El venezolano que inauguró la percusión clásica en Madeira

El venezolano que inauguró la percusión clásica en Madeira

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Hace 24 años, Jorge García llevó su ritmo y su formación académica al conservatorio de la Región Autónoma

Delia Meneses

Corría el año 1995 y una Madeira eminentemente rural le daba la bienvenida al músico de la Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho, una de las más importantes y versátiles de Venezuela. Jorge García cambió la vida citadina por el ambiente pueblerino de una isla que todavía carecía de vías rápidas. No sabía hablar portugués ni tenía familiares en la región pero había aceptado un desafío: inaugurar las aulas de percusión clásica en el Conservatorio Escuela de las Artes, en Funchal.

La propuesta de trabajo y la experiencia de otros tres colegas que habían decidido probar suerte en el archipiélago lo animaron a aventurarse. Su única conexión con la isla eran algunas amistades madeirenses que había cultivado en Venezuela, donde daba clases y tenía una vida musical estable. Nació en el seno de una familia humilde, se crió en Guatire y es hijo del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, el espacio en el que aprendió a amar la música y los instrumentos de percusión.

«Cuando llegué a Madeira, hace 24 años, fui el primer profesor de mi área en el conservatorio. En la isla había bateristas pero no con formación académica. Iniciar algo desde cero siempre es difícil; sin embargo, acepté el reto. Hoy ya somos seis profesores de percusión en la escuela y el crecimiento de los estudiantes ha sido fantástico: entre 60 y 70 alumnos. La música rítmica siempre gusta mucho», cuenta García. Actualmente, algunos de sus pupilos ya están culminando maestrías o desarrollando carreras musicales en Holanda, Lisboa o España.

Si bien ya formó en la música clásica a niños, ahora, el rango de edad de sus alumnos, a los que prepara académicamente para el mundo de las orquestas, se ubica entre los 14 y los 18 años.

En estos días todos los esfuerzos de García están concentrados en el Concierto Solidario de Navidad que reunirá, por primera vez, a dos orquestas de vientos que él dirige: la del Conservatorio Escola de las Artes y la de una escuela amateur en Funchal. En total serán unos 200 alumnos en tarima, incluyendo el coro. La dirección musical de las orquestas recae sobre el percusionista venezolano que está a cargo de todos los detalles: repertorio, producción, montaje.

«Será un concierto de calidad, de jóvenes para jóvenes. Una muestra de que ellos también pueden involucrarse en causas sociales. Lo que se obtenga producto de la boletería será destinado a la asociación Criamar, que apoya a niños y adolescentes. Es el 14 de diciembre, a las 6:00 p.m. en el Centro de Congresos de Madeira».

García ha sido testigo de la modernización y el desarrollo de una isla que lo impactó por su estampa rural cuando llegó hace 24 años. En ese momento todavía no había túneles ni autopista solo caminos estrechos que serpenteaban las montañas. «A partir del año 2000 Madeira cambió muchísimo». En sus inicios, aprender el idioma fue una prueba que superó con éxito: afinó su oído, tomó clases y sus amigos lo ayudaron mucho. Cuando estuvo preparado fue al Continente donde se certificó en la Universidad Nova de Lisboa.

Se enorgullece de ser un músico venezolano en Portugal y, como muestra de ello, nunca obtuvo la nacionalidad portuguesa, aunque habría podido hacerlo. Se mantiene con un título de residencia. Sobre la diáspora venezolana que ha llegado por miles a la isla piensa que ha generado ciertas reservas y temores entre los locales. «Antes éramos menos, ahora siento que hay un cambio en la forma de estar del madeirense con respecto al venezolano, que tiene una forma muy particular de ser y de pensar. Es importante aprender el idioma para poder integrarse», considera García, quien es percusionista solista de la Orquesta Clásica de Madeira hace 22 años.

A la par de su trabajo como profesor en el conservatorio, García ha participado en un sinfín de iniciativas musicales, tantas, que no logra cuantificarlas. Desde el grupo de mariachis, pasando por una banda de salsa (Guasacaca), otras de ritmos latinos, experiencias musicales destinadas a turistas, a madeirenses, entre otras, que ha ido abandonando por falta de tiempo. En Madeira, este percusionista encontró estabilidad además de todas las satisfacciones que deja la práctica y la enseñanza de la música erudita.

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