La cosecha de José Albertino

0
502

La cosecha de José Albertino

Se acercaba el Día de las Madres y urgía encontrar el regalo perfecto para las nuestras. Menuda tarea para dos niñas caraqueñas a mediados de la década de los ochenta. A tan solo dos cuadras de nuestra escuela hallamos el lugar ideal, ¡un bellísimo vivero! Todo un paraíso colmado de plantas ornamentales y comestibles de las más variadas y bellas gamas.  Margaritas, calas, petunias, trinitarias y geranios, entre otras, todas listas para ser escogidas.

Pero la solución no vendría tan fácil. Derivada de ese espíritu escolar de “hazlo tú mismo”, la aventura naturalista no se limitaba a comprar alguno de esos ejemplares.  El reto consistía en empezar desde cero. Cultivar aquellas semillas de margaritas, contenidas en sobres blancos, con suficiente antelación y aguardar, sin escatimar en cuidados, hasta que el experimento prosperara. Esa sería, sin duda, la mayor muestra de dedicación y el plus que haría el obsequio inolvidable para mamá.

Esta anécdota enmarca como conocí al Sr. José Albertino Gomes Enriques, dueño del vivero Ytalia, en El Paraíso. Narra también como descubrí a las violetas, y al igual que le sucedió a él, como el mundo vegetal nos flechó por completo.

El Sr. José, como le conocíamos muchos, había llegado a Venezuela desde Madeira de la mano de su padrino, a los 16 años de edad. Era el segundo de nueve hermanos. Y como pasa con muchos inmigrantes en nuestro país, había trabajado como empleado durante algunos años, hasta que su suegro lo llevó en 1982 a ver a aquel vivero, que ya se llamaba Ytalia y que estaba a la venta para aquel entonces. “Le gustó de inmediato. Fue amor a primera vista”,  rememora su esposa, María Fátima de Gomes. Fue ese un gran año para la pareja, pues además de adquirir el local en junio, se casaron en octubre. Ella contaba con 17 de años de edad, él, con 19.

Mis visitas a aquel semillero se hicieron asiduas. Y como quien disfruta de tomar un rico café o un chocolate, si quería sentirme feliz o premiarme por un logro, acudía al sitio a comprarme algunas plantas. Pero no sólo iba por ello. Como sucede con ellas, la amistad florece donde haybuenas intenciones y disposición y es allí donde el Sr. José marcó una gran diferencia. Todo en la vida requiere un esfuerzo, y tener un hermoso jardín requiere conocimientos particulares. Siempre tenía muchas preguntas para él y siempre las contestó con la más amable atención, acompañada frecuentemente de un detalle amistoso de quien sabe mucho del tema y desea compartirlo con los demás. El secreto para evitar las manchas en las albahacas, el mejor tipo de tierra para determinadas matas. Las visitas para comprar sus coronas navideñas de pino natural en diciembre eran tradición. Me complacía pasar al frente de su negocio y ver como otros clientes revoloteaban con un entusiasmo similar al mío. Me parecía que su oficio era especial por su inocuidad y la alegría que brindaba a los amantes de lo verde.

Recuerdos que no atienden al calendario y que nos muestran el placer por las cosas sencillas de la vida. En los tiempos actuales, líderes de empresas y emprendedores se rompen la cabeza pensando en estrategias para mantener a sus clientes. Lograr “engagement” (compromiso), como le dicen en el argot.El Sr. Gomes fue un maestro en la materia.

Su historia de vida personal bien representa las experiencias de millones en el mundo. Según el Departamento de Asuntos Económicos y sociales de la Organización de Naciones Unidas (DESA), el número de migrantes internacionales a nivel global ascendió en 2019 a 272 millones de personas, este dato forma parte de su estudio más reciente. En tanto que la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) calculan en más de cuatro millones la cantidad de venezolanos que ha emigrado del país. Se estima que unos 24.603 partieron a Portugal.

Se trata de seres humanos que buscan comenzar un nuevo proyecto de vida en otras tierras, cambiar sus estrellas. La migración es uno de los temas que más preocupa a muchos gobiernos. Y también debe ser tema de discusión para toda la sociedad civil por los diversos retos que demanda. Durante muchos años, Venezuela fue punto de acogida para millonesde personas que llegaron aquí procurando un mejor destino para sí y los suyos. Ahora las cosas han cambiado y de ser receptores, nos ha tocado ponernos en los zapatos de quienes deben partir de sus lugares de origen rumbo a la incertidumbre,buscando tornar para bien lo que se muestra como un futuro poco amigable.

El Sr. José cumpliría 57 años de edad el próximo 27 de noviembre. Pero para inmenso dolor de sus familiares, amigos y todos quienes le conocieron, fue secuestrado en agosto de 2017. No obstante que su caso fue esclarecido por las autoridades policiales venezolanas y el autor intelectual de los hechos se encuentra tras las rejas desde junio de este año, los responsables materiales de este crimen, así como el Sr. José, aún no han sido localizados. Su caso conmovió e indignó profundamente a toda la comunidad de El Paraíso.  Esmuy recordado y apreciado.

El vivero Ytalia, en donde cosechó sus sueños y aspiraciones junto a su familia, sigue abierto al público y está siendo atendido por la cuñada de su esposa, María Teresa Pita y su esposo, Juan Martín Gomes. Aún les acompaña Ramón Sulbarán, quien ha trabajado por más de 15 años en el vivero. El Sr. José dejó dos hijos, Yhonny Ricardo y Arturo José.

La autora de esta breve crónica desea honrar su memoria y legado y denotar que todo hombre que labra su vida con laboriosidad, honestidad, dignidad y generosidad, debe serbien recibido a donde la vida le lleve, pues trae consigo buenos valores y por ende, una ganancia inmensurable. El Sr. Gomes bien se ganó el respeto y su puesto en la sociedad venezolana.

En su nombre, así como en el de todos los que como él tuvieron que abandonar sus orígenes en busca de un porvenir mejor, a quienes les recibimos nos correspondeluchar contra toda manifestación de xenofobia y prejuicios, y construir entre todos, una sociedad y mundo mejor.

«Escribir es reparar la herida fundamental, la desgarradura. Porque todos estamos heridos»

-Alejandra Pizarnik-

Carol Ramírez de Da Silva

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here