Desde 1969, por diferentes circunstancias, Albino Domingues no ha regresado a Portugal

Como bien es sabido, la sociedad de nuestro país está compuesta mayormente por inmigrantes de muchas partes del mundo. Durante el Siglo XX, las guerras en Europa y África hicieron que muchas personas y familias buscaran otras latitudes para tener una mejor calidad de vida. Venezuela fue uno de esos destinos y los portugueses fueron parte importante de ese proceso de transculturización. Uno de esos tantos casos es el de Albino Domingues, quien arribó solo y terminó echando raíces, las cuales lo ataron aquí para siempre.

Albino Domingues nació el 16 de enero de 1933, Freguesía de Labra, Lugar de Antela, Matosinhos, Porto. Tiene tres hijos: Jimmy, Fernando y Carlos. El último es narrador de fútbol en Directv Sports y forma parte de Deportes Unión Radio 1090 AM. Su esposa, desde hace 42 años, es María Eudosia Pernía de Domingues, oriunda de Santa Ana del Táchira. Aunado a eso, tenía cinco hermanos.

Llegó por primera vez a Venezuela en el año 1956, durante el gobierno de Marcos Pérez Jiménez, a quien derrocaron un mes después. “Mi hermano Manuel estaba aquí. Yo estaba en Cabo Verde, en el ejército. Él estaba en la construcción del Hotel Moruco, en Santo Domingo, en el estado Mérida. Yo estaba pendiente de venir. Cuando terminé en el ejército, me vine para acá. Él estuvo seis años, se regresó a Portugal y más nunca volvió”, dijo.

Estuvo más de dos años en Cabo Verde, pagando servicio castrense. “Era cabo primero. Yo fui para allá para sustituir a otro, era en San Vicente, en el Comando Militar. No había guerrillas. Cuando me fui, no había problemas. Los problemas comenzaron después”, apuntó.

La construcción civil ocupó su vida laboral durante sus primeros tiempos en la tierra de Bolívar y tuvo la oportunidad de conocer muchos lugares. “Con mi hermano hice muchas cosas. Allá en el Hotel Moruco en Santo Domingo, en el estado Mérida. Después, nos salió un trabajo en Prados del Este, cuando eso no era nada. Los ingenieros del Hotel Moruco querían hacer un colegio para 400 alumnos en Turén, estado Portuguesa, en las colonias agrícolas. Mi hermano tenía un amigo que venía de Brasil. Después, salió otro grupo escolar en Barinas, me llevé al cabillero, el que nos trajimos de Brasil y se vino para Caracas por el calor. Incluso, fuimos a Puerto Cabello a hacer algo para las Fuerzas Armadas de Cooperación, talleres, depósitos, entre otras cosas”, explicó. También contó que su hermano quería que estuviesen juntos y no cada quien por su lado.

Vivió una época difícil en un estacionamiento de La Florida. “Mi hermano consiguió unas quintas de la época del General Gómez. Los hermanos Álvarez estaban ahí, que hacían comida para los restaurantes y dejaron eso abandonado. Nos quedamos haciendo un estacionamiento. Le pedí una fianza a un amigo que hicimos una quinta en La Florida. El dueño en la inmobiliaria nos ayudó. Llegué a dormir dentro de los carros, fueron 10 meses sin pagar alquiler. El otro, un español, cobrando alquileres, con su mujer. Fui a hablar con el dueño a la esquina de Sociedad y me dijo que no tenía que aguantar ese trote. El señor Marco González fue y armó un lío. Había varias cocinas de los hermanos Álvarez, hasta recibos de los inquilinos por debajo del monto que pagaban. Me dieron mi plata y volví a Portugal”, apuntó.

Tuvo muchas idas y venidas, antes de quedarse definitivamente. “Llegué a Venezuela en 1956. Me fui y volví para acá otra vez, monté un negocio en la Avenida San Martín, donde está los Padres Domenicos, salí de ahí, me pagaron y volví a Portugal. Casi siempre iba por seis meses y regresaba. Ya en febrero del año 1969, vine y no regresé más nunca a mi país. Mi papá había muerto y cuatro años después, falleció mi mamá”, relató con nostalgia.

Su último viaje desde Portugal lo hizo en 1969. Unos judíos le ofrecieron trabajar con máquinas empaquetadoras, granos, arroz, entre otras cosas, en San Martín. Hoy en día, sigue en el mismo lugar. “Regresé porque tenía un trabajo en el Restaurant Las Palmas, ya conocía la zona, todos eran amigos míos, los judíos más que todo. El dueño de esto me dijo para seguir trabajando con él. Bueno, cuando vine por última vez a Venezuela, ellos me estaban esperando en La Guaira, yo había escrito una carta diciendo el día que llegaba. El dueño del Restaurant Las Palmas y el dueño de esto. Ya se murieron ya todos. Querían que trabajara con ellos, como sabían que era buena gente y sabía de carpintería, vine para aquí. Estoy trabajando con los hijos, no sabían nada de esto y les fui enseñando”, dijo.

Cuatro años más tarde de su última travesía por el Océano Atlántico, conoció a su esposa y madre de sus hijos. “En 1973, conocí mi mujer. Estaba una árabe y con nosotros trabajaba un español, la mujer era conserje. Vivía en la esquina Manduca, en La Candelaria. Un sastre amigo me dijo que me mudara con él para San Bernardino. Yo iba y echaba broma con la vieja. Bueno, hubo un día y él trabajaba en una sastrería en Chacaíto. Un día se le quedó la llave, el español me cuadró el lugar donde vivía. Ahí la conocí. Mi mujer quería ser adventista y para serlo, tenía casarse. Estuvimos 10 años juntos sin casarnos. Carlos y Fernando ya habían nacido. Ya tenemos 43 años juntos. Mi esposa tuvo a Jimmy antes de conocernos”, narró.

Extraña su tierra. No obstante, todo lo que tiene está en Venezuela. “De mi familia allá ya no queda nada, de mis familiares directos, es decir, padres y hermanos. Mi hermano Manuel tenía cuatro hijos y esa fue una de las razones por la cual se quedó allá definitivamente”, señaló.

El apellido Domingues tiene asegurada una generación más. “Tengo cuatro nietos, tres que son hijos de Jimmy y una de Fernando. Nosotros éramos solo hombres. Cuando llegó la niña de Fernando, fue una gran alegría”, apuntó.

Tiene un carro del año 1969 que atesora bastante. “Lo tengo como una reliquia, crie a mis hijos con ese carro”, señaló.

Egresado como Bachiller del Colegio Fray Luis de León y TSU en Administración del Instituto Universitario de Tecnología Venezuela. Actualmente cursa el décimo trimestre de Comunicación Social en la Universidad Católica Santa Rosa, siendo coordinador de fútbol del portal informativo “Pantalla Deportiva”. Fue conductor del programa “La Grada” en TNO Radio y formó parte del staff de la web “Huella Deportiva”. Forma parte del equipo de periodistas del CORREIO da Venezuela desde agosto de 2014. Se declara un apasionado por los deportes; gusto que alterna con el cine, el teatro, la música y la lectura, entre otras cosas.

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