Después de 40 años de trayectoria, la desaparición física del fadista autodidacta, deja un enorme legado que hoy vive en los escenarios venezolanos

Evaristo José Vieira Vilela, nació en Braga, el 5 de agosto de 1942, sin siquiera imaginar, que su vida estaría marcada por la música tradicional de su natal Portugal, en la tierra que lo recibió como su segundo hogar desde 1954.

40 años de carrera en la que realmente era su pasión, lo convierten hoy en una de esas pérdidas que deja un gran vacío en el corazón de muchos, pero también en la cultura de un pueblo, pues Evaristo Vilela, como era conocido en esta tierra, pasó de ser un melómano autodidacta a un formador de fadistas en la nación de Bolívar.

Entre sus logros destaca el hecho de mantener durante casi cuatro décadas ininterrumpidas, activo el movimiento del fado en Venezuela, con la creación del Grupo de Fados Caravela da Saudade, referencia nacional en el género, pero también la formación de grandes fadistas que hoy hacen conciertos multitudinarios, a donde no sólo asisten portugueses sino también venezolanos.

 

Inicios tempranos

Vilela, desde joven se interesó por la música, no en vano no perdió oportunidad para tomar algunas clases con guitarristas reconocidos de su ciudad natal, como Jorge Fontes. “El se crió con su abuelo, quien le enseñó lo esencial sobre tocar la guitarra de fado, y aquí en Venezuela buscó contactos con algunos emigrantes que también tocaban en Portugal y con algunos artistas que venían a Venezuela a participar en noches de fados en algunos establecimientos y clubes”, cuenta una de sus alumnas más cercanas, la fadista Iliana Goncalves.

Quien tuvo la oportunidad de verlo tan sólo una vez sobre un escenario, sabe que Evaristo Vilela no sabía cantar a nivel técnico, por lo que sus alumnos acudían a él como un erudito de la música, quien tenía tanta pasión por el fado que tanto escuchaba que era capaz de transmitir el sentido de las letras con sus recursos, y orientarlos por el camino correcto sobre temas sobre cómo debía ir la melodía de la voz o el estilo.

De temperamento fuerte, y algunas veces complicado, combinaba su amor por la música con su trabajo como mecánico de motocicletas, donde también se levantó una buena fama, vinculado con el hecho de que según dicen quienes lo conocieron, Evaristo era un hombre al que le gustaba hacer las cosas bien o no las hacía. Su verbo tosco y directo lo diferenciaba de otros. “Muchas veces era impaciente, pero tenía una gran personalidad. Amaba la puntualidad, era leal a sus principios. Minucioso en el detalle y celoso en el cuido de sus instrumentos, de sus cantantes y músicos. No le gustaba que su equipo, porque así nos llamaba, fuesen acompañados por otros instrumentistas. Creía en la exclusividad. Sus afectos los reservaba para su familia y amigos más íntimos, a quienes sentaba a en una generosa mesa a compartir buena música y excelente ginginha. No se puede decir que él no era un hombre generoso y desinteresado”, destaca Goncalves.

 

“Demasiada música” en el cielo

Hace algunas semanas, Evaristo dejó de existir en tierras lejanas. Su muerte se dio en Israel, donde se encontraba de vacaciones junto a su familia, y de seguro el día de su partida el cielo se lleno de fados instrumentales, de voces angelicales que consolaron su partida, como la de Alfredo Marceneiro y Amalia Rodrígues.

Después de tanto tiempo casado con la música, posiblemente compilar un archivo musical que lo describa resulta difícil, pues él pensaba y sentía la música, en su cabeza y en sus dedos, y muestra de ello era la transformación que sufría cuando interpretaba un fado, había un hombre en el escenario que parecía de otro planeta, y parecía otro hombre al que conocían del día a día.

En cada acorde complejo decía, “aquí hay demasiada música. No hay dedos para tantas notas”, mientras intentaba descifrarlo pulsando las cuerdas de su guitarra, mientras el fado sonaba en su pick up durante los ensayos, en los que sus LP eran, junto a sus guitarras, protagonistas y ahora su mayor herencia.

Después de 40 años de trayectoria, la desaparición física del fadista autodidacta (en el año 2013), deja un enorme legado que hoy vive en los escenarios venezolanos.

 

Egresada como Licenciada en Comunicación Social mención Periodismo de la Universidad Católica Andrés Bello (2010). Especializada en Periodismo Deportivo por la Universidad Simón Bolívar y en Dirección de Medios y empresas de Comunicación por la ESAE Business School de España. Inició su carrera laboral como pasante en el departamento de medios y comunicaciones corporativas de Editorial Alfa en 2007 y posteriormente como productora asociada en un programa radial en Radio Caracas Radio 750 AM, junto a los periodistas Javier Conde y Sebastián de la Nuez. Forma parte del equipo de periodistas de planta del CORREIO da Venezuela desde diciembre de 2009. Además se ha desempeñado como correctora y editora de textos de la Revista Ripeando, y asesor de comunicaciones.

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