«Los lusodescendientes crecimos con la devoción a Fátima y a José Gregorio»

El ejemplo del llamado médico de los pobres reafirma la calidad, el profesionalismo y la sensibilidad que tienen los médicos criollos

0
357

Delia Meneses

Para sus fervientes devotos no hay espacio para la casualidad. El ansiado anuncio de la beatificación del Venerable José Gregorio Hernández es tal vez un regalo de Dios en un momento particularmente especial y el preludio de tiempos nuevos para una Venezuela sufrida.

A los creyentes los mueve la fe con la que por años pidieron esta declaración que vino a oficializar lo que en la práctica ya ocurría: el culto que muchos venezolanos le rendían a este médico insigne por la ejemplaridad cristiana con la que vivió. La espera y la perseverancia valieron la pena y la alegría de tenerlo en los altares no tiene medida.

El vínculo de la comunidad portuguesa con el Venerable es estrecho. La devoción por José Gregorio también está presente entre los residentes de Portugal. Quienes retornan llevan la imagen del médico de los pobres en su equipaje. En algunos casos, la representación del médico ha pasado de generación en generación, por lo que el anuncio oficial llenó de regocijo a venezolanos radicados en todas partes del mundo.

Es el caso de Liliana Martins, una lusovenezolana con 23 años de servicio en la banca privada de Venezuela que ahora vende dulces en quiosco en Funchal. «Aquí en Madeira son muchos los que me han preguntado por su historia. Que en estos tiempos de pandemia se convierta en beato yo lo veo como una señal para que las personas reafirmen su fe. Los lusodescendientes crecimos con la devoción a Fátima y a José Gregorio y aprendimos a amarlo y a quererlo. Ahora, cuando muchos estamos fuera, nos aferramos a él para pedirle salud y seguir adelante».

Martins resalta la lucha que llevan adelante los médicos lusovenezolanos para que sus títulos sean reconocidos en Portugal. «Hoy, el ejemplo del llamado médico de los pobres, reafirma la calidad, el profesionalismo y la sensibilidad que tienen los galenos criollos». Como razonó el politólogo y humorista Laureano Márquez: “todos nuestros médicos llevan algo de la santidad de JGH”.

Liliana conserva el testimonio de una vecina que fue operada y que fue víctima de una mala praxis médica. «Ella atribuye su curación a José Gregorio al punto de que, cuando tomó la decisión de emigrar, empacó en su cartera una imagen del Venerable. En el Aeropuerto Internacional de Maiquetía cuando la guardia revisó su equipaje lo primero que salió fue la estatua. Ella les dijo: ‘esto no me lo van a quitar porque me lo llevo para Portugal'», cuenta como un ejemplo de que los migrantes traen en sus maletas la fe en este hombre que ejerció la medicina por un lapso de 31 años.

Fue de los fundadores de la Academia de Medicina, hablaba inglés, francés, portugués, alemán e italiano, dominaba el latín y tenía conocimientos de hebreo. Solía decir que el propósito del médico era curar y que para lograrlo había que tener dos condiciones: ser honesto y dejar a un lado la soberbia. Era un hombre de fe, iba a misa todos los días y quiso ser religioso. Tenía un buen gusto por la moda y siempre iba bien vestido.

Signo de esperanza

João Gabriel Goncalves, psicólogo, filósofo y docente, quien llegó a Madeira, la tierra de sus padres, en noviembre de 2019, recuerda que el proceso de beatificación de Hernández se inició hace más de 71 años, en 1949, con Monseñor Lucas Guillermo Castillo, para su momento arzobispo de Caracas.

«La iglesia donde se encuentran los restos del doctor José Gregorio en La Candelaria es una parroquia muy popular que vino a recibir a muchos de los primeros portugueses que arribaron al país. Estos emigrantes, que comenzaban a llegar en la década de los 50, conocen y empiezan a querer a este médico que ha marcado un referente en la historia de la iglesia venezolana por ser el primer laico hombre en ser beatificado».

Goncalves cree que el fundador de las cátedras de Bacteriología y Fisiología de la ahora Universidad Central de Venezuela fue tan caballeroso en la eternidad como en vida pues permitió que las damas María de San José, Madre Candelaria y Carmen Rendiles fuesen beatificadas antes que él.

«Los portugueses se identifican mucho con el nuevo beato, a quien se le atribuyen muchas curaciones, más de 2 mil. Es una noticia muy importante para la iglesia venezolana y para los laicos en estos momentos difíciles que atraviesa Venezuela, pues es símbolo de esperanza, de que hay una oportunidad a pesar de la adversidad, una luz en el camino. Pido a Dios que este venezolano interceda por nosotros ante Dios y la Virgen para que este proceso político y económico que vive Venezuela también tenga un proceso de sanación, de perdón de muchas heridas y sufrimiento, para que Venezuela pueda ser un país próspero y mejor».

Para Armelín de Sousa, sacerdote lusodescendiente y párroco de la Basílica de Santa Teresa en Caracas, la vida y testimonio de JGH son un bálsamo y un masaje de venezolanidad. Le pide al nuevo beato que pose su mirada de fe y confianza en el pueblo venezolano.

En Mérida repicaron las campanas de las iglesias a las 8 de la noche el día en que se conoció la noticia de la beatificación. «El hecho nos llena de alegría porque se valora la vida de quien se demostró amigo del necesitado. En estos tiempos tan oscuros es una muestra más de que Dios está con nosotros. Son muchos los devotos, conozco a un portugués que tuvo una lesión fuerte en la rodilla y el doctor, en su momento, le dijo que debían operarlo de los meniscos y que era posible que quedara usando bastón. El hombre se encomendó a José Gregorio y no necesito de operación ni de bastón, allí se ve claramente que fe y salud siempre tienen que ir de la mano», dice el lusodescendiente, radicado en Mérida, Carlos Marques.

En su ciencia, su humanidad y religiosidad, Jose Gregorio une a las personas, porque él buscaba la verdad, esa que muchos venezolanos anhelan para su país.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here