Lusos descendientes ayudarán a construir un oratorio y una plaza en fundación...

Lusos descendientes ayudarán a construir un oratorio y una plaza en fundación que atiende a niños de la calle

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Jean Carlos De Abreu

En momentos de crisis es cuando realmente se ve las verdaderas intenciones y dada la grave situación por la que atraviesa Venezuela, es cuando más se aprecia la solidaridad de los ciudadanos.

Antonio Da Silva es un empresario luso descendiente, quien sigue apostando por la buena voluntad de los ciudadanos y colabora con la Fundación Refugios Pana, una institución sin fines de lucro que ayuda a personas necesitadas y en situación de calle.

“Llegó a ellos porque soy amigo de la hermana de Alberto Khoury, de origen libanés, quien es el fundador de la fundación. En varias oportunidades los he acompañado a realizar labor social para los jóvenes que se encuentran en el centro”, contó.

Comentó que varios niños, de edades comprendidas entre los 9 y 13 años, que viven en una estación de servicio en Valencia y fueron ayudados por la institución gracias a su hermana, quien conversó con uno de ellos.

Contacto por causalidad

“Mi hermana conversando con unos de los niños, se dio cuenta que era educado. Tenía 4 años viviendo en condición de calle”, precisó Da Silva al tiempo que destacó que tras conocer al menor le dio hospedaje en un local que tiene en un centro comercial.

Manifestó que al hablarle de la fundación al niño, aceptó y lo llevó para conocerla. “Alberto lleva esa casa solo con donaciones. Actualmente, el lugar alberga a 40 niños. Ese espacio ha servido de albergue a centenares de niños”, sumó.

El empresario luso descendiente apuntó que ayudará a terminar dentro de la casa un oratorio y una plaza pequeña, en donde colocarán una virgen de Fátima.

Lo que hace el centro

Los especialistas que colaboran en Fundación Refugios Pana se encargan de brindar atención integral a los adolescentes que llegan a la casa hogar con problemas de conducta, conflictos familiares, sociales y adicciones.

Asimismo, les ropa, alimentación, educación académica, atención médica general, servicio de odontología, orientación psicológica, de acuerdo a la necesidad de cada uno, y educación religiosa.

Durante los 20 años de funcionamiento, han recibido ayuda tanto de empresas privadas como de la comunidad en general. “Estamos sorprendido de la capacidad del valenciano para ayudar con las causas nobles, a pesar de la crisis, la comunidad no ha dejado de traer su aporte”, puntualizaron el fundador del centro.

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