La terquedad de ser médico en Portugal

La terquedad de ser médico en Portugal

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Julio Materano

Con un alud de trámites en contra, la diáspora médica sufre las secuelas de la burocracia en el extranjero. Es el costo que asumen quienes abandonan los hospitales desechos del país. En Portugal, una espesa maraña de trámites separa a los facultativos venezolanos, el mayor capital científico del sistema público de salud, de su propósito de curar en la tierra de Camões.

Las barreras en contra del ejercicio no dejan de ser caprichosas y están dirigidas, en cierta forma, a los hijos desconocidos de Madeira. Porque es cierto, quienes arriban en busca de mejores oportunidades laborales son los hijos y nietos de los nativos que se marcharon a Venezuela y que ahora entregan a la isla su mayor fruto: un talento de años de preparación académica que el sistema de salud regional reclama a gritos.

Algunos entrados en edad trabajan en cafés, hacen de meseros, taxistas y vendedores para ganarse la vida. Otros agilizan documentos hasta donde el tiempo de la burocracia se los permite. Otros se dedican a la agricultura. Quienes esperan completar su reválida en Portugal aseguran que la nación es muy distinta a España, donde los requisitos son menos engorrosos para ser médico general. «Es un proceso largo, que demanda dinero, tiempo y mucha paciencia», advierten.

Hoy, el mayor reto del gremio es materializar su propósito de sanar enfermos. Las gestiones administrativas para revalidar las credenciales de los extranjeros están detenidas, son turbias. No hay quien aporte respuestas concretas a las interrogantes de quienes arriban en busca de oportunidades. Además de un examen que compruebe el dominio de la lengua portuguesa, los facultativos extranjeros en Portugal deben presentar una prueba escrita, otra evaluación oral más una tesis que deben preparar en un lapso de seis meses, que, de aprobarla, solo le aseguraría un puesto como médico general. Quienes tienes estudios de acuerto nivel deben dar por perdido el reconocimiento de las especializaciones. Están obligados a iniciar de nuevo.

Hay quienes aseguran que más allá de las limitaciones para ejercer la medicina, existe un choque de esquemas. En Portugal, afirman algunos, el Estado pierde mucho dinero en exámenes especializados porque los médicos locales no examinan, no tocan a sus pacientes. Solo se fijan en el monitor de una computadora. Según las estadísticas de la Asociación de Médicos Luso-venezolanos (Asomeluve), unos 150 galenos criollos han intentado emigrar para ejercer su carrera en Portugal, sin éxito.

Una de las exigencias más reiteradas es el manejo del idioma, un requisito sin el cual, es obvio, no podrán prestar servicio ni entender a los pacientes. Es esencial, lo admito. Sin embargo, que la regla sea que los médicos venezolanos hablen un nivel C2, un estándar internacional, que solo manejan los catedráticos en esa lengua, es excesivo.

De los 28.563 médicos que, a finales de 2017, trabajaban en el Servicio Nacional de Salud de Portugal, 1.828 (6,4%) eran extranjeros y la mayoría (55%) provenientes de países ajenos a la Unión Europea. Actualmente hay 87 médicos cubanos en el servicio público, debido a protocolos firmados entre Lisboa y La Habana, que le habrían costado 12 millones de euros al Estado. A la luz de ello, solo me asalta una pregunta: cuánto de estos profesionales tienen un nivel perfecto de portugués. Y si el inglés es su valor agregado, como ocurre con los médicos venezolanos, cuánto son capaces de comunicarse con los usuarios del sistema de salud que viven en las zonas más rurales de la isla.

Según las más recientes cifras de la Ordem dos Médicos de la Región Autónoma de Madeira, la organización que agrupa a los facultativos, en la isla hay 1.080 médicos agremiados, 48 más que el año pasado. Pero solo 57% son especialistas. La relación de profesionales por habitantes es de 4,3 por cada mil residentes. Sin embargo, en zonas como Calheta y Santana el indicador es de 0,7 por mil habitantes. Ello en una isla que enarbola el médico de familia, una figura de atención primaria, como estrategia de prevención.

En 2018 la Federación Médica Venezolana, cifró en 26.160 los especialistas que se han marchado del país. Pero pocos tienen éxito en la tierra lusoparlante. Solo en el área de pediatría más de 6.700 profesionales han dimitido de sus cargos. En medicina general, cuyas bajas ascienden a 9.000 facultativos, la huida alarma a los pacientes y sus familiares. Pero este talento es desaprovechado en Portugal y aún más en Madeira, donde los médicos nativos se marchan a otros países de Europa.

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