El pesebre como signo de esperanza

El pesebre como signo de esperanza

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Julio Materano 

Dos mil años después de aquel misterio que da origen a la fe cristiana, hoy la escena del nacimiento del Niño Jesús deja de ser un mero relato bíblico, remoto y bucólico para algunos, y cobra vigencia en medio de una ciudad sumida en el quebranto de la escasez de alimentos y el malestar por las necesidades básicas.

La imagen del advenimiento se actualiza por estos días en plazas, centros comerciales, hospitales, hogares de ancianos y también en las casas más humildes. En algunas barriadas los recibidores dejan de ser lugares de asientos deshabitados para convertirse en establos domésticos, donde se orquesta el escandala del nacimiento del Niño más bondadoso, el misterio más universal.

En Caracas los nacimientos se orquestan por dondequiera. Está el de Sabana Grande, en pleno bulevar, donde los niños adelantan con pasos resueltos a sus padres para cabalgar con imaginación las ovejas, la mula y el buey. Son piezas únicas de tres metros, talladas en madera y creadas por los hermanos Erazo, artesanos de Mérida. Cada figura es un tronco tallado a mano, con colores pasteles que imprimen la esencia de la Navidad al corredor donde transitan más de 250 mil personas cada día.

Uno que ha destacado por su sobriedad es el de Plaza Venezuela, cuyas imágenes son de barro cocido y de color marrón. En el Hospital Universitario de Caracas cada pasillo exhibe su propio portal. En el Hogar San José, un asilo de ancianos ubicado en Los Dos Caminos, a Sor Marina Patiño, religiosa de la congregación Hermanitas de los Ancianos Desamparados, le toma 20 días elaborar el pesebre de la comunidad. La octogenaria conserva la vitalidad y la energía de quien aspira reproducir cada detalle, cada representación simbólica de la llegada del Mesías, un hecho que cobra especial significado para la feligresía católica.

Quines mantienen la tradición de los portales aseguran que una oportunidad para rememorar aquella escena frágil y precaria que es la prueba de esperanza para la humanidad. Hay quienes elaboran sus nacimientos como una cátedra permanente de evangelización, para contar a la humnidad la Buena Nueva.

Fronteras adentro fueron los  andinos quienes tomaron la tutela en la tradición hasta fomentarla en Caracas donde las familias provenientes del interior pusieron de manifiesto la escena más importante de la Navidad. Este arraigo en el país no es gratuito y tuvo su origen con la llegada de los frailes franciscanos y los sacerdotes agustinos, dominicos y jesuitas quienes depositaron la tradición entre los venezolanos.

El primero que se atrevió a reproducir en imágenes el nacimiento de Jesús fue San Francisco de Asís, en el siglo XIII. La idea se propagó por toda Italia, luego a España y el resto de la Europa católica, detallan los registros en torno a una tradición que permea toda la sociedad occidental, especialmente en la Península Ibérica  y Latinoamérica.

Cuando se trata de recrear el nacimiento es vasta la inventiva y la imaginación de los creyentes en sus hogares. La primera vez que se escenificó el relato cristiano, fue en una cueva próxima a la ermita de Greccio, en Italia. San Francisco utilizó animales y se celebró una misa nocturna, acompañada de un pesebre (sin niño), con el buey y la mula, como una representación simbólica de la tradición cristiana.

A mediados del siglo XVIII, el rey de Carlos VII de Nápoles pasó a ser rey de España y promovió la difusión de los nacimientos entre la aristocracia española, llegando posteriormente a la práctica popular en la toda España y en América.

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