Falta un discurso que enamore

Falta un discurso que enamore

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Julio Materano

Lejos de las cifras gordas, de los números enteros y de la parsimonia que imprimen las frías estadísticas a la política, existe una lectura obligada que los políticos están llamados a realizar en torno a la jornada electoral del 26 de mayo, cuando la comunidad europea eligió sus representantes al Parlamento Europeo. A juzgar por lo ocurrido, Portugal atendió el llamado, no hubo duda, pero lo hizo con el espíritu contrariado, a empujones y sin el mayor interés de su población. Con una abstención que alcanza casi 70% del país, el mensaje es totalizante, casi definitivo: no hay interés por los asuntos políticos y las personas de a pie resienten la situación. Pocos se sienten representados por sus líderes, no se reflejan en sus alocuciones y hay, incluso, quienes los ven innecesarios.

Para algunos el discurso es pragmático, y se asemeja al: «si no trabajo no como», que tanto daño e indiferencia causó en Venezuela. Entre los argumentos de quienes no votaron se escurren excusas como el exceso de trabajo, la falta de tiempo y la ignorancia, pero detrás de todo descuella la apatía y el desánimo de una población que parece escudarse en la antipolítica y que elude, a toda costa, las responsabilidades compartidas.

Frente a ello, los políticos están llamados a revisar sus mensajes. El mayor reto recae, así lo considero, en los políticos, quienes deben capitalizar las aspiraciones de una población que ve innecesaria la política y que no logra conectarse con los discursos de país. No existe un proyecto común que enamore a los portugueses y los vínculos con los políticos son cada vez más endebles, frágiles. Tal vez no se le ha explicado a la población la verdadera importancia del Parlamento Europeo, una instancia multinacional que es la encargada de diseñar las políticas comunes de un territorio que destaca por su mancomunidad económica.

Entre la gente común no ha calado la idea de que el proyecto europeo es un espacio social, con más de 500 millones de ciudadanos, que ofrece integración, inclusión, diversidad, desarrollo, garantías de calidad alimentaria, industrial y ambiental.

Hoy los portugueses ven con cierto dejo de desconfianza a los políticos y sus propuestas tibias, en ocasiones populistas. Porque en Portugal también hay vestigios de populismo, ofertas de izquierda y prebendas por votos. A diferencia de otras jornadas, los emigrantes, especialmente los lusovenezolanos dieron una lección de participación al acudir a las urnas, de manera cívica.

Lo hicieron movidos por su larga experiencia de voto pero consciente de la situación del país que dejaron hace poco: una Venezuela maltrecha, embargada por un régimen que ha secuestrado el voto como herramienta de participación democrática.

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