El desamparo se apodera del Cementerio General del Sur

El desamparo se apodera del Cementerio General del Sur

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A propósito del Día de los Muertos, familias exigen mayor vigilancia para el camposanto donde se presume que más de 60% de las fosas están profanadas

Delia Meneses

Iris Henríquez no fue al Cementerio General del Sur este año como solía hacerlo cada Día de los Muertos. Hace un mes los “comerciantes” de osamentas extrajeron los restos de su suegro y también provocaron destrozos en el panteón donde yacía junto con otras ocho personas aproximadamente.

“No sabemos qué fue exactamente lo que ocurrió, pero mi esposo tomó fotos de los destrozos ocasionados al panteón ubicado al fondo del cementerio”, afirma Henríquez. Estadísticas extraoficiales, aportadas por representantes de la Iglesia en el camposanto, dan luces sobre el alcance del problema. Se presume que más de 60 % de las fosas están profanadas, los deudos se sienten impotentes y exigen a las autoridades tomar medidas para acabar con la venta de huesos.

A la profanación de tumbas, un problema que ha recrudecido el último año, los visitantes agregan la improvisación de asentamientos informales por personas en situación de calle. A propósito del Día de los Muertos, que se conmemoró este 2 de noviembre, las familias afectadas hacen hincapié en la deficiencia del servicio de aseo y en la anémica vigilancia de un recinto que es lugar de paso para quienes residen en los barrios más encumbrados de la parroquia Santa Rosalía.

Como cada año, por esta época, la Alcaldía Libertador, intentó restaurar en tiempo récord el Cementerio General del Sur, a propósito del Día de los Difuntos. El pasado martes 30 de octubre los obreros brincaban las tumbas para despejar lo que alguna vez fueron caminos, trochas y atajos de un lugar que se queda sin sus residentes: las osamentas que reposan en tumbas de puertas abiertas y lápidas resquebrajadas. Con palas, machetes y algo de cemento fresco, los obreros continuaban sus labores de última hora, en un intento por borrar la huella de los estragos en el camposanto más importante de la ciudad.

“A pesar de ser un cementerio no es seguro ni siquiera para los propios muertos”, dice Piedad Rodrígues, quien desde hace más de cinco años dejó de visitar la tumba de su esposo por miedo a ser víctima del hampa. Algunos familiares le han dicho que fue profanada pero ella no ha tenido el coraje de ir a comprobarlo.

Esta semana algunos familiares visitaron por adelantado los sepulcros de sus difuntos. Norelis Rosillo, habitante de la comunidad, ve con buenos ojos la limpieza de un espacio que tiene gran valor patrimonial, pero la mayoría asegura que es insuficiente. Xiomara Toro, representante del gabinete del Plan Ciudad —un programa con el que el gobierno aspira recuperar la capital— dijo que trabajan para recuperar los servicios funerarios en el Distrito Capital.

A juicio de Miguel Carreño, jefe del gabinete Económico del Ejecutivo local, hay un trabajo avanzado para recuperar los crematorios y terrazas del Cementerio de El Junquito. Asegura que el gobierno de Érika Farías pretende ampliar el número de fosas en ese cementerio para cubrir la demanda de terrenos en Caracas.

La práctica de profanar sepulcros no se limita a Caracas. En Valencia, los creyentes de la religión yoruba también echan mano a los huesos de los cementerios locales. Este martes, el alcalde de esa ciudad, Alejandro Marvez, informó la captura de tres hombres, presuntos responsables de la profanación de varias tumbas, entre ellas las de los sacerdotes José María Rivolta Chávez, Hogares Crea de Valencia, y Guillermo Villa.

Un museo con más de 140 años de historia

Ubicado en la parroquia Santa Rosalía, el Cementerio General del Sur fue inaugurado en 1876 durante el primer gobierno de Guzmán Blanco. Su construcción devino en la clausura de 27 cementerios que incumplían las normas sanitarias en Caracas. En el lugar los vivos imponen la rutina. Las tumbas son caminerías, casas y fogones. El deterioro no solo cobra terreno en el campo, también se posa en las esculturas que guardan valor patrimonial. En especial las que están en el bulevar principal, que da acceso a la zona central que fue declarada Monumento Histórico Nacional el 9 de junio de 1982. Se trata de un reconocimiento que exige salvaguardar y conservar la institución, una tarea pendiente que corre por cuenta de la Alcaldía, la directiva del recinto y el Instituto de Patrimonio Cultural.

El mausoleo de Joaquín Crespo, un monumento de estilo dórico, considerado el más importante del campo, no escapa del zarpazo del hampa. Del panteón, que data de 1898, solo quedan ventanas con vitrales resquebrajados. El hurto de los restos de Crespo y de su esposa Jacinta, denunciado en marzo de 2013, es aún una incógnita por despejar.

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