Ingenio criollo se abre espacio en Carnavales de Madeira

Ingenio criollo se abre espacio en Carnavales de Madeira

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Más de 5 mil espectadores disfrutaron del espectáculo en el que participaron 2 mil bailarines, muchos de ellos venezolanos

Delia Meneses

La noche del sábado, la del gran cortejo alegórico de Carnaval, fusionó mucho de las tradiciones regionales de Madeira, pero también fue una noche venezolana. En la avenida del Mar, que reunió a más de 5 mil personas, el castellano dominaba las conversaciones entre los que aguardaban ansiosos por las 14 “trupes” o comparsas que protagonizaron el desfile.

Fue una noche de agite callejero, con olor a multitud alborozada y al margen de los cánones convencionales de belleza. Hubo bailarinas de vientres caídos, de piernas percudidas y de menor estatura. También las hubo con el cabello desordenado y la piel marchita, pero nunca descoloridas. El brillo y el resplandor de los maquillajes pomposos hicieron de la primera velada del Carnaval un día extraordinario.

Durante el desfile, que dejó al descubierto la creatividad de una isla que se toma en serio el arte del entretenimiento, hubo abuelas de 70 años que parecían haber dejado el tejido incompleto, a un lado, para incorporarse al baile, en un evento que sirve de vitrina a una ciudad que vive del turismo.

Las luces despabiladas, el despliegue de asientos laterales y toda la algarabía de una isla repleta de turistas eran tal vez lo más cercano al Sambódromo de Río de Janeioro, pero con el matiz madeirense, por supuesto.

El temple y el fulgor de las familias locales fueron la carta de presentación en uno de los eventos más esperados del año y que no es cualquier cosa. De acuerdo con cifras oficiales, más de 450 mil euros fueron invertidos para esta nueva edición de las fiestas que anteceden a la Cuaresma.

La improvisación no está invitada a la gala. Los bailarines, que en esta ocasión fueron unos 2 mil, se prepararon con dos meses de antelación para la cita. Cada grupo tiene un nombre y una bandera propia. Los trajes, las coreografías y los temas del cortejo varían todos los años.

Así como la samba brasilera se hizo sentir, los Carnavales madeirenses también se enriquecieron con el ritmo, la alegría y el ingenio criollo. La diáspora reciente se dejó ver no solo durante la animación del desfile sino también tras bastidores. Es el caso del venezolano Luis Alberto Dos Reis, de padres naturales de Campanario y residenciado en la isla hace tres años.

Él y su esposa diseñaron de forma artesanal el rostro de un elefante, de dos metros por dos metros treinta, que decoró una de las catorce carrozas del cortejo, la del bailarín Francis Cardoso. En este carro, una de las bailarinas principales, Valentina, también era de Venezuela.

“La temática de este grupo estaba relacionada con Buda, por eso hace dos semanas, me pidieron que elaborara un elefante. Lo hicimos con 40 placas de anime sobrepuestas, usando un exacto. Nos tardamos dos días”, cuenta Dos Reis, quien es parte del talento criollo residenciado en la isla.

En Venezuela trabajaba en una rectificadora de motores y se fue a Madeira buscando más seguridad. “Aquí trabajamos duro pero nos ha ido bien, tenemos una empresa de organización de eventos en Caniço. La mayoría de nuestros trabajos los hacemos en anime. Mi sueño es diseñar mi propia carroza, elaborada en anime, para el Desfile de las Flores, que es un espectáculo muy emblemático de la isla”, comenta Dos Reis.

De Maracaibo a Madeira
Los hermanos Farielis y Juan González nacieron en Falcón, se criaron en Maracaibo y sueñan con regresar a Venezuela cuando puedan caminar por sus calles sin sentir miedo. Este sábado participaron por primera vez en el cortejo de Carnaval de la isla. “Aunque tengo algunos años aquí no me había atrevido a formar parte. Pero esta vez me animé a integrar una de las comparsas: Caneca Furada, una agrupación que existe hace 40 años y que se dedicó a ensayar en el estadio de Los Barreiros dos veces por semana en los últimos dos meses”, cuenta Farielis, quien trabaja como esteticista.

Ataviados con plumas, trajes dorados y mucha escarcha los hermanos desfilaron con soltura y actitud. “Este año hay mucha presencia de venezolanos en los grupos. Siempre somos bien recibidos pues dicen que somos animados, chéveres, bochincheros y eso es parte del Carnaval”, comenta la joven.

Una de las figuras estelares de esta comparsa es Norberto Ornelas, quien participa en ellas desde hace 20 años. Dice que lo hace con la misma emoción de la primera vez. Su agite y su respiración desbocada lo delatan. A pesar de sus dos décadas en la isla y su perfecto dominio del portugués, su jerga venezolana permanece intacta.

Los nervios de última hora le desatan una lenguarada caraqueña. “Amárrame bien esas trenzas”. Norberto se agita en español mientras dos de sus compañeros lo ayudan a atarse los zapatos, unos zancos de quizás unos 30 centímetros de altura. Este año hace de payaso, de uno muy exótico. No pierde tiempo, se calza el sombrero y se incorpora con aspavientos en la comparsa.

Norberto trabajó en el área de diseño de imagen en Venevisión y RCTV. Y este año, como en las últimas ediciones de Carnaval, es el encargado de darle vida a los personajes de la trupe Caneco Furado.

“Este año entraron muchos venezolanos a las comparsas, pienso que los jóvenes se están adaptando bien y tratan de integrarse”, dice Fátima, quien llegó con 12 años a la isla y ahora tiene 46. “Pase lo que pase, uno siempre es Venezuela. Yo tengo 8 años que no voy, pero la llevo en el corazón”. Es su quinto año participando en el Carnaval y lo hace para procurarse un espacio para compartir con los amigos, bailar y divertirse. Es una familia bonita”.

En la comparsa llamada Geringonza está Aldora, de 68 años, la reina del despique de Madeira, quien hace 12 años visitó el Centro Portugués de Caracas para mostrar su arte. En la década del 90 vivió y trabajó en Valencia y le entristece el deterioro que se apoderó del país.

A propósito del protagonismo criollo, tres venezolanas que observaban el desfile desde la acera se animaban entre ellas con la promesa de participar el próximo año en el cortejo. “Nos vamos a poner divinas”, se decían.

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