Gestiones para emigrar con mascotas pueden tomar medio año

Gestiones para emigrar con mascotas pueden tomar medio año

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Para ingresar a EEUU el animal debe estar al día con la vacuna séxtuple que protege contra 6 agentes infecciosos

Foto: Venancio Alcázares

JULIO MATERANO

Para algunos son despedidas tan funestas como la de un familiar que se marcha. Hay lágrimas de melancolía, una suerte de abrazo que no se completa y los sollozos desvelados de los amos se confunden con los bramidos en Maiquetía. No son maletas, pero pueden  viajar como equipaje, en cabinas presurizadas, si pesan menos de 30 kilos. Otros son admitidos como carga, si exceden el margen de las aerolíneas, y requieren la intercesión de una agencia aduanal para ir hasta su nuevo hogar.

Puede que parezca inverosímil, pero la diáspora de familias con mascotas hace que el proceso de migración se torne más engorroso, cuesta arriba,  y exige mayor planificación, el doble de tiempo, frente a un  alud de trámites, que algunos describen como una espesa maraña de papeles que van y vienen, cuya transacción se hace en dólares y en un terreno casi siempre dominado por gestores. El fenómeno, acentuado desde 2011, cierne sobre la escena país una lectura adicional sobre el éxodo venezolano. Es la otra cara de un drama nacional: la huida.

Bernardo Manrique, médico de una reconocida clínica canina en el Este de Caracas, explica que el proceso inicia con la gestión de la titulación antirrábica, un documento imprescindible para mudar los animales de país.  Es emitido por el médico tratante y la Federación de Médicos Veterinarios, con el arbitraje de laboratorios, ubicados en EEUU, que procesan las muestras de las especies vacunadas.

Hoy las clínicas de Caracas ha aumentado las solicitudes de este tipo de trámites en más de 50%, según fuentes vinculadas. Con la demanda por las nubes, la diligencia médica se ha convertido en un nicho de mercado cuyos clientes son familias que aspiran vivir en países de Suramérica, en Estados Unidos y Europa. “La mayoría de los veterinarios hemos convertido las clínicas en agencias de viaje”, expone el gremio veterinario. La apreciación encarna una sentencia de país que resume el afán y la tozudez de una sociedad donde hasta los perros se marchan.

Entre los destinos con mayor flujo de familias están Chile, en primer lugar, Argentina, Colombia, Estados Unidos y España y Portugal, en la Comunidad Europea, un territorio libre de rabia, donde exigen el conteo de anticuerpos antirrábicos para poder aceptar las mascotas. La prueba debe arrojar al menos 0,50 Unidades Internacionales, lo cual indica que el virus está neutralizado.

A juzgar por la diversidad de destinos y el éxodo vertiginoso de hogares enteros, hay un animal venezolano en cada rincón del mundo. La proporción general de mascotas varía, pero algunos veterinarios deslizan datos concluyentes de sus consultas: 80% de los pacientes a los que se le practican las pruebas legales son perros, 15% felinos y 5% son de otras especies, entre las cuales entran hurones.

En muchos casos los animales requiere un entrenamiento básico de al menos cuatro semanas para salir del país. Se trata de una preparación especializada que muchos entrenadores caninos cobran en dólares y que oscila entre 30 y 120, según el tiempo. Si las mascotas pesan menos de 8 kilogramos pueden viajar con sus amos, pero si son de grandes dimensiones, los gastos por agencia aduanal de traslado oscilan entre 400 y 500 mil bolívares. En todo caso, se debe hacer una reservación aérea equivalente a 150 dólares, que se cancela a la tasa Dicom.

Para viajar a otras latitudes, las mascotas tienen que aprender a permanecer en el kennel, una especie de jaula que debe cumplir con las normas de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo y que cuesta entre 50 y 60 dólares, según las dimensiones.

La entrenadora Brenda Rasetto, de la Escuela ABC Canino en Macaracuay, precisa que  las mascotas que se van a Europa requieren un entrenamiento extra. Indistintamente de donde vivan, explica que las clases buscan reforzar la socialización del animal: se les enseña a estar en lugares concurridos, para que puedan entrar al metro o estar en un restaurante. “Yo trabajo más con los dueños. Refuerzo la comunicación para que sepan dar una orden sin miedo”, afirma.

La preparación dura dos meses y se resume en ocho clases y un encuentro de una hora por semana. Cada academia tiene su método y aun cuando los animales reciben certificados de asistencia, en Venezuela no hay una credencial con aval internacional que acredite la preparación. Rafael González, de Adiestramientos Canino, en El Hatillo, enfatiza que en Europa es obligatorio educar a las mascotas para sacarlas de paseo. Cada condominio tiene sus normas. “En EEUU hay residencias que solo aceptan razas de 30 centímetros de altura”.

En Caracas por lo menos 22 clínicas veterinarias de grandes están dedicadas a la tramitación de certificados antirrábicos, un nicho que cobra adeptos.

Mileidys Márquez, del  Pet’s Club Adiestramiento Canino, es la única en la ciudad que trabaja bajo la modalidad de internado. Entrena alrededor de 10 animales por mes y los recibe desde el martes hasta el jueves, en su casa. Les enseña obediencia básica y hacer sus necesidades en papel. “Se adiestran durante cuatro semanas para que duerman en el kennel y caminen al lado de su dueño. Se trabaja el ‘quieto-sentado’ y el llamado. En la segunda clase, el ‘echado-quieto’, ‘sentado-quieto’, echado y llamado”.

Con 32 años de experiencia, el veterinario Oscar Navarro dice que emite por lo menos cuatro certificados antirrabia por mes, a diferencia de otros tiempos cuando solo hacía dos por año. En Venezuela solo el Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas (INIA), en Maracay, estuvo facultado para hacer las pruebas de titulación antirrábica, la mayoría de los veterinarios prefiere procesar las muestras en el exterior, puesto que en Venezuela las pruebas se hacen en ratones y no en cultivos celulares como lo establece la OMS.  Especialistas explican que la desconfianza se funda en una leyenda que asegura que en España fueron sacrificados algunos perros atendido en el INIA tras dar positivo al mal de rabia. Pero hoy el instituto perdió su capacidad para procesar cualquier estudio.

Qué hacer para llevarse a una mascota

Para emigrar con una mascota recomiendan iniciar las gestiones 6 meses antes. Para ingresar a EEUU el animal debe estar al día con la vacuna séxtuple que protege contra 6 agentes infecciosos: distémper, parvovirus, para influenza, adenovirus II, hepatitis Infecciosa y Leptospira.

Todos los países exigen haber aplicado la vacuna séxtuple con al menos un mes de antelación, para garantizar que los anticuerpos hayan hecho su efecto en el animal, pero el producto biológico escasea y tiene un costo de hasta 100 dólares en el mercado negro. Además deben tener el aval nacional antirrábia y un certificado de salud.

Para tramitar la titulación antirrábica, los veterinarios toman una muestra de sangre entre 5 y 7 cc, la centrifugan y mandan el plasma a laboratorios en EEUU. El examen tiene un costo de hasta 350 dólares y se debe cancelar con tarjeta de crédito.

Debe crearse un usuario en el Registro Único Nacional de Salud Agrícola Integral (Runsai) del Instituto de Sanidad Agrícola, llenar los datos para la planilla de exportación animal y consignar los documentos del animal para ser examinados. En 2 días hábiles se emite la planilla de aprobación y desde entonces se tiene un mes para salir.

Panamá es el único país que pide apostillar documentos de mascotas, entre ellos la titulación antirrábica, el certificado nacional de salud, los informes de desparasitación interna, externa y la planilla del Runsai.

En medio de todas las trabas, conocedores del tema advierte que hay quienes burlan las normas y tramitan certificados de apoyo emocional, lo cual no es más que un informe psiquiátrico que se presenta ante las aerolíneas y que certifica que el pasajero necesita de su mascota para ser funcional. El documento permite llevarla en cabina. Veterinarios denuncian que hay animales que son sometidas a dietas violentas para que puedan viajar como equipaje.

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