Opinión

0 44

Julio Materano

Sin pretensiones de enaltecer lo que alguna vez fue Venezuela, puedo decir, con toda seguridad, que fue, al menos para los europeos que huían—a mediados del siglo pasado— de las refriegas bélicas, un puerto de esperanza donde renació el gusto por la vida y la ilusión de soñar.

0 48

Julio Materano

Mientras Venezuela se paraliza con el menor de los eventos electorales, en Madeira las elecciones para escoger a la Asamblea Regional, que es también la contienda para elegir al presidente de la región, transcurren con ordinariedad.

0 64

Julio Materano

Por alguna razón, quizás por el cautiverio isleño que te impone tan descomunal océano de por medio, no he dejado de mirar con perplejidad lo esencial de mi vida.

0 61

Paulo de Sousa

El profesor e investigador Mark Dinneen de la Universidad de Southampton, Inglaterra, en un artículo titulado “El transnacionalismo de los inmigrantes: los portugueses y luso-venezolanos en Caracas”, utiliza esta nueva perspectiva de visión sobre las migraciones para mejorar la comprensión de la experiencia de los inmigrantes portugueses en Venezuela. Este nuevo concepto de transnacionalismo o conectividad transnacional, conforme se expresa en el artículo, “subraya como muchos inmigrantes demuestran la capacidad de inventar estrategias para incorporarse en la sociedad receptora y simultáneamente sostener una relación dinámica con su país de origen”, se destaca como “muchos inmigrantes, en vez de sufrir por una lealtad dividida entre la sociedad de acogida y la tierra natal, logran negociar entre las dos sociedades y culturas”. En este marco, Dinneen demuestra como los portugueses en Venezuela y sus prácticas transnacionales, combinadas con su capacidad extraordinaria de construir sofisticadas redes sociales, explican el papel prominente y exitoso que muchos de ellos lograron cumplir en la sociedad y economía venezolana.

Todos sabemos que es una comunidad numerosa, trabajadora y que, como muchas otras, en especial las europeas, comenzaron a llegar al país a mediados del siglo XX. Pero su influencia en la historia de Venezuela comienza mucho antes.  El historiador Miguel Acosta Saignes en su libro “Historia de los portugueses en Venezuela”, manifiesta que, desde los primeros tiempos de la llegada de los colonizadores a América, vinieron portugueses en funciones diversas, y que los portugueses llegados a Venezuela en 1950, no fueron los primeros. Habían sido precedidos desde comienzos del siglo XVI. El primer censo de extranjeros en Venezuela se realizó en 1606, y en él se determina que entre los residentes de 8 ciudades de la gobernación, habían 125 extranjeros y de ellos, 115 eran portugueses; 41 vivían en Caracas, donde desempeñaban las más variadas funciones: encomenderos, barbero, médico, plateros, espadero, artillero, zapateros, carretero, sastres, agricultores, pulperos, vendedor ambulante, albañil, carpintero y un representante de negreros. Según el censo casi todos eran casados, lo que indicaba que venían con serias intenciones de asentarse en el país. Como se ve, los portugueses se destacaban no solo por el número, sino también por sus oficios.

Y en 1591 nos tropezamos con un hecho importante: la fundación de la ciudad de Guanare, realizada por Joao Fernandes de León Pacheco, quien llegó a Venezuela en 1564 como inmigrante por cuenta de la Casa de Contratación. Anduvo primero en la fundación de Caracas y es significativo que descendientes suyos figuran entre los séptimos y sextos abuelos de Simón Bolívar, el Libertador.

Como vemos, la entrada de la comunidad portuguesa actual, que dio inicio en los años cincuenta del siglo pasado, no podía haber estado mejor precedida. Se puede considerar que el movimiento inmigratorio de portugueses, se registró en tres momentos picos:

La gran primera oleada se inicia apenas terminada la segunda guerra mundial, pero con mayor fuerza a partir de 1950. En su gran mayoría eran ciudadanos nacidos en Portugal Continental, de las regiones centro norte, Aveiro, Espinho y Porto y vinieron atraídos por las grandes obras públicas y maravillas arquitectónicas que se estaban ejecutando, resultado de los dos billones de dólares que se inyectaron a la economía petrolera entre 1948 y 1953. Así casi todos eran registrados en las autoridades migratorias con oficios propios de la construcción. Los que no se dedicaron a esa actividad, se inclinaron por el comercio, especialmente en panaderías. Los pocos emigrantes que venían de la isla de Madeira, muchos de ellos vía Brasil o Antillas Holandesas, se dedicaron al campo, otra actividad requerida por el gobierno de la época e igualmente otros tantos optaron, una vez legalmente establecidos, por el comercio, en especial bodegas y bares.

La siguiente y más importante masa inmigratoria llego una vez iniciada la democracia en Venezuela, época que coincidió con el inicio de la guerra colonial portuguesa o guerra de Ultramar que se llevó a cabo entre las Fuerzas armadas de Portugal y los diversos movimientos de liberación de las colonias portuguesas en África, básicamente en Angola, Guinea-Bissau y Mozambique, que duro entre inicios de 1961 y abril de 1974.

Esta guerra y la recluta forzada de los jóvenes en edad de servicio militar, impulsó a muchísimos a abandonar Portugal, hacia donde pudieran, y es en este periodo que particularmente los nacidos en la Isla de Madeira, vienen a Venezuela, y casi todos se incorporan a las actividades comerciales; trabajan en los negocios de otros paisanos, y después, con mucho esfuerzo y tesón, aprovechando las bondades de esta maravillosa tierra, comienzan en poco tiempo a fundar sus propios negocios.  Aparecen los supermercados que con el tiempo se transforman en grandes cadenas, siendo las más conocidas en orden cronológico de su fundación, Central Madeirense, Excelsior Gama, Automercados Plaza’s, Unicasa, algunas concentradas en el área metropolitana o central del país y otras a nivel nacional.

También comienza a incrementarse el número de panaderías, aparecen las areperas, las licorerías, etc. Siempre regentados por portugueses en particular madeirenses.

El último gran movimiento de inmigración, se sucede después de la revolución de los claveles en abril de 1974 que dio fin a una dictadura de 40 años en Portugal, y la posterior crisis económica que se generó, particularmente por las expropiaciones de tierras y empresas, la nacionalización de la banca y por la crisis social generada por el efecto de los llamados “retornados” de las colonias africanas. A la vez todo eso coincide con el inicio del gobierno de Carlos Andrés Pérez y la llamada “Venezuela saudita”, tal vez la época de mayor bonanza económica del siglo XX. Además de los muchos inmigrantes, no solo lusos, que llegaron a estas tierras procurando el bienestar que daba esta bonanza, en el caso de Portugal muchas empresas especialmente constructoras, se beneficiaron de contratos importantes en el país, en especial en la zona de Ciudad Guayana y Puerto Ordaz. Empresas como Motta Engil, Soares Da Costa, Teixeira Duarte, Somague, trajeron centenares de trabajadores desde su país, muchos de los cuales, como es natural, aquí se quedaron para siempre.

Se puede generalizar que la comunidad lusa se desenvuelve en el área económica en dos importantes grupos según su procedencia territorial, en especial desde la llegada de los primeros inmigrantes hasta los inicios de la década de los setenta: los nacidos en Portugal continental y los nacidos en la Isla de Madeira.

Lo primeros se destacan en la construcción civil, y en todas sus especialidades. Una muy eficiente y capacitada mano de obra que llenaba el mercado laboral y muchas pequeñas y grandes empresas que atendían la gran demanda que los tiempos de gran desarrollo exigían. Esta mano de obra ya no se consigue o muy poca, por dos hechos en particular, muchos regresaron a Portugal, a sus tierras donde tenían a su familia y habían construido con los ahorros de su trabajo nuevas viviendas y aprovechaban el desarrollo que, pasadas las turbulencias, comenzaba a generarse en la Portugal democrática y también por toda Europa. Otros muchos fundaron su propia empresa, y en las mismas imperando la mano de obra venezolana. Lamentable el proceso de destrucción nacional que vivimos, ha obligado a muchos de esos pequeños y medianos contratistas a también regresar a su tierra natal. surgieron muchas empresas que se asociaban a la industria de la construcción: las principales canteras del área metropolitana eran de portugueses, Cantera Nacional, aquí cerca en Mamera, suministró todo el agregado grueso para la ampliación del aeropuerto y sus nuevas pistas, y para la primera etapa del metro de Caracas. Incluso importantes aserraderos de Barinas y Bolívar eran propiedad de paisanos. El mayor constructor de piscinas y de insumos para su mantenimiento, también portugués; grandes ferreterías, carpinterías, herrerías y carpintería metálica, y muchas otras.

Ya más recientemente, empresas venidas de Portugal trabajan en grandes obras nacionales, entre otras, Teixeira Duarte en la prolongación de la cota mil, ampliación del puerto de La Guaira, proyectos habitacionales y la Constructora Lena en los valles del Tuy en desarrollos habitacionales de la misión vivienda.

Entre tanto, los madeirense cubrieron toda el área comercial en especial como referí, los supermercados, panaderías, licorerías, areperas, y grandes distribuidoras de alimentos y víveres en general. Otra importante área económica sobre todo entre las décadas del 50 al 80, fue en el transporte urbano de personas, casi todas, por no decir todas las “líneas” de autobuses eran de madeirenses; posteriormente cuando el transporte urbano se diversifica o se hace público, se enfocan en el transporte interurbano o de turismo.

Y como sabemos no podemos dejar por fuera la participación en las actividades agrícolas, en especial en los altos mirandinos, y en los estados andinos.

Es importante también la inversión en restaurantes que en los últimos años hace que los más reconocidos y frecuentados comedores del área metropolitana sean de esta gran comunidad. Puedo resaltar dos importantes restaurantes que fueron íconos de la sociedad venezolana. El primero el restaurante “Las Quince Letras” en Macuto, cuando Macuto era digamos como la Rivera francesa local; fundado en 1951 por el madeirense Joao Nascimento, lograría fama que trascendió fronteras. Pero su mayor significado social era la profunda amistad del Sr. Nascimento y el pintor Armando Reverón. Mucha fue la ayuda que recibió el pintor de su vecino portugués quien de alguna manera se transformó en su marchante, vendiendo a sus clientes las obras de Reverón, con certeza muchas veces a precios ridículos, considerando que con el tiempo se transformaría en el más importante pintor venezolano del siglo pasado.

El otro restaurante fue el Lee Hamilton, aunque fue fundado en 1958 por un norteamericano, fue ahí que se instituyó el consumo de la carne en ese tipo de establecimiento, en especial los ya tradicionales cortes americanos y que una vez en propiedad de otro querido y conocido madeirense el Sr. José Rodrigues se mantuvo en el tiempo como templo de la carne.

Es esta participación en estas específicas áreas económicas, en mi opinión, donde reside el prominente papel de la comunidad portuguesa en la sociedad venezolana. Vean ustedes, los portugueses dominan la vivienda y la comida, base fundamental de la existencia de una familia. Muchos contratistas portugueses han estado involucrados en la construcción o mantenimiento de nuestras viviendas, y con los años han visto crecer a la familia y conocen a los hijos desde pequeños y acompañan su crecimiento, y probablemente sigan estando presente en la construcción de los nuevos hogares. Y en la alimentación más aun, todos compramos en un supermercado de portugueses, o compramos el pan y los cachitos en la panadería portu, o nuestra arepita al final de una buena rumba, en épocas cuando se podía. Y con seguridad muchos “fiados” permitieron a más de una familia poder comer en épocas no muy buenas. Este tipo de relación, creó un importante vínculo de amistad y confianza reconocido por la sociedad venezolana. Como muchos dicen por ahí, todo venezolano que se respete tiene un buen amigo portugués.

Y la comunidad portuguesa no se quedó ahí, hoy día existen variadas e importantes inversiones en todo el tejido empresarial y comercial. Son de portugueses: lavanderías y tintorerías e incluso fabricantes de insumos para esa actividad; en su época de oro todas las mejores discotecas de Caracas y su mayor exponente la City Hall, fábricas de embutidos o condimentos, estaciones de servicio o gasolineras. Y evidentemente hay profesionales luso-venezolanos en todas las especialidades posibles, médicos, abogados, administradores, ingenieros, comunicadores sociales, científicos, y muchas más.

A partir del último cuarto del siglo XX dado el crecimiento de la economía nacional empujado por el boom petrolero, muy inestable pero muy importante, muchas de las empresas luso-venezolanas de carácter básicamente familiar, comenzaron una significativa expansión, reforzada por la entrada de los jóvenes descendientes, la segunda y tercera generación. Así lo expresa el profesor Dinneen en su artículo: “la contribución de la segunda generación a la economía venezolana ha sido impresionante, pero diferente de la de sus padres que emigraron de Portugal…. En algunos negocios los lusos descendientes han tomado la iniciativa, participando en la gerencia, y con una perspectiva más amplia han utilizado sus conocimientos de las prácticas empresariales modernas, los métodos de marketing y la nueva tecnología para transformar la empresa por la expansión y la modernización.” Y continua: “Una de las diferencias más notables entre la segunda generación y sus padres es el nivel de educación y clasificación profesional obtenidos por aquellos. Muchos de ellos han podido emprender carreras en la asesoría empresarial, el derecho, la construcción, y otras profesiones liberales. El desarrollo profesional de la segunda generación significa que, si por un lado se han debilitado sus vínculos con Portugal, por otro lado, han establecido una serie de nuevos vínculos transnacionales.

 Y avanzamos en el tiempo, y el éxito económico de buena parte de la comunidad ha estimulado una diversificación de las prácticas comerciales e industriales. Se produce un aumento de los negocios con exportadores de otros países, y muchos empresarios luso-venezolanos han buscado oportunidades para invertir más allá de Venezuela, particularmente en Portugal y los EEUU. El ejemplo más notable de esta internacionalización de negocios sea el de Central Madeirense, ahora una de las más grandes empresas de Venezuela. Después de su gran expansión como red de supermercados a nivel nacional con más de 46 sucursales, e inversiones en el área inmobiliaria, sus dueños expanden sus inversiones, en el área inmobiliaria en Portugal y en los Estados Unidos donde fundan en Miami el Ocean Bank, hoy día muy importante banco comercial del estado de Florida. De esta experiencia deciden fundar en Caracas el Banco Plaza, ya en otras manos, que en su época era considerado, aunque un banco pequeño, uno de los mejores rankeados en cuanto a seguridad para sus clientes. Era orgullosamente conocido en el medio empresarial como “el banco de los portugueses”

No puedo terminar sin expresar lo que para mí es el mayor aporte de la comunidad lusa a nuestra Venezuela, nos han enseñado la importancia del trabajo duro, honesto y responsable y en lo humano, honestidad y mucha humildad. Porque eso es el portugués, humildad y simpleza absoluta. Y esa manera de estar en la vida se la regaló a nuestra Venezuela.

Magistralmente termina su libro Acosta Saignes con estas palabras que cito para terminar mi exposición:

Fundaron ciudades los portugueses del siglo XVI, dieron numerosos toponímicos sus hazañas, un estado de Venezuela y un rio llevan como nombre el femenino del gentilicio: portuguesa; fueron los portugueses los primeros en reconocer la independencia de la nación. Su historia esta entrañablemente ligada a la nuestra. Hoy, como trabajadores en la ciudad o en el campo, decenas de miles de portugueses contribuyen a la vida venezolana. Levantan edificios, construyen caminos que son esenciales para el desarrollo de riquezas nacionales; cultivan en los campos los alimentos indispensables; mantiene como comerciantes la circulación de la riqueza que sus antepasados contribuyeron a crear; cooperan al embellecimiento de las urbes que sus ancestros establecieron o vieron nacer. De ese modo, no se pierde el acervo portugués presente en los orígenes de nuestra cultura. Por el contrario, se incrementa. Al recordar la significación de los portugueses en la historia de Venezuela, no solo hacemos justicia. Damos un paso más hacia el conocimiento de la personalidad nacional, con el recuento de una de sus fuentes.

0 151

Julio Materano

De mis primeros meses en Portugal, el país a donde decidí llevar una vida de extranjero y no de exiliado, puedo decir que son otros los fastantas que me asaltan la quietud.