Corazón luso palpita en sectores humildes de Caracas

Amadio José Rodríguez, María do Rosario Ribeiro y Humberto De Sousa han hecho vida en zonas populares de la capital

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Portugal es un país de emigrantes. Durante el siglo pasado, muchos salieron al extranjero en busca de un futuro mejor. Inclusive, muchos salieron siendo apenas niños. Venezuela fue uno de los destinos elegidos debido a que era una tierra próspera para sacar una familia adelante y crecer económicamente. Muchos llegaron a zonas humildes y ahí se quedaron, convirtiéndose en personas insignes de sus comunidades. 

Amandio José Rodrigues

Amadio1 En un comercio de latonería cerca de El Helicoide, está el señor Amandio José Rodrigues, quién ha sido un ejemplar padre de familia y con el arte de la latonería ha llevado a la misma hacia delante.

Amandio es originario de Funchal – Santa lucía, vino con 18 años a Venezuela siendo profesional de la latonería. Llegó a trabajar en un abasto donde él considera que, de verdad no era su fuerte y no estaba a gusto con ese oficio. “A los dos meses empecé a trabajar la latonería, llegué a un taller y me preguntaron que sabía hacer. Yo contesté que me pusiera a prueba y si les gustaba mi trabajo, me quedo”, comentó.

Para poder quedarse en ese empleo le dieron a reparar un carro, era difícil conseguir sus piezas e hizo lo imposible para conseguir las piezas en chiveras. Su empleador había quedado satisfecho. Pero, no estaba tan agradado con su lugar de trabajo por las condiciones del local y a los pocos meses decide emprender otro rumbo. “Busqué trabajo en otra parte, conseguí en Puente Hierro con unos portugueses que tenían un taller por allá. También me preguntaron que sabía hacer y cuánto quería ganar, a lo que yo respondí que yo no ponía precio, que si les gustaba mi trabajo que ellos me cancelaran lo que consideraran”, relató.

“Nunca he abandonado mi profesión que está en el taller y he enseñado a bastante gente el oficio”

En ese lugar, también fue puesto a prueba, arregló un carro que estaba completamente destruido y que nadie quería refaccionó la latonería del mismo. “Logré repararlo, les gustó mi trabajo y llegué a ganar bien por la dedicación que ponía en mi oficio. Pero, más adelante por un amigo que trabajaba con el área de pintura fui a trabajar en Antímano. El dueño de ese taller me ofreció quedarme con el local porque ya quería retirarse del trabajo y me dijo que poco a poco podía pagarle el costo del lugar”, explicó.

Av Sucre 1954

Con este oficio, ha logrado levantar a una familia conformada por su esposa y dos hijos, pero también ha trabajado con línea de autobuses y estacionamientos de vehículo. En el pasado, fue socio de un  abasto y una panadería. “Nunca he abandonado mi profesión que está en el taller y he enseñado a bastante gente el oficio. Yo estuve en el INCE tomando cursos para actualizarme, me dijeron que yo conocía mucho sobre latonería y me pusieron como instructor a dar clases. Ahí yo les enseñé la teoría en las aulas y la práctica en los talleres. Me siento orgulloso por haber hecho eso y de traspasar a alguien tus conocimientos”, afirmó.

“Yo estuve en el INCE tomando cursos para actualizarme, me dijeron que yo conocía mucho sobre latonería y me pusieron como instructor a dar clases”

Como consejo de vida, recomienda enfocarse más en estudiar. Considera que  debió prepararse más académicamente y trabajar menos, pero las condiciones de su entorno no hicieron propicio esto. Sin embargo, sigue trabajando por una mejor Venezuela, realizando un oficio que ha hecho desde hace mucho tiempo.

 

María do Rosario Ribeiro

RosarioNació el 19 de septiembre de 1957, en el Estreito de Cámara de Lobos, Isla de Madeira. Sus padres se llamaron José Pedro Ribeiro y Augusta da Conceiçao Figueira, nativos de la misma zona. A los 22 años de edad, decidió emigrar a Venezuela y llegó el 11 de febrero de 1979.

Su esposo es Daniel de Jesús, de 57 años de edad, que es nativo del mismo lugar en La Perla del Atlántico. “A él lo conocí cuando éramos pequeños, estudiábamos juntos en tercera clase. Luego, él vino para Venezuela con trece años, viajó para Madeira, nos enamoramos en una boda, estuvimos de novios por cartas por un año y después nos casamos por poderes”, comentó.

Tiene cuatro hijos, todos nacidos en territorio venezolano. “El 16 de noviembre de 1979 tuve a Carlos, mi primer hijo. A Yesenia, cinco años después; Liseth, dos años y Paulo, dos años más”, apuntó.

 

Su primer trabajo fue como costurera. “Mi suegra me daba ropa de mano para coser para los trabajos que hacía para la fábrica, hacer ruedos y todo ese tipo de cosas”, señaló.

“Mi suegra me daba ropa de mano para coser para los trabajos que hacía para la fábrica, hacer ruedos y todo ese tipo de cosas”

La Vega ha sido su hogar desde su arribo al país. “Desde que llegué he vivido acá, al sitio dónde tengo la librería, hace 35 años”, dijo. Y de hace 20, labora en su negocio. “Cuando hay clases, abro a las 6:15 de la mañana y cierro a las cinco de la tarde. Cuando es época de vacaciones, abro de ocho a nueve y cierro a las cinco”, recalcó.

Pudo comprar su vivienda propia a los cinco años de estar en Venezuela. “En esta casa vivo desde hace 30 años, me costó 350 bolívares. En aquel entonces, fue muy cara”, subrayó.

Con sus hijos Carlos, Liseth, Yesenia y Paulo (1993)

Ha trabajado poco tiempo con su marido. “Él siempre tuvo panaderías. He trabajado con él en vacaciones o en navidad, cuando hay mucho más trabajo. Esa librería fue montada para mí y para Carlos. Pero, él prefirió trabajar de empleado porque los padres siempre regañan a los hijos”, explicó. Ahora, su primogénito menor, Paulo, la está ayudando tras enfermarse hace unos meses.

En un principio, le agradaba mucho La Vega. Actualmente, no tanto por la delincuencia. Ahí los índices han subido mucho en los últimos años. “De esta zona me gusta el boulevard. Pero, ya no me agrada tanto porque ya es muy inseguro. Tuve que enrejar el negocio. Me atracaban a cualquier hora del día”, indicó.

“Mis nietos son hermosos y son mi corazón. Yo miro por ellos. Después que soy abuela, son lo máximo que tengo”

En el tiempo que tiene en Venezuela, ha visitado pocas veces el lugar que la vio nacer. Por diversas razones no ha podido atravesar el Atlántico tanto como quisiera. “Fui a Portugal tres veces: Cuando Carlos tenía ocho meses; la segunda vez fue hace 23 años y la última, cuando mi papá estaba grave. Reservé para julio, a ver si hay pasaje. Ojalá pueda ir”, expuso.

Dejó muchas cosas en Portugal, más que todo sus personas cercanas. “Allá quedó todo: A mis padres que ya murieron y ya no los veo, mi hermano que también falleció y mis amigos”, reveló.

Tiene dos nietos, Daniela y Ángel, hijos de Yesenia. “Son hermosos y son mi corazón. Yo miro por ellos. Después que soy abuela, son lo máximo que tengo”, dijo.

Venezuela no es lo mismo que en antaño. “Ahora, no sé, por la situación actual. Cuando vine, lo veía como ir al cielo. Es un país muy hermoso, su gente también lo es. Pero por la inseguridad, no es muy apta para vivir”, opinó.

Su hija Liseth está viviendo en el exterior en búsqueda de una vida mejor. Es una de las etapas más duras que ha vivido. “No es fácil. Uno deja su tierra, su familia y sufre. Ahora, cuando los hijos de uno pagan con la misma moneda que uno le pagó a sus padres, duele”, confesó.

 

Humberto De Sousa

Humberto De Sousa Ferreira llegó a Venezuela cuando tenía solo 15 años de edad, en el año 1964, con ganas de triunfar y echar raíces. Este luso de 66 años nació en Campanario, isla de Madeira. El Junquito fue la locación dónde se estableció.

Pisó tierras venezolanas con una maleta llena de ropa y también de ilusiones. “Me tuve que independizar a los 16 años. Al principio no fue fácil, pero estaba seguro de mi mismo y tenía fe en Dios; además jure que no moriría sin volver a visitar mi tierra natal”, comentó.

“El extranjero y el emigrante vienen con muchos sueños y nosotros los portugueses venimos a trabajar honradamente”

De Sousa es propietario de uno de los negocios comerciales más conocidos de la zona y lleva como nombre “La Preferida”: un mini abasto que se caracteriza por vender las “verduras más frescas del lugar”. Pero, eso no ha sido todo lo que ha hecho. Durante todo el tiempo que tiene en Venezuela, ha trabajado en otras cosas.

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Su primer trabajo fue en una bodega y eso le sirvió para adaptarse rápidamente a la vida en el país. Tenía como objetivo estudiar y prepararse académicamente para poder independizarse. Después, laboró cuatro años en una panadería con unos paisanos continentales, quienes lo ayudaron a que comenzara sus estudios y se graduara de bachiller. Enseguida, tuvo la motivación para estudiar inglés, lo cual lo ayudó mucho porque le permitió conseguir un trabajo en Viasa, como empleado fijo en 1970.

“Al principio no fue fácil, pero estaba seguro de mi mismo y tenía fe en Dios; además jure que no moriría sin volver a visitar mi tierra natal”

Luego de su experiencia con esa compañía de aerolínea, surge una propuesta de trabajo por parte de un familiar, y es cuando renuncia a su empleo y comienza a trabajar para fundar lo que hoy se conoce como “La Preferida”. “El extranjero y el emigrante vienen con muchos sueños y nosotros los portugueses venimos a trabajar honradamente; la generación que vino a Venezuela entre los años 40 y 80 es muy entregada al trabajo. Aquí nos gusta atender bien al cliente y ofrecerles lo mejor” afirmó Ferreira, luego de mencionar lo orgulloso que se siente de la comunidad lusitana.

 

Autores:
Fernando Cámara
Yasireth de Aguiar
Luis Miguel Molina Pestana

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Egresado como Bachiller del Colegio Fray Luis de León y TSU en Administración del Instituto Universitario de Tecnología Venezuela. Actualmente cursa el décimo trimestre de Comunicación Social en la Universidad Católica Santa Rosa, siendo coordinador de fútbol del portal informativo “Pantalla Deportiva”. Fue conductor del programa “La Grada” en TNO Radio y formó parte del staff de la web “Huella Deportiva”. Forma parte del equipo de periodistas del CORREIO da Venezuela desde agosto de 2014. Se declara un apasionado por los deportes; gusto que alterna con el cine, el teatro, la música y la lectura, entre otras cosas.

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