Cómo vivir de una manera más ecológica

Cómo vivir de una manera más ecológica

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Poco a poco algunos países van tomando más consciencia ecológica, tanto a nivel gubernamental como a nivel ciudadano. Sin embargo, aun es largo el camino a recorrer, debido a que tantos otros no están conscientes del verdadero problema que representa la contaminación y la generación de residuos. Si bien es cierto que en muchos países se comienzan a ver placas solares, sistemas de eficiencia energética y casas sostenibles, tener una casa más ecológica y menos tóxica depende de la forma de consumir y vivir, hacia un modelo más circular.

Vivir con menos es una de las claves de la ecología y del consumo responsable. Pero no como etiqueta o moda. Se trata de no comprar más de lo que necesitas aplicado a todo: comida, muebles y ropa, ya que el ritmo del planeta no aguanta el consumo de la humanidad.

Comprar en cooperativas o productores locales, siempre es una buena opción: ten en cuenta la huella de carbono del transporte de los productos. Consume fresco, ecológico y de temporada. Denuncia el abuso del consumo de proteína animal y productos procesados.

Nunca calientes en plástico un alimento ni metas comida recién cocinada. Lo recomendable es usar vidrio (no cristal), un material que tiene un ciclo de vida y reciclaje casi eterno. Usa botellas, tarros, tápers para guardar tu comida y las sobras. Y no rellenes botellas de plástico, por muy bonitas que sean.

Cultivar un huerto en el balcón es de gran utilidad. Planta sólo productos que se vayan a consumir cotidianamente, pues pueden llenarse de pulgones y bichos. Para los que quieran un huerto pero no tengan espacio hay soluciones originales y ecológicas como los huertos verticales e hidropónicos (sin tierra, con luz y agua) que permiten cultivar plantas aromáticas, frutas y flores.

El mejor truco para no tirar comida es elaborar una lista de la compra consciente para no comprar de más. Pero en el drama de desperdicio también influye que los supermercados desechan cultivos que no cumplen los estándares de belleza.

Toca hacer un ejercicio de responsabilidad a la hora de comprar. Reparar en dónde se manufacturó, en las fibras y en los tóxicos. No es cuestión de tirar ropa sino de darle una nueva vida: reparar, vender o intercambiar. Varias firmas organizan talleres para reparar y rediseñar la ropa.

Muchos productos de cuidado dejan residuos en nuestro organismo y en la tierra. Además de conocer el origen y composición de cremas y geles hay que estar pendientes de sus etiquetas. Un gran ejercicio de ecología es no usar envases. Hay champú y jabón en pastilla, y en el caso de preferir líquidos, es mejor comprarlos a granel; usar un cepillo de dientes reciclable o de fibras naturales. Otro drama es el de las toallitas íntimas: no son biodegradables. Si se descarta el bidet como alternativa, hay que tirarlas al contenedor de residuos inorgánicos (y nunca, jamás, a la naturaleza).

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