Centro Luso Larense honra en vida a sus pioneros

Centro Luso Larense honra en vida a sus pioneros

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Para los directivos del club el reto de hoy es mantener lo que se ha construido en 42 años

Delia Meneses

Para la actual directiva del Centro Luso Larense los actuales son tiempos difíciles pero que, asumidos con espíritu de lucha y de agradecimiento, se hacen más llevaderos. De allí la iniciativa de honrar a los pioneros del club, a quienes también supieron de adversidades y, a pesar de ello, apostaron por una obra que nunca imaginaron alcanzaría la envergadura que hoy tiene.

Estos precursores emigraron a Venezuela en tiempos turbulentos, algunos después de la primera y segunda Guerra Mundial o tras la guerra colonial de Portugal en 1961. Manuel Farías, actual presidente del Centro Luso Larense, se refiere a ellos como a unos guerreros, quienes trabajaron de manera incansable y ad honorem, colocando muchas veces dinero de su bolsillo para mantener el sueño asociativo fundado en octubre de 1977: un lugar de encuentro donde prevaleciera su cultura, costumbres, idiosincrasia y folclore.

«Creemos que estos homenajes hay que hacerlos en vida, pues tienen otro sentido. Los protagonistas se sienten tomados en cuenta, tocamos su corazón y el de sus familias. Y en verdad ya llegamos tarde, porque el fundador de esta casa, Arlindo Sidonio de Sousa, falleció hace un año en los Estados Unidos. Otros regresaron a Portugal o viven en otros países», precisa Farías, quien se ha empeñado en mantener los niveles de calidad de este centro a pesar de la crisis que envuelve a todo el país.

En el acto de reconocimiento a los expresidentes del Centro Luso Larense, la actual directiva decidió nombrarlos Miembros Honorarios, como un gesto de gratitud para los que iniciaron el camino: José Gonzalves de Castro (1981-1983); Gil Días Lemos (1993-1994 y 1995-1996), actualmente fuera de Venezuela fue representado por su hijo Gil Alberto Lemos; Acacio Ferreira Leal (1988-1990 y 1996-1998), Adelino Méndez Rodríguez (2004-2006, 2006-2010).

Entre los pioneros también se encuentran Antonio Guedez (1984-1985 y 1990-1992), João María da Silva (1987-1988) y Nuno Nuñez (1999-2004). Ya pasaron 42 años desde que se puso a andar este espacio dedicado a la Portugalidad en el corazón de la ciudad de Barquisimeto el 2 de octubre de 1977. Para el año 1984 ya se tenían 500 acciones y el lugar se hacía pequeño, por lo que sus fundadores decidieron adquirir un terreno en la vía hacia Río Claro, que era mucho más grande y podría brindar mejores espacios a sus accionistas. La mudanza del club ocurrió en el año 1986, donde existe hasta la fecha.

Para Manuel Enrique Ferreira, miembro asesor permanente de la junta directiva, las instalaciones del Centro Luso Larense se conservan muy bien a pesar del deterioro en el que está el país. «Este espacio se ha mantenido en pie de lucha, es un club de vanguardia, uno de los mejores de Barquisimeto, que hoy, gracias a la integración y a la globalización, congrega a la comunidad portuguesa pero también a socios de otras naciones quienes prefieren este centro social por sus excelentes instalaciones, entre ellas el restaurante y la piscina».

Hoy son unos 1300 socios entre portugueses, venezolanos, italianos, chinos, gallegos, árabes, colombianos, españoles, entre otras nacionalidades. El reto, asegura Farías, quien ha estado al frente del club en los últimos nueve años, es mantener lo que se ha construido y seguir celebrando las fechas patrias de Portugal y Venezuela, como sinónimo de hermandad y de preservar las raíces. También honrar los compromisos con el personal obrero y administrativo para garantizar que el Centro Luso Larense siga siendo un espacio que ofrezca calidad y seguridad a sus asociados.

«El club no es un centro social o deportivo únicamente, es una institución que está comprometida con el país y que apuesta por Venezuela. Pese a las dificultades, nos sentimos privilegiados por nuestros socios, por su espíritu de responsabilidad. En los actuales momentos nuestra morosidad es baja, hemos desarrollado una política de diálogo con aquellos que han tenido mayores dificultades. Los asociados entienden que su aporte es la forma de poder mantener nuestros servicios», explica Farías.

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