Los médicos cubanos en Portugal

Los médicos cubanos en Portugal

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Julio Materano

El ofrecimiento de Cuba para emplazar sus médicos en zonas foráneas de Portugal, enoja y detona el escándalo en la comunidad venezolana. Con cada oferta de La Habana, las redes sociales estallan y las críticas se orquestan por dondequiera. Eso sí, con mayor jaleo entre los criollos. Las declaraciones emitidas en abril por la embajadora de Cuba en Portugal, Mercedes Martinez Valdês, aún levantan polvareda. Para quienes decidieron emprender una nueva vida en el país ibérico, tal vez los cubanos encarnan la estocada final contra el sistema de salud venezolano. Son parte de una política fomentada por el entonces presidente Chávez, quien puso la piedra fundacional para instalar un sistema de salud paralelo, con el que en realidad pateaba los hospitales y las instituciones garantes de atención sanitaria: el Ministerio de Salud, el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales, la sanidad Militar y el Ipasme.

«Nosotros tenemos, actualmente, nueve médicos cubanos esparcidos por siete localidades portuguesas (…). Ponemos toda nuestra disposición para ofrecer a Portugal médicos cubanos, inclusive ya con alguna experiencia en la lengua», asomó la embajadora. Sus intenciones tienen fundamentos. Los servicios nacionales de salud de Portugal han gastado cerca de 12 millones de euros en la contratación de médicos cubanos desde 2009, según denuncia la prensa local. Entre agosto de 2009 y 2011, Portugal pagó 259.600 euros por mes por 44 médicos con horarios de 40 horas en los centros de salud y 24 horas en urgencias. Era parte del primer acuerdo con la isla.

Hoy los facultativos cubanos se reproducen en ciudades como Algarve, al sur de Portugal. Mientras los médicos lusovenezolanos, que son portugueses y tienen afinidad con la cultura y el idioma parecen destinados al destierro. En la práctica, no hay forma de que ejerzan sin antes hacer un proceso de equivalencia que demanda tiempo y dinero. Y que no es garantía de éxito. Además de un examen que compruebe el dominio de la lengua portuguesa, los facultativos lusovenezolanos en Portugal deben presentar una prueba escrita, otra evaluación oral más una tesis que deben preparar en un lapso de seis meses, que, de aprobarla, solo le aseguraría un puesto como médico general. Mientras ello acontece, los más críticos evocan los estragos en la atención sanitaria venezolana que llegaron con los cubanos.

En Venezuela, Barrio Adentro, la misión que por mucho tiempo fue el proyecto bandera del chavismo, chasquea las secuelas de la crisis. El programa enarbolado en 2003 por la Misión Médica Cubana para brindar atención primaria a familias pobres está tan desvalido como sus pacientes.

Sus médicos cuelgan las batas y los módulos enfrentan problemas de infraestructura, se quedan huérfanos, sin personal de turno. La salud de la red preventiva se desploma casi a la misma velocidad con la que recaen los más de 300 mil pacientes crónicos que hay en el país, según Codevida.

La medición en torno al programa, realizada en el marco de la Encuesta Condiciones de Vida 2017, contrasta con el pronóstico oficial y delinea con cifras en negativo el verdadero radio de alcance de una misión que, según Maduro, ha dispensado más de 731 millones de consultas.

El programa, que recibe recursos del Ministerio de Salud y del Despacho de la Presidencia, pasó de manejar 841,5 millones de bolívares en 2010, a 57.390 millones de bolívares en 2017, lo cual se traduce en un incremento de más 6.700%. Pero la misión, que ha sido promocionada como un modelo exitoso de salud, flaquea conforme se arraiga la recesión económica; un fenómeno detonado por la caída de los precios del petróleo y que en su discurso político el Gobierno atribuye al supuesto “bloqueo financiero y criminal de Estados Unidos”. Hoy el costo económico del plan continúa desangrando a la nación. Diariamente Venezuela manda 100 mil barriles de crudo a La Habana, más una serie de compensaciones, según la Subcomisión de Salud de la Asamblea Nacional.

No en vano, en octubre de 2015, el idilio de Chávez, que para entonces había practicado casi 1,9 millones de intervenciones quirúrgicas, según cálculos oficiales, fue objeto de cambios. En un intento afanoso por sacar a flote la misión, que lucía los arañazos de la crisis, Nicolás Maduro oficializó su relanzamiento en el Teatro Teresa Carreño. Fue, si se quiere, una novedad anunciada en el marco de los 15 años del Convenio Cuba-Venezuela, que aspiraba expandir su cobertura.

Entre otros aspectos, el anuncio pretendía remozar su infraestructura, incrementar el recurso humano y su presupuesto para salvaguardar el programa. Hoy menos del 20% de sus servicios están operativos.
Las cifras oficiales que resumen el rendimiento de Barrio Adentro son grandilocuentes y ciernen sobre la escena social un modelo que en realidad es un ideal del chavismo, una ficción. El déficit de médicos compite con la falta de insumos y medicamentos. El cierre técnico de la misión deja a los pacientes sin alternativas en un contexto sanitario en el que la organización Médicos Unidos por Venezuela denuncia un desabastecimiento de insumos que alcanza 90% en el área hospitalaria.

En Venezuela, según Encovi, cada año más de 25.000 mujeres no se controlan su embarazo y los programas ampliados de inmunización son todavía una gran deuda. Del seguimiento de Barrio Adentro, Transparencia Venezuela concluye que no existe una política coherente ni planificada a mediano y largo plazo, sino que es un instrumento de acción política.

Ya en 2009 el propio presidente Hugo Chávez reconoció que Barrio Adentro no cubría las expectativas. Y admitió públicamente que 2.000 módulos, de 6.000 que había, estaban inoperativos. Hoy buena parte de los galenos de la Misión Médica Cubana han desertado a Estados Unidos, lo cual se traduce en el abandono de un plan que pretendía garantizar atención las 24 horas del día.

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