La carrera contra el plástico desafía a Portugal

La carrera contra el plástico desafía a Portugal

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En el segundo semestre de 2020 se prohibirá el uso de pitillos, vasos de plástico y otros artículos desechables

Julio Materano
Con el mundo cada vez más industrializado, los océanos pierden la batalla contra el plástico. Y las costas, que son las fachadas más accesibles de los escosistemas marinos, exhiben la marca indeleble de la contaminación ambiental, un fenómeno que se agrava conforme se multiplica la población, se robustecen los mercados y se desborda el consumo per cápita. Incluso en el primer mundo, donde los grupos ecologistas se esmeran para promover el hábito de reciclaje, las iniciativas para moderar el consumo de plástico no parecen dar señales de progreso.

En Portugal, donde se producen 721 millones de garrafas de plástico por año, según cifras oficiales, los movimientos ambientalistas alzaron la voz este mes para formular un llamado de atención a la población a propósito del día Mundial de Ambiente, que se conmemora cada 5 de junio. Solo en esa nación se desechan 10 mil millones de colillas de cigarros cada año y unos 250 millones de vasos de plástico.

A propósito de ello, desde la Cámara de Funchal advierten que no solo urge disminuir su uso, también es necesario mejorar la disposición de este tipo de residuos. Apenas 9% de todos los restos de plástico son reciclados a escala mundial, 12% son incinerados y el resto, 79%, se acumula en botaderos, señalan las autoridades.

De cualquier modo los científicos y personas sensibilizadas con las causas ambientales ponen su mirada en la disposición final de este tipo de basura. «El plástico es un material cada vez más presente en la sociedad y está asociado a una multiplicidad de usos. Por el modo en que se produce, se utiliza y descarta es la principal causa de contaminación». Así lo resumió el Gobierno Regional de Madeira cuya Cámara Municipal, en Funchal, dejó inaugurada la exposición ¿Vida o plástico? en la Praça do Municipio, donde la fuente de agua se tranfiguró en una metáfora a cielo a bierto de la agresión ambiental.

Con un extremo de la fuente tupido de garrafas y otro cubierto de plantas acuáticas, los organizadores de ¿Vida o plástico? pretendían sensibilizar a quienes transitaban por el lugar, donde además se instaló una galería para informar a la población las consecuencias de una catástrofe silenciosa que cobra dimensiones globales. En promedio, cada persona produce 36 kilos de plástico por año, una cifra gruesa que guarda estrecha relación con una aún más alarmante: 80% de la basura marina se produce en tierra firma. Parte de esos desechos, que son la causa de muerte de miles de especies marinas, estuvieron expuestos con una escenografía que exhibía un mensaje dramático: el plástico mata.

La radiografía de la descomposición de los artículos de consumo diario fue todavía más espectacular y dejó atónito a más de uno. Entre los productos que más tiempo tardan en desintegrarse están los pañales y las garrafas, con 450 años. El nylon de pesca toma 600 años en biodegradarse y un vaso demora medio siglo en descomponerse.

La exposición, que reprodujo las marcas de la contaminación, estuvo acompañada de un itinerario de actividad que se llevó a cabo la primera semana del mes. Durante ese período se entregaron certificados de calidad ambiental de excelencia, se otorgaron contribuciones a instituciones que luchan contra el cáncer y se dictaron conferencias sobre el desafío de las ciudades en la gestión de residuos.

De más de 400 millones de toneladas de plástico que se producen anualmente, por lo menos 8 millones acaban en los océanos. En 2050, estima la ONU, habrá más plástico que peces en el mar y ello compromete la alimentación en algunos países. Portugal no es la excepción. Anualmente se desechan 1.000 millones de pitillos y 40 millones de envases, un aporte negativo que suma en términos de contaminación. Para frenar el daño la Cámara de Funchal promueve la reducción, reutilización y reciclaje.

A todo el drama de contaminación ambiental, la Eurocámara respondió el año pasado con un acuerdo para eliminar la venta de pitillos, cubiertos y bandejas descartables a partir del segundo semestre de 2020. También será prohibido el abastecimiento en restaurantes y espacios públicos. Pero no será sino hasta 2021 cuando la Unión Europea interrumpirá, de manera definitiva, la comercialización de estos productos plásticos.

Hoy los portugueses redoblan sus esfuerzos para adquirir nuevos hábitos y han optado por materiales biodegradables, como las bolsas de algodón. En enero de 2020 será creada una contribución fiscal sobre las bolsas plásticas superiores a 50 microns, que se encuentran en los hipermercados. Como parte de la política de conservación, algunas cadenas han implementado el cobro de sacos plásticos y se han multiplicado los contenedores para el reciclaje en escuelas y espacios públicos.

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