Emanuel, el venezolano que puso en el tope a Madeira

Emanuel, el venezolano que puso en el tope a Madeira

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Desde los 12 años está claro: quiere ser Ingeniero Civil. Superando con esfuerzo las barreras económicas, del idioma y de la cultura, logró que su promedio de notas fuese el más alto de Portugal

Delia Meneses

El lusovenezolano Emanuel Aguiar Baptista se volvió noticia en los canales de televisión y en los periódicos más importantes de Portugal. El joven, de 20 años, fue el responsable de colocar a la isla de Madeira en un primer lugar que hasta entonces no había ostentado. Su promedio de notas para ingresar a la carrera de Ingeniería Civil en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Madeira (UMA) fue el más alto del país: 18,94.

Emanuel fue el único candidato que aplicó para esa carrera en la UMA, lo que tiró por la borda las estadísticas. Es una licenciatura que se está dictando en inglés y que el lusodescendiente comenzó a estudiar primero como alumno externo y ahora como estudiante regular junto a otros jóvenes provenientes de Venezuela y Sudáfrica que se incorporaron después.

Detrás de la exactitud y la frialdad de un promedio que colocó a Baptista en el tope de los listados de ingreso a la educación superior en Portugal, está una historia de esfuerzo y adaptación que los titulares no reflejan, un ejercicio de perseverancia que, como buen ingeniero, empezó a construir Emanuel desde septiembre de 2015 cuando se convirtió en emigrante.

Con un pasaje de ida y dos maletas viajó a la tierra de sus abuelos, naturales de Camacha, Santa Cruz, en la isla de Madeira, en busca de lo que no encontraba en su país. Tomó la ruta contraria a la emprendida hace décadas por sus abuelos maternos quienes se procuraron en Venezuela las oportunidades que la isla les negó.

“En Madeira me he adaptado bien. Hay muchas cosas que tengo aquí que no podía tener en Venezuela: tranquilidad, estabilidad, medicina, comida”.

Su madre, Marlene de Nóbrega, fisioterapeuta, recuerda que el joven vio el rostro de la violencia de cerca cuando lo apuntaron con un arma para robarle los zapatos y el celular. Aquel episodio adelantó su decisión de emigrar. Del colegio Las Acacias, en la parroquia San Pedro, en Caracas, pasó a la escuela Francisco Franco, en Santa Cruz, Madeira, donde cursó el décimo primero y décimo segundo año para completar su formación como bachiller.

“Esos dos últimos años de secundaria fueron complicados y de difícil adaptación. Estaba la barrera del idioma, no tuve facilidades en materias como Portugués, la cursé como un alumno más. Vi cátedras que jamás había visto en mi vida como Geometría Descriptiva. Todos los demás ya tenían una base porque la empezaron a ver el año escolar anterior pero yo no”.

En la escuela Francisco Franco también mejoró su inglés, pues apenas traía nociones básicas de Venezuela . “Al principio me costó mucho pero poco a poco fui mejorando mis notas y la media rondaba los 18”, cuenta Aguiar, quien reconoce que en sus primeros años de bachillerato en Venezuela no era un alumno aplicado y hasta llevó materias a reparación. Sin embargo, todo mejoró con el tiempo.

Lo que se mantuvo siempre intacto, desde los 12 años de edad, fue su deseo de ser ingeniero civil. Pasó su infancia jugando con legos y nada lo entusiasmaba más que entrar en tiendas de materiales de construcción civil. Su madre, recuerda, le compraba cascos cuando iban a la ferretería EPA. “Le quedaban grandes, pero que importa. Yo traté de estimular su sueño. Siempre le decía que lo importante era ser feliz con la profesión o el oficio que escogiera y hacer feliz a los demás”.

El lusovenezolano reconoce que en el mundo universitario siempre hay un espíritu de competencia y muchas veces tratan de invisibilizarte, esto lo ha sentido sobre todo de los alumnos locales. Cuando trascendió la noticia de que su promedio fue el más alto del país recibió las felicitaciones de algunos de sus compañeros y la admiración de sus profesores, quienes siempre se han mostrado disponibles y prestos a ayudar.

“Lo que más me ha costado es el tema del idioma. La carrera se imparte en inglés. En un mismo día y, en ocasiones al mismo tiempo, manejo tres idiomas: portugués, español e inglés”. Una jornada habitual de Emanuel comienza temprano, pues desplazarse de Camacha a la UMA en transporte público le toma una hora, el mismo tiempo que invierte para regresar a casa, un lugar alquilado donde vive junto a su madre.

Sus clases acontecen de 9:00 de la mañana a 6:00 de la tarde, pero hay días en los que a la 1:00 o 2:00 de la mañana aún estudia en casa. Su carga horaria no es compatible con ningún trabajo por lo que esa opción solo es viable en vacaciones. Se queja del costo del transporte público y piensa que el servicio debería mejorar.

Sobre los lusovenezolanos que han emigrado a Portugal, en general, cree que intentan adaptarse de la mejor manera. “No pedimos preferencias, yo nunca las tuve, solo ser tratados como iguales, con los mismos derechos que los locales. Pedir que las cosas se hagan en orden y con eficiencia”.

Emanuel asegura que todos los días se mantiene informado sobre lo que ocurre en Venezuela. “La esperanza de que el país salga de esta noche que vive nunca desaparece. Allí tengo amigos y familiares, es el lugar donde nací y no me dio más porque no podía”.

Altibajos en Lisboa

En 2018, antes de estudiar en la UMA y, exactamente con ese promedio (18,94), Emanuel ingresó a la carrera de Ingeniería Civil en el Instituto Superior Técnico en Lisboa, uno de los más reconocidos en la enseñanza de las ingenierías en Portugal.

En la capital portuguesa se enfrentó a la escasa oferta de cuartos y a los elevados costos de los alquileres. “En un día podía llamar a diez personas, a veces el aviso de alquiler se había colocado en Internet hace cinco minutos y apenas llamaba me decían que ya estaba ocupado”.

“Durante ese primer semestre pasó mucho trabajo, yendo de una habitación para otra, con mucho estrés, perdió diez kilos. No teníamos los recursos económicos para que él se mantuviera en Lisboa. Le pagué el pasaje y se vino para Madeira”, recuerda su madre.

Cuando volvió a Santa Cruz había concluido el primer semestre de Ingeniería Civil en el Técnico de Lisboa. A pesar de las vicisitudes, completó con mérito todas las materias, lo cual lo aupó para completar la carrera con la que tanto soñaba.

En el segundo semestre comenzó a frecuentar tres materias de Ingeniería Civil en Madeira como alumno externo, porque fueron aquellas en las que se logró inscribir. Actualmente ya ingresó como estudiante regular.

Su aspiración es culminar la licenciatura y luego continuar con una maestría en el área de Estructuras, en alguna universidad portuguesa.

Las carreras que se ubicaron en segundo y tercer lugar con promedios más altos fueron Ingeniería Física Tecnológica del Instituto Superior Técnico con 18,9 e Ingeniería Aeroespacial (que fue la media más alta el año pasado) con 18,5. Se trata de las dos especialidades con mayor campo laboral en Portugal, a diferencia de Ingeniería Civil.

“En la Dirección de Acceso a la Enseñanza Superior me sugirieron aplicar para alguna de esas dos carreras, pero no era la que yo quería. Comprendo la situación laboral en Portugal pero de aquí a cinco años no se sabe qué va a ocurrir en el país”, asegura Aguiar, impulsado por sus sueños.

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