Comerciantes se reinventan para sortear la crisis

Comerciantes se reinventan para sortear la crisis

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Locales emblemáticos del Centro de la ciudad han tenido que transformarse y cambiar de rubro para sobrevivir. Portugueses ponen en práctica la resiliencia y capacidad de riesgo

Delia Meneses

En el marco de la crisis económica, todo lo que permita sobrevivir y mantenerse por un día más es válido. Así lo han entendido muchos comerciantes quienes echan mano de todas las conductas adaptativas posibles para mantener abiertas sus santamarías.

Lo que era una venta de shawarmas en la esquina de Platanal en la avenida Urdaneta se convirtió en una suerte de abastos que reúne frutos secos, verduras, frutas, galletas, enlatados, quesos. “Son productos más fáciles de adquirir y que tienen más salida. La gente compra una lechuga o unas papas y con eso resuelve. El shawarma pasó a costar más de 5 millones, no todo el mundo tiene la posibilidad de pagar eso por un almuerzo”, dice Antonio Rey.

Alfredo de Sousa  transformó un restaurante self service en una tienda de conveniencia, un comercio peatonal con productos variados y donde se puede hacer una compra rápida. Ofrecen comida para perros, champú, pasta, enlatados, charcutería, pero también empanadas y almuerzos para llevar.

“En 2015 las ventas venían disminuyendo mes tras mes, pero en 2016 el bajón fue drástico. Las utilidades no permitían pagar los costos operativos de alquiler y salarios por lo que decidimos cerrar y reinventarnos. La llegada de un tercer socio nos permitió hacer una remodelación. Como muchos locales tuvimos que transformarnos para sobrevivir”, explicó De Sousa.

Así como éste, otros locales del Centro de Caracas han venido mutando a nuevos mercados. Están los restaurantes que han introducido salas de juego, las farmacias con menos oferta de medicamentos y productos de higiene personal que rellenan sus anaqueles con rubros alimenticios,  tiendas de ropa que se convierten en ventas de cosméticos o en charcuterías y panaderías que ahora son una suerte de minimarket. “Las actuales circunstancias son alicientes para pequeñas innovaciones que hacen la diferencia”, explica Víctor Maldonado, director ejecutivo de la Cámara de Comercio de Caracas.

En el restaurante de Noelia Bonfiglio se venden empanadas con harina de trigo y en lugar de pizzas  y empanada gallega ofrecen cremas de verduras. “Hemos tenido que reducir y cambiar la oferta en los menús. Antes teníamos cuatro empleados y ahora es un negocio familiar”.

Los comercios han tenido que poner en práctica su resiliencia y capacidad de riesgo experimentando con rubros que tienen más salida.

Lo que era un local de venta de ropa desde 2002, en 2017 migró a confitería, con alimentos no perecederos y productos de higiene personal. “Esta fue la forma que encontramos para seguir trabajando, ahora ya nadie compra ropa. Aquí los precios son altos porque la mayoría de la mercancía es importada, pero consigues casi todo”, precisó David Shaak.

Hoy los negocios de tradición europea son cada vez menos en Candelaria. Los que se mantienen buscan sobrevivir en una zona donde la vida nocturna desapareció víctima de la inseguridad y la crisis económica.

En la esquina de Ferrenquín funcionó durante 26 años la tasca El Barco de Colón, un punto de referencia en la zona. Sus dueños, nativos de Portugal, tuvieron que cambiar por completo el concepto y hoy expenden productos de repostería, galletas, frutos secos, condimentos, plásticos, cartón.

“Con el incremento de las invasiones y la expropiación del Sambil Candelaria, la zona  se vio muy afectada. Mantener un restaurante como este, con música en vivo, era prácticamente imposible. Los precios se dispararon y el consumo se redujo al mínimo. A las 6:00 p.m. las calles están desoladas. Ahora vendemos un poco de todo, casi todo el que entra se lleva algo”, explica Gabriel Goncalves.

De Ferrenquín a Tracabordo, El Pibe, otro restaurante emblemático  de la zona, tiene sus santamarías abajo. “El dueño lo vendió y ahora lo están reformando”, comenta un vecino y señala, en la acera de enfrente, la famosa Tasca del Real Madrid que cerró hace siete años. “Hoy solo queda su fachada para el recuerdo”, dice.

Manuel Fernández, comerciante de origen español, dueño de una tienda de ropa para niños, ha visto a la mayoría de su clientela de la comunidad portuguesa marcharse de la parroquia para irse del país. También a sus paisanos, que siente, ya no son mayoría en la zona.

En las calles de Candelaria, muchas tascas se convirtieron en restaurantes chinos y negocios de árabes. En la actualidad el fenómeno de las tiendas de conveniencia ha desplazado a restaurantes y a tiendas de ropa como la de Najib Bechara, quien tiene 32 años viviendo en la parroquia.

“Candelaria ha perdido su esencia, todo ha cambiado, hasta su gente. La inseguridad nos arropa. Durante 30 años esto fue una tienda de ropa, hoy vendemos de todo un poco, pero los precios fluctúan mucho”.

En la esquina de Alcabala, el dueño de un restaurante cuenta que negocios emblemáticos tuvieron que cambiar la música en vivo por la banca de caballos, “para ver si resuelven”.

La innovación para la sobrevivencia ha estado expuesta en el sector comercial como nunca antes, explica Víctor Maldonado, director ejecutivo de la Cámara de Comercio de Caracas. Algunos optan por buscar proveedores más baratos, reducir al mínimo los empleados, sustituir unos productos por otros o cambiar de rubro, todo para no engrosar la estadística de los más de 15 mil establecimientos comerciales que cerraron sus puertas en Caracas en los últimos dos años.

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