Joven de Cagua comparte su arte en las calles de Funchal

Joven de Cagua comparte su arte en las calles de Funchal

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El artista urbano, que pintó en un lienzo de dos metros a Cristiano Ronaldo y su familia, sueña con regalarle el cuadro al propio futbolista

Delia Meneses

Douglas Alfonzo González Flores quiso homenajear a la isla que lo recibió hace diez meses, cuando integró las estadísticas de la diáspora venezolana, dibujando a uno de sus mayores símbolos. Sin raíces lusas, el joven de 21 años, natural de Cagua, estado Aragua, emigró a Madeira con un primo, consiguió trabajo en un supermercado, ya se comunica en portugués y fue noticia en los medios locales por pintar en un lienzo de dos metros al madeirense más universal: Cristiano Ronaldo, junto a su padre Dinis Aveiro y su hijo Cristianinho.

Le tomó uma semana terminar el cuadro, que además de un homenaje para la región, es un regalo para el propio Cristiano Ronaldo y por eso sueña con entregárselo. El lienzo cobró vida los últimos días de marzo ante la mirada curiosa de los madeirenses y turistas que transitaban por las calles empedradas de la avenida Arriaga, donde este artista urbano se instaló con el pincel en una mano y la paleta en la otra, en los tiempos libres que le dejaba su trabajo formal en Caniço. Las personas se detenían para verlo mientras mezclaba los colores y rellenaba los espacios desnudos de la tela.

No es casualidad que pintara con los audífonos puestos escuchando música latina. Douglas confiesa que éste fue su mecanismo de defensa. «Quería compartir mi arte con la gente, mostrar lo que era capaz de hacer, pero soy un poco inseguro. Mi intención fue romper con el esquema del miedo al pintar en la calle pero usaba los audífonos para evitar escuchar algún comentario negativo que pudiera desanimarme».

Aunque la obra ha generado reacciones diversas, son más las respuestas de asombro, admiración y hasta de nostalgia, como la de las señoras que comenzaron a llorar cuando vieron el cuadro porque conocían personalmente al papá de Cristiano Ronaldo.

«Tomé la decisión de arriesgarme, de venir aquí. Emigrar es un proceso difícil pero satisfactorio, lo más duro es la incertidumbre de no saber por donde comenzar. Pero si te esfuerzas ves los resultados y yo he recibido muchas cosas buenas. El cuadro es una forma de devolverle a la isla un poco de lo que me ha dado: la esperanza de un futuro mejor y la posibilidad de ayudar a mi familia que continúa en Venezuela», asegura González, quien siempre vio la pintura como un hobby hasta hace cinco años cuando lo asumió de forma más profesional.

En Madeira ha desarrollado la paciencia, la disciplina y la constancia. «Le dediqué dos o tres horas diarias al boceto del cuadro, tenía que quedar perfecto o casi perfecto. Luchaba con el sueño y me levantaba temprano para dibujar antes de ir al trabajo. Cuando me paraba tarde y no podía hacerlo sentía que era un día perdido».
A Douglas no solo le ha ayudado madrugar, también contar con el apoyo de su entidad patronal, el supermercado São Roque, donde ha conseguido el auxilio para conciliar sus anhelos laborales y artísticos. Su jefe le prohibió asumir horas extras en el negocio para que pueda dedicarse a su sueño: ser reconocido como un artista. Por ello entre sus planes está realizar una exposición en la isla, para la que aún no tiene fecha. Hasta ahora ha pintado cinco cuadros en Madeira, pero vienen otros. Ahora está trabajando en un paisaje, aunque lo que más le gusta hacer son retratos.

Es una herencia que recibió de su papá, nativo de Catia, quien de niño dibujaba a figuras como Bruce Lee o el Che Guevara y vendía los diseños para comprarse cosas. A Douglas, en cambio, lo iniciaron en el mundo de las pinceladas cuando tenía 5 años para mantenerlo ocupado y atenuar sus constantes travesuras.

A este artista de calle lo crío su tía y una prima, ambas asumieron los roles que dejó su madre de forma prematura al fallecer en un accidente de tránsito cuando él tenía 8 ochos. En las lides artísticas, su padre fue su primer crítico. «Él no tenía reparo en decirme que lo que había pintado estaba horrible, esto en lugar de frenarme, me impulsaba a hacerlo mejor. De pequeño siempre escuchaba que lo más difícil de dibujar eran los rostros, por eso me dediqué a hacerlo, como un reto».

También como un desafío asumió el aprender el idioma luso. «En el supermercado me presionaban mucho. Aprendí mientras escuchaba a la gente y porque sentía la necesidad de expresarme». Sus pinturas son otra forma de comunicarse, emplea técnicas diversas, pero la premisa a la hora de crear es siempre la misma: desarrollar su arte de foma natural, sin miedo. «Rafael Herradez, artista plástico de Cagua con el que hice un curso de un mes, me decía: ‘nunca dejes de pintar como un niño, si te equivocas siempre puedes retocar, pintar encima. Regala tu arte con el corazón y sin mezquindad'». Y ese consejo le ha dado buenos resultados hasta ahora. Para seguirle la pista está su cuenta en Instagram @douglasagf.

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