José Manica contagia la pasión por el folclore a turistas en Madeira

José Manica contagia la pasión por el folclore a turistas en Madeira

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Durante más de dos décadas fue el encargado de mantener las tradiciones lusas en el Centro Portugués de Caracas

Delia Meneses

José Antonio Manica llega,»rajão» en mano, a la calle Santa María en el casco antiguo de Funchal. Lo acompañan otros cuatro integrantes del Grupo de Folclore e Etnográfico da Boa Nova. Es viernes y la noche promete. El ambiente es propicio para su objetivo, agasajar a los turistas con lo mejor que saben hacer: tocar y cantar con sentimiento músicas del folclore madeirense.

Los embajadores de la cultura popular hacen sonar sus melodías al aire libre entre las mesas copadas de turistas que degustan vino y pescado,  también van de restaurante en restaurante y a los bares y terrazas de esta pintoresca calle. A medida que el «bailinho» se adueña del lugar la noche se anima y gana vida.

Danilo Fernandes, el presidente del grupo y Avelino da Silva, otro de los músicos, hacen que los turistas se sientan como en casa.  Le dan la bienvenida con piezas tradicionales y, a los más receptivos y sonrientes, los invitan a colocarse la «carapuça», el gorro que forma parte del atuendo típico, y a posar para la foto, en la que ellos también se integran.

Las noches de folclore madeirense en la calle Santa María tienen lugar los miércoles, viernes y domingos desde hace cinco años.  Los miembros del grupo aseguran que es una forma de incentivar el turismo y mantener viva la cultura popular, una misión que Manica se ha tomado bien en serio.

Quien fuera miembro del grupo folclórico Danças y Cantares del Centro Portugués de Caracas, era también conocido como el hombre de las tradiciones. Por más de dos décadas fue el encargado de que los lusovenezolanos rememoraran las cosas antiguas, las costumbres de sus padres y abuelos, para no dejarlas morir, al menos en la memoria de la gente.

«En el Centro Portugués eran muchos los que lloraban al recordar a sus familiares mientras escenificábamos, siempre de forma creativa, las tradiciones de la tosquía, la vindimia y el lagar, el borracheiro, el pescador o el leiteiro», recuerda Manica, quien asegura que ahora su meta es dar a conocer el folclore entre los turistas que visitan Madeira y fuera de las fronteras insulares.

El músico, quien vivió por más de 30 años en Venezuela y ahora reside desde hace diez en Madeira, ha llevado el «bailinho» a Croacia, Eslovenia, Austria, España, Noruega y Canadá. Este año fue a Holanda y Bélgica y el próximo 31 de mayo participará, con el gupo da Boa Nova, en un festival de folclore en el Continente portugués.

Desde que regresó a la isla, las presentaciones musicales se han convertido en su única forma de sustento. Puede tener entre dos o tres actuaciones al día. Algunas noches lleva las piezas tradicionales a los hoteles, otras a la calle Santa María, los lunes y los martes en la mañana recibe a los extranjeros que llegan en los cruceros, aproximadamente unos 6.500 pasajeros. El tiempo que resta lo dedica a la agricultura, cultivando algunas verduras para el consumo familiar.

En medio de este itinerario, la saudade está presente. «En Venezuela y en el Centro Portugués de Caracas dejé a mis amigos de 30 años y muy buenos recuerdos. Eso marcó mi vida y sé que muchos me recuerdan con cariño y agradecen mi esfuerzo por mantener las tradiciones».

Reencuentro con los orígenes

Avelino da Silva comparte con José Manica el amor por la cultura popular madeirense, además de la saudade por la tierra de Bolívar, a la que llegó cuando tenía 17 años. «En el 68 me fui a Venezuela, trabajé durante 38 años en una panadería. Todavía me duele haber dejado Los Teques», cuenta. En esta ciudad fundó y dirigió durante 21 años el grupo folclórico Perola do Atlántico, la agrupación de mayor expresión en su género y reconocida internacionalmente. Da Silva todavía recuerda ese viaje a la isla en que Perola do Atlántico logró reunir a más de 2 mil personas en Cámara de Lobos, fue una época dorada que rememora con nostalgia.  Pero cada etapa tiene su encanto y su regreso a la isla, huyendo de la inseguridad y el caos venezolano, fue también un reencuentro con sus orígenes. «Volví al Grupo de Folclore e Etnográfico da Boa Nova al que pertenecí cuando era un niño, soy amigo de su director, por eso aquí uno se siente como en casa, en familia».

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