Cristina Batista: una madeirense ejemplo de trabajo y perseverancia

Cristina Batista: una madeirense ejemplo de trabajo y perseverancia

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Su vida la ha dedicado enteramente a trabajar en la agricultura

Ommyra Moreno Suárez

Cristina Batista, una emigrante oriunda del conselho de Santa Cruz, isla de Madeira, celebró el pasado 23 de enero su cumpleaños número 100, de los cuales 51 han sido vividos en Venezuela. A los 28 años de edad, se casó con António Batista, con quien más tarde tuvo siete hijos, dos hombres y cuatro mujeres. Su vida la ha dedicado enteramente a trabajar en la agricultura, aun estando en su natal Madeira que en aquel momento atravesaba dificultades, razón por la cual su marido finalmente decide emigrar a Venezuela en el año 1960 para trabajar como agricultor.

Sin embargo, Cristina Batista tuvo que quedarse en Madeira trabajando de sol a sol en el terreno que poseía junto a su esposo para poder seguir luchando por mantener a sus hijos. La vida no era fácil y António decide mandar a traer a uno de sus hijos, que para aquel momento contaba con tan solo 11 años de edad, para que trabajara con él en Venezuela. Seguidamente, una de sus hijas también decide emigrar y hacer todo lo posible junto a su padre para lograr el objetivo de reunir a toda la familia en Venezuela.

El día 21 de enero de 1966, Cristina llega a La Guaira con sus cinco hijos. La familia, finalmente junta, decide hacer su vida en un terreno que António había adquirido y en el cual edificó una pequeña casa, ubicada en San Diego de Los Altos, estado Miranda. Ya establecidos, mujeres y hombres comienzan a trabajar sembrando berro y otras hortalizas. Tiempo después, compraron otro terreno, construyeron otra casa y sus hijos tomaron su rumbo, dos de ellos emigraron a Brasil, donde residen desde hace 30 años. Los nietos llegaron, 22 en total, dos de los cuales fallecieron. Mientras tanto, António y Cristina siguieron trabajando con mucho empeño en su terreno. Viajaron juntos dos veces a Madeira y a Brasil. Los problemas de salud llegaron y Antonio fallece el 16 de diciembre de 1988. A pesar de esta pérdida, Cristina no se da por vencida y siguió trabajando hasta los 98 años en el terreno de San Diego de Los Altos, donde aun reside, sembrando alcachofas y cuidando de las flores.  Ella asegura que Dios la ha bendecido con salud, 29 bisnietos y un tataranieto de tres años de edad.

Aunque ha pasado por momentos difíciles, especialmente en un espacio de tres años, en los cuales perdió tres hijos y 2 yernos, que la dejaron muy triste, pero “hay que seguir adelante”, dice ella. Siempre ha sido coqueta, le gusta arreglarse y estar siempre con el cabello pintado de negro azabache. Sus familiares destacan su lucidez y el hecho de que no usa bastón. “Nunca le ha gustado usar bastón. No le gusta ver a la gente sin hacer nada. A los empleados que actualmente se encuentran trabajando en el terreno, aun con su edad, a ella les gusta supervisarlos durante toda la jornada para asegurar que el trabajo que realizó durante toda su vida, sea realizado correctamente”, comentan.

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