«La comunidad venezolana tiene voluntad y actitud para trabajar»

«La comunidad venezolana tiene voluntad y actitud para trabajar»

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El Director Regional del Trabajo y de Acción de Inspección de Madeira, Savino Correia, expone que los connacionales han compensado el más reciente quiebre demográfico, que se produjo alrededor de 2005, tras la diáspora de jóvenes entre los 20 y 30 años hacia otros países de Europa

Julio Materano

Con un poco más de 250 mil habitantes y una tasa de desempleo que a menudo supera la media de paro en Portugal, puede que Madeira ostente la fama infeliz de un lugar de paso, de una isla despoblada en medio del Atlántico, empeñada, desde su fundación, a la vejez.

Pero en medio de toda esa percepción derrotista, de esa mirada manida—consentida por las familias locales— hay quienes ven en esa región untraperiférica una oportunidad para rehacer sus vidas e insertarse con éxito en el campo labora.

Los más entusiastas son los venezolanos con ciudadanía lusa que retornan a la tierra de sus padres y abuelos en busca de lo que algunos denominan «calidad de vida». Porque, a juicio de quienes llegan embestido por la crisis venezolana, el archipiélago reúne lo mejor de la nación de Camões, un dictamen urgente de aprobación que contempla el crecimiento de la industria hotelera y el área de comercialización de bienes y servicios.

Madeira que, no en pocas ocasiones es tildada como el eslabón perdido de la Europa más occidental, tiene mucho de salvavidas para quienes eluden el desconcierto en Venezuela. Y hoy se presenta con una dinámica cada vez más globalizada.

A propósito de ello, el Director Regional del Trabajo y de Acción de Inspección de Madeira, Savino Correia, admite que el arribo de venezolanos a la isla ha favorecido el desarrollo de la economía, principalmente en el área de hoteles y restaurantes a donde, dice, se incorporan jóvenes competentes. Son la otra cara de la moneda.

Según asegura el portavoz de la cartera regional de Trabajo, los connacionales llegan en un contexto madeirense en el que algunas familias locales aúpan la huida de sus miembros más jóvenes a otros países de Europa. Se trata de un fenómeno que ha provocado un quiebre demográfico en la isla y que tuvo un nuevo auge a partir de 2005, cuando decenas de jóvenes salieron al continente portugués y de ahí a Reino Unido, España, Alemania y otras naciones con grandes promesas de empleo.

La diáspora, que ha provocado una grieta vegetativa en los últimos 15 año, ha arrebatado a Funchal su bono demográfico. Por lo que Correia insiste en dar una lectura favorable en torno a los emigrantes que se incorporan legalmente en la economía regional. «Los emigrantes vinieron a compensar un quiebre demográfico que se produjo alrededor de 2005 en el grupo etario que va desde los 20 a 30 años», sostiene el titular de la Dirección del Trabajo.

Correia explica que, históricamente, la isla ha tenido una demografía relativamente alta que sobrepasa sus recursos económicos, su capacidad para generar empleo y la proyección de crecimiento. Un escenario que ha cambiado en los últimos meses con el robustecimiento de algunos ramos de la economía. Es precisamente en esa Madeira, cuyas autoridades regionales abogan por mayor atención de parte del Ejecutivo, donde se ha reportado un crecimiento sustancial del consumo, una expansión en la oferta de bienes y en la diversificación de servicio. Lo que fácilmente podría ser un indicador del crecimiento del poder adquisitivo.

«De facto, siempre hemos tenido una economía vulnerable, una realidad que, difícilmente podremos cambiar si no se atienden cuestiones como el transporte aéreo y marítimo. No obstante, no es un secreto que gozamos de un aparente crecimiento, un ascenso». Ha sido precisamente con los emigrantes, enfatiza el funcionario, que han llegado las inversiones a la isla que considerada, por al menos cuarto año consecutivo, el mejor destino insular del mundo.

Apoyo garantizado

Con un anuncio de salario mínimo regional en puertas, que ubica el ordenado mensual en 650,88 euros a partir de enero, la expectativa de la población lusovenezolana, que asciende a más de 10 mil personas en la isla, parece aumentar. Con la medida oficializada a través de un decreto ley, el Gobierno de Miguel Albuquerque suma 35 euros a la retribución mínima mensual con los cual las autoridades aspiran elevar la capacidad de compra de las familias locales.

En torno a ello, el Director Regional del Trabajo y de Acción de Inspección de Madeira, Savino Correia, aclara que se trata de una referencia mínima regional. «Ningún salario debe estar por debajo de ese monto, sería ilegal. Por encima todo, por debajo nada», sostiene. A las irregularidades laborales denunciadas por trabajadores locales y miembros de la comunidad lusovenezolana, Correia responde con argumento tajante. «La ley no es para el emigrante o para el local, es para todos y debe cumplirse. Si ocurre una irregularidad en su entorno de trabajo, debe ser denunciada a través de los canales regulares. Todos estamos sujetos a las misma reglas», dice.

Pone a disposición el acompañamiento jurídico y asegura que solo en 2019, 48.000 personas recibieron información, apoyo o algún tipo de asesoría de parte de la Dirección Regional del Trabajo. Ese año el gobierno regional recaudó 1,7 millones de euros a través de sanciones impuestas a los comercios y empresas por infracciones. El trabajo precario y el incumplimiento del marco legal, dos acusaciones que descuellan en el terreno laboral, han llevado al Gobierno a reforzar las fiscalizaciones, una labor que deja un saldo alarmante, según la Secretaría Regional de Inclusión Social y de Ciudadanía.

Un ejemplo de ello son las 2.671 infracciones laborales cometidas en 2019. Durante ese período la región realizó 6.540 inspecciones, de las cuales 5.052 fueron ejecutadas a petición de sindicatos y trabajadores. El mayor número de violaciones estriba en el incumplimiento del pago de salarios con más de 799 casos, la falta de documentación con 519 procesos y de organización del tiempo de trabajo con 322 transgresiones, concluye el despacho del Trabajo.

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