Con casi 43 años de su llegada a Venezuela, María José de Nobrega dice estar acostumbrada a este país. Comenta su agrado por su vida aquí y sus deseos de permanecer en la patria que la recibió cuando tenía 22 años de edad

Andreina De Abreu
dosreis.andreina@gmail.com

Agitando sus manos desde una puerta beige, María José de Nobrega me señalaba el camino a su hogar. Natural de Caniço, en isla de Madeira, nació el 4 de septiembre de 1944. Se crió en una casa con once hermanos, siete mujeres y cuatro varones.

“Mi papá era agricultor. Sembraba e iba a Funchal a vender para poder comer”, comentó De Nobrega. Recuerda que desde pequeña ayudaba a su padre a recoger las verduras de la tierra. Auyama, papa, batata y repollo eran algunos de los frutos del suelo que llevaba a su casa para que prepararan la comida.

Ella y algunos de sus hermanos tuvieron la oportunidad de estudiar. “Como mi papá y mi mamá no sabían leer, nos pusieron a nosotros a aprender”. Por la mañana se dedicaba a sus estudios, por la tarde a recoger hierba y alimentar a las cabras.

Su hermano mayor, cuando cumplió dieciocho años de edad, viajó hasta Venezuela por petición de su madre para no tener que cumplir con el servicio militar. A medida que los varones más jóvenes fueron creciendo, sus padres mandaron a buscarlos a Portugal para que viniesen a estar con ellos en Venezuela.

Cociendo su futuro

María José llegó a Venezuela el 16 de diciembre 1966 en el barco “Federico C”, después de seis días de travesía por altamar. Con 22 años cumplidos, se casó a través de un poder traído desde Portugal. Conocía a su esposo desde que tenía 15 años de edad.

Cuenta que su marido comenzó a construir una casa en Caniço, Portugal. Durante un tiempo debió detener la construcción por falta de recursos económicos, pero al recibir la herencia de su padre reanudó la construcción. Aún así, su cónyuge se vino a Venezuela para trabajar acá, hacer dinero suficiente y terminar su hogar.

Después de que se casara en 1966 y viviera con su esposo por un corto tiempo antes de venirse a Venezuela, Nobrega quedó embarazada de morochas. Su esposo llegó y comenzó a trabajar pintando casas, pero en ocasiones no tenía encargos. “Compré una máquina y empecé a coser embarazada, pensando en mi futuro”, comentó.

Se dirigió a una fábrica a pedir trabajo. “Me dieron unas blusas manga larga y con cuello y yo ni sabía usar la máquina”, explicó Nobrega. Sus primeros trabajos no le gustaron al encargado, quien decidió enseñarle. María José explicó que practicaba a diario y fue mejorando.

Trabajando y criando a sus hijos

En un principio vivió en un apartamento alquilado junto a su esposo y sus padres. Después de que nacieran sus morochas, María del Carmen y Lucia, quedó embarazada de José Antonio, el único hijo varón de la familia. En el año de 1972 nació Marlene, su tercera hija. Junto a su esposo y sus hijos se mudó a un apartamento.

Cuando su hija Marlene tenía casi tres años de edad, se le presentó la oportunidad de adquirir una casa a su nombre. La residencia pertenecía a una señora mayor a quien María José cuidaba. “Pagué la casa de contado a la señora y comenzamos a remodelarla porque estaba muy descuidada”, agregó.

Para el año de 1979 quedó embarazada de su última hija, Maribel. “Me sentaba en la máquina y ponía a mis hijos a hacer tareas”, aseguró. Sus cinco hijos son profesionales y María José tiene la dicha de tener cuatro nietos.

“Muy feliz con mis cinco hijos, estudiaron y les enseñé a trabajar”, explicó. Nobrega todavía comparte sus días junto a su esposo, con más de cuarenta años de matrimonio. Ha regresado a Portugal en dos ocasiones y dice no extrañar nada. Con una sonrisa de tranquilidad agrega “mi familia está aquí”.

NOMBRE: María José de Nobrega
AÑOS VIVIENDO EN VENEZUELA: 43 años
HIJOS: María del Carmen, Lucía, José Antonio, Marlene, Maribel
LUGAR DE NACIMIENTO: Natural de Caniço, en Madeira
FECHA DE NACIMIENTO: 4 de septiembre de 1944.

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