Empresarios lusos tejen alianzas para importar bienes a Venezuela

Empresarios lusos tejen alianzas para importar bienes a Venezuela

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En la Cumbre Internacional de Negocios, en Valencia, confluyeron inversionistas portugueses, representantes de la Embajada de Portugal y de Cavenport. Se lograron concretar tres alianzas para importar cauchos, corchos y material de construcción

Julio Materano

En medio de una economía rota, de la que apenas quedan los escombros desperdigados por la bola demoledora de la hiperinflación —1.000.000 %, según pronostica el Fondo Motenario Internacional—, hay quienes desafían las perspectivas más pesimistas y apuestan por el emprendimiento en Venezuela, una gesta de particulares que revitaliza, de a ratos, un mercado malogrado que se niega a morir. Con las restricciones propias de una economía sobre la que gravita la mano del Estado, un minúsculo grupo de empresarios lusovenezolanos suma esfuerzos para dar cuerpo a una alianza entre privados con la que pretenden habilitar un canal de importación de bienes, autopartes y materia prima.

La iniciativa tiene mucho de novedad en un contexto en el que Venezuela experimenta el mayor colapso económico y es tal vez el fruto más jugoso de la Cumbre Internacional de Negocios, el evento que se llevó a cabo en Carabobo, donde se dieron cita empresarios de distintas ciudades para conocer experiencias exitosas de negocio, estrategias de inversión y de manejos de capital en situaciones extremas como la que sacude al país.

Este acuerdo entre empresarios se produjo en el seno de la Cámara Venezolana Portuguesa de Comercio, Industria, Turismo y Afines (Cavenport) y cuenta con el apoyo técnico del representante de la Agencia para la Inversión y Comércio Externo de Portugal, Francisco Costa. Tiago da Silva, portavoz de Cavenport, explicó que se lograron concretar tres alianzas con empresarios que aspiran importar cauchos, corchos y material de construcción producido en Portugal.

La Cumbre Internacional de Negocios, en la que Cavenport y las cámaras binacionales de comercio tuvieron un rol protagónico, no solo sirvió de antesala para reunir a los empresarios más entusiastas, también fue un espacio importante para asesorar y despejar las dudas de los pequeños, grandes y medianos inversionistas. «Se logró el propósito del evento», sostiene Da Silva desde Venezuela, con hilo de voz notablemente entusiasta.

Una de las alianzas, acotan desde Cavenport,  busca abastecer el mercado de cauchos de alta cilindrada para motos, un producto que Venezuela importa desde Japón pero que ahora pretende traerse de Portugal cuya calidad es igual de buena. «Es quizás el acuerdo más importante. Luego buscamos traer corcho para la industria del ron y hay un acuerdo adicional para importar bisutería fina para la remodelación de cocinas. Esto nos contenta porque somos el puente para encaminar esas inversiones», precisa da Silva.

La ausencia de seguridad jurídica, la falta de información y las restricciones del Gobierno, resienten inversionistas lusovenezolanos, supone la mayor traba para los negocios. A todo ello se le adhiere la burocracia enmarañada que frustra cualquier pretensión de emprendimiento, coinciden expertos del área. Según el Doing Business, un índice que mide la facilidad para hacer negocios, creado por el Grupo del Banco Mundial, en Venezuela se triplica la tarea de registrar una empresa, lo cual aumenta los costos.

El país ostenta una calificación de 45,23 puntos, en una escala de 100, al medirse la facilidad para abrir un nuevo negocio allí. El primero de la lista es Singapur, con 88,27 puntos. Hasta hace dos años un empresario debía realizar al menos 17 gestiones para concretar un negocio en Venezuela. Hasta entonces se requerían 144 días para ver concretada alguna idea. En Singapur, por ejemplo, se puede registrar una empresa en solo dos días y medio, con un costo que representa el 0,6% de la renta per cápita del país, mientras en Venezuela se ubica en 49,9%.

Ni siquiera con la economía arrimada a la sombra del dólar los empresarios consiguen estabilizar sus estructuras de costo. «Los pequeños y medianos inversionistas han pedido ayuda para sortear la brecha económica», señala da Silva.

A juzgar por los acuerdos binacionales entre ejecutivos, en la última década las relaciones entre Venezuela y Portugal fueron estrechas, pero la economía famélica, desnutrida, ha puesto coto a esos lazos que en otros tiempos fueron de provecho. Hoy los lusovenezolanos no logran colocar productos criollos en Portugal y ni tienen capacidad para ingresar artículos portugueses en el mercado nacional. Se trata de un retroceso violento, si se considera el hecho de que Venezuela fue el quinto mayor cliente y el onceavo proveedor de Portugal en América Latina en 2016.

Con un patrimonio de 230 aliados, Cavenport aspira rescatar la confianza entre sus miembros para mantener a los portugueses, en su mayoría hijos de emigrantes, de puertas abiertas en Caracas, Altos Mirandinos, Maracay y Barquisimeto, las ciudades donde hacen vida buena parte de sus afiliados. «Si algo tiene el portugués es que se quiere levantar contra las adversidades».

El consejero de las Comunidades Portuguesas en Venezuela, Leonel Moniz, destacó que la mayor preocupación de la comunidad es cómo obtener divisas y financiamiento en un contexto en el que los bancos se creen arruinados. «Muchos de nuestros empresarios no están preparados para los cambios porque su nivel de preparación y actitud no se los permite. Y es lamentable porque nuestra comunidad ha sido apática. Nuestros empresarios prefieren quedarse en sus casas, en la panadería o en la bodega, en lugar de buscar ayuda. Pero la Embajada de Portugal y la Cavenport están trabajando para ayudarlos.

Carlos Luis González, expresidente de Fedecamaras Carabobo, quien además acudió a la Cumbre de Negocios que se celebró en su estado, sostiene que son precisamente los pequeños empresarios quienes han suplido las necesidades de la población. «Están llenando los espacios vacíos con productos y servicios con valor agregado».

Aun cuando la cumbre celebrada en un afamado hotel de Valencia contó con menos empresarios que en otros años, hay quienes concluyen que hubo una asistencia general de cerca de 5 mil personas, algunos empresarios activos que mudan de rubro y se reinventan en medio de la crisis.

«El bolívar soberano, oficializado en 2018, perdió su capacidad de compra a las pocas semanas. Era un bolívar disfrazado de billete verde que se estrenó con nuevos mecanismos para transacciones electrónicas, pronto pago, pago móvil. Hoy la inflación se lleva por delante el dólar. Los proveedores solo te mantienen los presupuestos en divisas por 24 horas, luego puede costar el doble. No hay forma de reponer un inventario de esa manera porque te descapitalizas fácilmente», advierte. En los últimos años un grueso de 16 mil empresas han cerrado sus puertas y las que sobreviven han tenido que reducir personal.

Sin embargo, aún quedan emprendedores, cuyas estructuras de costo son menores, que quieren sacar al país adelante. «Son emprendimientos que se han refugiado en grupos familiares donde los padres, hermanos y tíos trabajan en la empresa y se apalanca. El rubro que más se está moviendo es el de la alimentación».

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