Con 50 años de haber llegado a Venezuela, Regina Celeste Gonçalves se muestra contenta y agradecida con su vida

Andreina De Abreu
dosreis.andreina@gmail.com

Desde los seis años de edad Regina Celeste Gonçalves comenzó a bordar. Oriunda de Cámara de Lobos, cuenta que su “infancia fue aprender a rezar”. Hija de Antonio Gonçalves y Carolina Fernandes, nació el 18 de diciembre de 1927, siendo la cuarta de los 10 hermanos.

De pequeña recuerda que había “mucho respeto a los padres”. Actividades como rezar el rosario, ir a la misa y trabajar en casa son algunas de las memorias que tiene Gonçalves. Durante un tiempo se mudó junto a su familia para Funchal. Para cuando tenía 23 años de edad, se casa con su vecino Juan Gonçalves Henriques y regresa a vivir a su casa de Cámara de Lobos.

Una de sus hijas, María da Graça falleció en Portugal. En 1959 llega a Venezuela en la embarcación “Santa María”. Con ella venían sus dos hijos mayores: Juan y María. “Me vine contenta porque llegaba a estar al lado de mi esposo”, comentó.

Llegó a alquilar un cuarto de una casa de familia en Caracas. Para poder mantenerse lavaba ropa. Luego se trasladó a Cúpira, estado Miranda, localidad en la que vivió durante dos años.

Después de allí se mudó hasta Los Teques, donde según ella, “la cosa fue mejorando un poco”. Cuando se trasladó trajo consigo a un hijo más, Antonio, quien había nacido en Caracas. Gonçalves mandó a construir a su propia cosa. Su esposo murió y cuenta que para esa época su marido le había comprado la tierra. “Había puesto los terrenos a mi nombre”, comentó.

Nueva vida en los Altos Mirandinos

Una vez establecida en Los Teques, nacen sus hijas María Fátima, María del Carmen y María Celeste. En su último alumbramiento nacieron los morochos, María Lucilia y Juan. Gonçalves cuenta que para cuando su esposo falleció tenía seis hijos estudiando primaria.

Con esfuerzo logró mantener a sus hijos y adquirió tres máquinas de coser. Así construyó su taller de costura, como bien dice ella misma, “trabajando honradamente”. Con el dinero que ahorró logró regresar a Portugal para visitar a su madre. Tuvo un sueño en el que su mamá le decía que quería verle, así amaneció pensando en viajar a su tierra.

“Cuando llegué allá mi mamá me recibió con lágrimas en los ojos diciéndome que quería verme antes de morir”, explicó. Recuerda la cara lisa de su madre a los 84 años de edad, rasgo que heredó de ella. Regina, a sus 81 años de edad, exhibe una piel tersa que esconde la experiencia y sacrificio de toda una vida. Tres meses después de que Gonçalves visitara Portugal, su madre falleció un ocho de mayo, fecha en la que se celebraba en Venezuela el Día de las madres.

Gonçalves tiene 18 nietos y 11 bisnietos. Logró regresar a su tierra en tres oportunidades, la última ocasión fue hace nueve años. “Ya extrañé bastante Portugal”, comentó. Aún así, dice que no quiere “ir hasta allá, quiero morir aquí en mi tierra”, refiriéndose a Venezuela, donde explica que tiene más tranquilidad.

Respondió que no se arrepiente de nada porque todo en su vida “fue bien hecho”. Opina que, a pesar de las adversidades y contratiempos, siempre se tendrán “buenos y malos tiempos”.

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