Los Rodrigues ostentan una larga y dulce tradición

El Rey de los Golfeados tiene más de medio siglo en el mismo lugar, inclusive después del incendio que los obligó a cerrar sus puertas por 8 meses en el año 2013

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Delia Meneses

Así como Manuel da Silva Oliveira, el fundador de la heladería de los mil sabores en Mérida es conocido jocosamente como el «papá de los helados», los Rodrigues son los reyes, los reyes del golfeado, este pan dulce típico de la gastronomía venezolana cubierto con melaza de papelón y queso rallado. «Muchos nos han imitado pero nunca igualado», es la frase que suele decir Fernando Rodrigues para referirse a esa suerte de «institución» que él, su familia y socios fundaron en el kilómetro 18 de la carretera Caracas-El Junquito: El Rey de los Golfeados, un establecimiento que tiene 75 años en el mismo lugar, inclusive después del incendio que los obligó a cerrar sus puertas por 8 meses en el año 2013.

En enero de ese año, las llamas comenzaron a altas horas de la noche y para cuando los dueños se dieron cuenta por las cámaras de seguridad ya era demasiado tarde pues se había quemado gran parte del negocio. Los que se esfuerzan por ver el lado positivo de todas las cosas aseguran que tras su remodelación, después del incendio, el Rey de los Golfeados se convirtió en un negocio moderno, adaptado a los nuevos tiempos y con mejores instalaciones para su fiel clientela.

Tras siete décadas de trabajo esforzado y confeccionando un dulce que es emblema del país, esta familia portuguesa es, para muchos, la mejor demostración de cómo se puede amar a Venezuela y luchar frente a la adversidad. «Son queridos por la comunidad, extranjeros que son más venezolanos que cualquiera. El señor Rodrigues prepara el mejor café del mundo y te trata con gran cariño»,  dice José Luis Mata, vecino de El Junquito.

Aunque la crisis económica y social ha mermado el consumo, en sus buenos tiempos, este negocio vendía entre cuatro mil a cinco mil golfeados en un fin de semana, cubiertos con queso de mano, el complemento que no puede faltar para darle a este pan el contraste de sabores que muchos añoran.

«Viví casi 30 años en la zona, es de las cosas que más extraño afuera, uno sabía que podía levantarse tempranito y pasar por allí antes de bajar, siempre era de los locales que abrían a primera hora, y jamás cerraban. El único momento: mientras lo reparaban luego del incendio», comenta Andrea Fuentes.

Era y sigue siendo una parada obligada para todos los que pasan por El Junquito, una tradición de la parroquia. Pero algunas cosas han cambiado. «Son muy sabrosos pero ya no tengo dinero para que mi familia desayune allí», comenta Edgar Aponte.

Aunque han surgido hasta franquicias especializadas en la confección de este dulce, muchos se refieren a los golfeados de El Junquito como los pioneros e inigualables en sabor y calidad.

«Los mejores recuerdos de mi infancia en mi Caracas natal, son los del domingo por la mañana alistándonos para ir a comer a El Rey de los Golfeados, inolvidable», dice Heidy Ojeda. Con su largo y laborioso andar, esta familia portuguesa ha demostrado que hacer golfeados es una forma de contribuir al desarrollo del país.

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