Luego de 18 años en Venezuela volvió a pisar suelo lusitano, donde sólo estuvo ocho meses porque decidió volver a la que considera su segunda patria

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Al mismo tiempo que despacha a los clientes que llegan a su abasto, Feliciano Pereira, de 62 años de edad, recuerda su llegada a Venezuela hace 47 años. “Fue un 29 de marzo de 1.963”, dice inmediatamente, como si el viaje hubiese sido ayer y todavía estuviese deshaciendo las maletas.
En compañía de Juan, uno de sus hermanos mayores, Feliciano abordó el barco que lo traería a su nueva tierra. Su madre, doña Dominga Dos Reis, permanecería en Campanario, Madeira, con sus otros cuatro hermanos, mientras podía realizar la misma travesía para reencontrase con su esposo.

Don José Pereira se encontraba en Venezuela trabajando en Banco Obrero, una organización creada en 1928, pero que ganó fuerza durante la dictadura del presidente Marcos Pérez Jiménez (1948-1958) a raíz del diseño y construcción de casas para la clase media de la época.

Fue así, cuenta Feliciano, como su padre reunió el dinero necesario para traerse al resto de la familia. Sin embargo, ese mes de marzo, sólo llegarían Feliciano, de 14 años de edad y su hermano Juan con el corazón cargado de nostalgia, pero con la esperanza de un futuro diferente, lejos de los infortunios de la guerra que vivían Portugal y sus colonias.

Detrás del mostrador
El primer trabajo de “Feli”, como le llaman sus amigos más cercanos, fue en el abasto de un familiar, ubicado en Los Caobos. Este lugar tuvo una doble función en la vida de Feli: su sitio de trabajo en el día y su vivienda durante la noche. “En la parte de atrás del negocio dormíamos y al día siguiente nos parábamos para continuar trabajando”, dijo Feliciano, mientras despachaba a otro cliente que iba en busca de algunas legumbres.

Luego de dos meses de experiencia laboral, Feli trabajó por dos años en otro abasto en Plaza Venezuela y después en el Marqués. Con la inversión de 30 mil bolívares, para ese entonces, llegaría “La Colmena”, su primer y único abasto propio, el cual atiende bajo una sociedad con su hermano José.

Hace 40 años que el negocio de Feli se encuentra en una de las esquinas más concurridas de La Candelaria, zona en la que la comunidad portuguesa está notablemente arraigada. No obstante, en “La Colmena” el encuentro lusitano parece intensificarse. Todas las tardes, ahí concurren años de amistad, de anécdotas y buenos recuerdos de aquellos amigos que tiempo atrás emprendieron un viaje similar al de Feliciano.

Después de 18 años en Venezuela regresó a Portugal, donde sólo estuvo ocho meses. Si se le pregunta por qué regresó? Sin titubear responde: “Para qué me iba a quedar, ya tenía mi vida hecha en Venezuela”.

Fotoleyenda: De izq. a derecha superior: Juan, José, Feliciano, Luis, Gabriel, Domingas, Concepción. De izq. a derecha inferior: Orlando, Domingas (madre) y José (padre). Miembros de la familia Pereira Dos Reis que en la década de los 50 y 60 emigró de Portugal a Venezuela en busca de mejores oportunidades de vida.

Aunque aquí se vivía la dictadura del presidente Marcos Pérez Jiménez (1948-1958), don José consiguió trabajo en Banco Obrero, una organización impulsada por el régimen que se encargaba de diseñar y construir casas para la clase media de la época. Así fue como José Pereira pudo reunir dinero para terminar de traer uno a uno a sus seis hijos y a doña Dominga.

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