«El gallego portugués» por Rainer Sousa

«El gallego portugués» por Rainer Sousa

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Hablado en el norte de la península, más concretamente en la región conocida como Galicia, el románico allí hablado poseía características propias que lo diferenciaban de los habladeros ibéricos restantes. Los lingüistas llaman a esa etapa de la lengua portuguesa como “gallego-portugués”, sin embargo, otros prefieren denominarlo solamente como “galaico”. Sea como sea, la verdad es que fue ese idioma que durante el siglo XI se convirtió en una lengua de prestigio dentro de la Península Ibérica. Por aquella altura, ya el castellano existía y era ampliamente usado dentro del propio Reino de Castela, pero fue tanto el prestigio del “gallego-portugués”, que el propio rey Alfonso X de Castela prefería componer su poesía en esa lengua. En ese momento también surgen poemas como el siguiente de Bernal de Bonaval:

«A dona que eu am’e tenho por Senhor

amostrade-me-a Deus, se vos en prazer for,

se non dade-me-a morte.

A que tenh’eu por lume d’estes olhos meus

e porque choran sempr(e) amostrade-me-a Deus,

se non dade-me-a morte.”

Un hecho curioso que aleja a la lengua portuguesa de las restantes lenguas occidentales, es la forma como nosotros designamos los días de la semana. Como sabemos el español, el francés, el propio inglés y el alemán prefieren nombres de origen pagano que relacionan nuestra semana con las viejas divinidades que en algún momento habían sido objeto de adoración por parte de las poblaciones no cristianas de Europa. En este particular, los nombres de los días de la semana en portugués, salieron del calendario católico. Fue la propia iglesia católica (en la región donde era hablado el gallego-portugués) que impone sus propias designaciones, siendo esta iniciativa única en Europa, porque expulsaba del calendario portugués las viejas tradiciones paganas.

El primer día, domingo, viene del latin dominicu, que significa día del Señor. Los que tienen la palabra feira provienen de feria, en latín  fiesta en honor a un santo. De ahí feriado. El último día de la semana, el sábado, es el menos católico, pues es de origen judía. Aunque nos llega por el latín sabbatu, viene del hebreo shabbath y quiere decir descanso semanal.

No debemos olvida la influencia de las lengua que eran habladas en Francias de aquella época, hablamos de la lengua de oil (variante del francés antiguo) y de la lengua oc  (provincial). La refería influencia se explica por una serie de causas convergentes: presencia de la dinastía de Borgonha en Portugal, implementación de la Órdenes de Cluny y Cister, traída a los países de numerosos franceses del norte y del sur, etc.  De ahí los numerosos prestamos vocabulares, de los que damos algunos ejemplos: rouxinol, dama, trovado, manjar, etc. Pero talvez el mayor tributo del provincial (lengua de oc) es la introducción de nuestro “c” de cedilla que desde entonces entró en la ortografía portuguesa y que permanece con nosotros hasta hoy.

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