“Para los portugueses Catia es sinónimo de esfuerzo”

“Para los portugueses Catia es sinónimo de esfuerzo”

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La parroquia Sucre cumple 82 años de historia y la huella de los lusovenezolanos en esta zona persiste

Delia Meneses

La parroquia Sucre de Catia arribó a sus 82 años (1936 – 2018) y aunque muchos aseguran que vive la peor situación de toda su historia, los catienses están luchando por superar los problemas.

La huella de los lusovenezolanos en esta zona popular sigue presente y desde los mostradores de panaderías, abastos, fruterías, restaurantes aseguran que las dificultades y problemas no lograrán cancelar sus opciones de futuro.

Diamantino Ferreira, dueño de una panadería en la avenida Sucre y con más de 45 años en la zona, recuerda que fue en Catia donde se instaló la primera sucursal de la cadena de supermercados Central Madeirense, específicamente en los Bloques del 23 de Enero, un lugar en el que vivieron y siguen viviendo muchas personas con sangre lusitana.

A pocos metros al sur de la plaza Pérez Bonalde está la bella estructura del Mercado de Catia, inaugurado en 1951. Dentro del recinto hay una frutería atendida por varias portuguesas quienes coinciden que “Catia es mezcla y tiene tumbao”.

Ciertamente en esta parroquia confluyeron miles de inmigrantes provenientes de toda Europa y de algunos países árabes que hicieron de esta comunidad en el Oeste de Caracas su hogar desde los años 40 del siglo XX.

María Ángela González, líder comunitaria y presidenta de la Fundación Catia Posible, recordó que en AltaVista, se construyó la primera iglesia Ortodoxa en Caracas en el año 1948, luego se edificarían una iglesia ortodoxa ucraniana y otra rusa en la calle Guayaquil de este mismo sector.

Emigrantes eslavos, polacos, yugoslavos, rusos huyendo del comunismo llegaron a este populoso sector, obligados por la destrucción ocasionada en Europa por la II Guerra Mundial. Españoles, portugueses, italianos, alemanes hicieron de Catia su casa y un terreno de pujanza y desarrollo.

Ferreira recuerda que los primeros portugueses trabajaron en talleres y fábricas y luego fortalecieron el sector comercial de Catia. “Este fue un lugar donde siempre se luchó por mejorar. Para los portugueses, Catia es sinónimo de esfuerzo, por eso nos duele tanto las limitaciones actuales para producir y ver tantos negocios con los anaqueles vacíos o cerrados por quiebre”.

Nunca las cosas han sido fáciles para esta parroquia que acaba de cumplir 82 años. “Hemos conquistado las cosas que nos merecemos luego de arduos reclamos y persistencia. El parque del Oeste, el Metro de Caracas, la salida del Retén de Catia, hoy tenemos un bulevar abandonado, nuestras comunidades, con muy pocas excepciones cundidas de problemas y basura, la inseguridad nos azota, nuestras calles están oscuras, rotas y en mal estado, pero eso no nos llama a la resignación y a la abulia. Catia es territorio de la música alegre y la salsa, no todas las cosas que aquí ocurren son malas y esto es lo que queremos reivindicar y destacar”, señaló González.

Luego de vivir y trabajar en Catia, muchos portugueses se mudaron a otras zonas de Caracas pero siguieron teniendo su empleo en esta zona. Uno de ellos es el madeirense Maciel da Silva, de 53 años.

Natural de Cámara de Lobos, llegó a Venezuela con sus padres cuando tenía 8 años. Con tan solo 13 años trabajaba como empaquetador en el área de víveres de la sucursal de Central Madeirense en Catia y, poco a poco, fue adquiriendo más responsabilidades y subiendo de cargo, hasta convertirse en gerente. “Aquí aprendí el valor de ser responsable y constante”.

Los luso-catienses coinciden en que quieren seguir manteniendo la luz encendida, que la oscuridad no los arrope, para que el esfuerzo, el ahorro y el trabajo sigan siendo el norte de Catia y así seguir sembrando futuro.

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