Funchal, del mar a la sierra

Funchal, del mar a la sierra

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La ciudad, la primera fundada por portugueses fuera de Europa, celebra este agosto 506 años y, en esencia, Funchal no cambió. Es el mismo lugar cosmopolita, una mezcla de turistas y madeirenses, de cafés, tiendas, el mar golpeando contra el  muelle y el caserio subiendo en pendiente hasta la Sierra.

Y, a pesar de que todo está casi igual, hubo cambios políticos en la Cámara y, frente al mar, las obras comenzaron y alteraron la imagen de la zona costera.  Inauguradas después del temporal del 20 de febrero, las obras en la Avenida do Mar y en la desembocaduras de las riberas de João Gomes, Santa Luzia y São João, crearon un inmenso astillero a orillas del mar, obligaron a hacer alteraciones de tránsito y, hasta hoy en día, no son muy populares. Cierto es que, después de culminado, el paisaje será otro y habrá quien lo compare con la intervención hecha por Fernão Ornelas, el carismático presidente de la Cámara do Funchal, que en los años 40 del siglo pasado cambió el centro de la ciudad.

Son del tiempo de Fernão Ornelas la Avenida do Mar, la Avenida Arriaga, la Avenida do Infante y la Rotunda do Infante. En su momento, el plan fue muy criticado, hasta porque, durante las obras, desaparecieron iconos de la ciudad como el Pilar de Banjer, marco importante en la historia de la navegación comercial. De este pilar, restan unas cuantas piedras encontradas en la Avenida do Mar, luego de las obras de expansión de los años 80. Hoy, las obras que están en el terreno, pretenden prevenir a Funchal contra las inundaciones como las del 20 de febrero de 2010.

Mientras las máquinas revuelven la orilla del mar, la gestión municipal cambió de manos en septiembre del año pasado, el primer cambio en 40 años de democracia en Portugal. Funchal pasó del PSD a una coalición de seis partidos. Paulo Cafôfo, el nuevo presidente, dice que siente mucho orgullo de ser presidente de la Cámara, pero el primer año de mandato quedó marcado por la renuncia de tres vereadores y del  presidente de la Asamblea Municipal.

Cabe destacar que estas renuncias estuvieron acompañadas de gran polémica, sobre todo por causa del verador Gil Canha, quien tuvo hasta una manifestación de protesta a las afueras de la Cámara. El presidente quería una autoridad más viable y se desentendió como vereador, hubo un brazo de hierro. Al final de la crisis, habían salido tres vereadores y, con eso, renovaron el equipo de Cafôfo.

Ajenos a las guerras políticas, los turistas continuaron inundando el centro. En la época alta de los cruceros (octubre a abril), llegaban en barco, en el verano aterrizaban en el aeropuerto y se hospedaban en los diversos hoteles de Funchal, sobre todo en los que estaban situados entre la Avenida do Infante y la Estrada Monumental. Y son los turistas quienes llenan las plazas y los cafés. Ahora hay un local menos que visitar. El Golden Gate, el café que el escritor portugués Ferreira de Castro bautizó como la esquina del mundo, cerró a principio de mes.

Local de encuentro de los funchalenses y de los extranjeros de paso, de los portugueses de camino o de regreso a las colonias, el café fue fundado en 1841 y tenía, además del café, un pequeño hotel en la entrada de la ciudad. Las obras a mediados del siglo pasado confinaron el café al primer piso, al cual se accedía por una escalera de mármol. En 1998, la gestión pasó al grupo del empresario Luís Camacho, el edificio es propiedad del  Banco Comercial Portugués.

A principio de mes, el Golden Gate cerró por deudas, tenía muchos pagos atrasados. De momento, no hay sillas de mimbre ni mesas en la Esquina do Mundo, la explanada está cerrada y da la sensación de faltar cualquier cosa, allí, en la esquina de la Avenida Arriaga y de la Avenida Zarco, donde durante 150 años, madeirenses cruzaban con extranjeros y nacionales.

La historia de Funchal, elevada a ciudad en 1508, tiene muchos episodios, muchas polémicas como las que envolvieron las obras de Fernão de Ornelas, pero también algunas más trágicas y violentas.

En 1803, la ciudad fue devastada por la inundación que provocó  centenas de muertos y obligó a levantar murallas en las desembocaduras de las riberas. Y, en el siglo XVI, el saqueo por parte de los piratas franceses provocó gran destrucción en la ciudad.

La Fortaleza do Pico fue construida después de ese ataque, que reveló que Funchal no tenía defensas militares para enfrentar un ataque de piratas. La ciudad resistió y , a pesar de la crisis que hizo que cerraran muchas tiendas, es todavía un lugar cosmopolita, con 112 mil habitantes, centro social y económico de Madeira desde los primeros años de poblamiento. Es a esa época que remonta la explicación para el nombre “Funchal”, que sería el resultado de la abundancia de funcho en la zona. Verdad o leyenda, el nombre quedó. Funchal que hoy se extiende hacia la sierra, por encima de las zonas a las cuales se les da el nombre de zonas altas, que obligaron a cimentar callejones, a tomar transportes públicos, hasta fue necesario encontrar autobuses especiales para recorrer los caminos empinados. Y todo porque la ciudad le hace honor al eslogan: Funchal, del mar a la sierra.

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