de satisfacciones.

Caldeira nació en 1929. Es originario de Cámara de Lobos, isla de Madeira, y tiene más de 50 años viviendo en Venezuela. Los trabajos que ha tenido son innumerables y hoy en día no se arrepiente del esfuerzo que hizo en cada uno de ellos. Vino a este país a buscar mejoras económicas y de crecimiento.

Su decisión de viajar a otras latitudes no es diferente de la de otros portugueses, pues igualmente viajó por la situación en la que se encontraba Portugal. Tomó en cuenta el desarrollo de la guerra, la situación económica y la falta de empleo, para emprender un nuevo camino.

Caldeira es diseñador gráfico. En Portugal era encargado de una empresa donde estampaba bordados y telas de diversos modelos para la fabricación de ropa, sábanas, almohadas, entre otros. Además, tenía a su cargo a “una buena cantidad de mujeres que eran quienes cocían a diario”, experiencia que describe como bastante compleja.

Pasó largos años allí, pero un día la fábrica se quemó. “A las siete de la noche me llamaron porque se estaba incendiando el lugar. Me dirigí a las instalaciones, luego llegaron los bomberos y empecé a trabajar con ellos. Todo eso se echó a perder, menos mi oficina que tenía cientos de dibujos de bordados”, recordó.

Luego de ese difícil momento, Caldeira descubrió su pasión por ser bombero y fue tan obvia que el comandante que estuvo en el incendio ese día lo invitó a formar parte de la brigada. Estuvo un mes preparándose. “La experiencia era fuerte, pero fue reconfortante haber estado allí”, dijo orgulloso.

Trabajo incansable

Llegó a Venezuela en 1954. Vino a estas tierras a vivir una vida distinta. Sus costumbres cambiaron de manera rotunda, tanto, que él mismo lo cuenta como algo realmente increíble.

Sus primeros años en este país no fueron nada fáciles. Dejó su elegancia colgada para vestir un traje de mesonero que con mucha honra lucía a diario. Cuando hablamos de que Caldeira tiene una memoria joven no nos equivocamos: “El primer trabajo que tuve fue en el Bar Restaurant Codazzi, donde trabajé año y medio. Nadie se imagina las cosas que allí viví. Fueron tiempos muy difíciles”.

Después de allí, José Caldeira continuó trabajando en panaderías, restaurantes y decenas de sitios que le dieron la oportunidad de hacer dinero y acomodarse en un país nuevo.

Contó que recién llegado a uno de los bares donde trabajó como barthenders, vio que un carro lujoso se estaciona frente a las puertas del lugar y entra un hombre vestido de militar y le sirvió un vaso con agua.

Segundos después, su jefe le dijo: “¿Caldeira sabes quién era ese? El General Gómez, el presidente de la República”.

Este emigrante critica con facilidad quién fue el mejor y peor Presidente de la República. Narra la situación económica de cada época y alaba a quien considera que gobernó de manera correcta.

José Caldeira, a los años de estar en Venezuela, se dio cuenta que debía tener algo propio, por ello, se asoció con un amigo y montó una tintorería, empresa que no le funcionó como esperaba.

Luego adquirió un taxi y pasó más de 24 años tras el volante. “Fue allí donde aprendí a conocer Caracas. Me convertí en un experto de todas las calles de esta ciudad y donde, además, me pasaron cientos de cosas”, contó sonriendo.

Este portugués trabajó en el sector construcción y, según cuenta, participó en la construcción de los primeros edificios que hubo en Venezuela.

Amor a ciegas

En ese ínterin, este versátil hombre se dio cuenta que algo le faltaba, por eso decidió casarse. “No me importaba con quién, pero quería casarme”, por eso recordó a una muchacha que solía visitar su casa en Portugal, ² € una llamada a un familiar y le preguntó por la chica.

Caldeira enamoró a su actual esposa, María Bernardette Rodrigues de Caldeira, por cartas. “Le escribía cosas hermosas para enamorarla. Le enviaba fotos para que me conociera y ella me respondía”. Un día, decidieron casarse. Fue en Portugal donde se celebró la misa del sacramento sin novio y en Venezuela él firmó el acta de bodas solo.

Tiempo después, María viajó a Venezuela al año siguiente, 1967, nació su primer hijo. Dos años después el segundo. José y Víctor Caldeira (sus hijo) son la luz de sus ojos. “Estoy orgulloso de ellos. Son profesionales y unos hombres responsables que han sabido aprovechar su vida”.

José Caldeira describe a Venezuela como: “Mi patria, el lugar que me dio la oportunidad de crecer, de tener una familia, de trabajar. Me dio la bienvenida y yo no me voy de aquí por nada. Aquí tengo mi familia y todo lo que quiero”.

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