Lusovenezolanos disfrutaron en familia en el desfile «Trapalhão»

Lusovenezolanos disfrutaron en familia en el desfile «Trapalhão»

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El martes de Carnaval más de 800 enmascarados se pasearon por las calles de Funchal y, como cada año, la sátira popular se encargó de mezclar los disfraces con la crítica social y política

Delia Meneses

En las calles de Funchal, los adultos juegan al Carnaval.Es el desfile «Trapalhão», que se vale de ropas y trastes viejos y de la creatividad de varios grupos de amigos para hacer que la tradición se cumpla cada año. Es un cortejo donde se imponen la espontaneidad, las ganas de divertirse pero también encendidas críticas sociales y políticas. Es el Carnaval popular tradicional que habla de cosas serias, en tono de broma.

En esta ocasión las denuncias a la técnica de la acuicultura, las fallas del Servicio de Salud de la Región Autónoma de Madeira y el Coronavirus dominaron el desfile que reúne lo mejor de la creatividad madeirense, y que congregó a locales y turistas en una jornada familiar a la que se unieron muchos venezolanos.

Los criollos sacaron sus máscaras y pelucas para lucirlas en el cortejo Trapalhão como Lina Fernandes, quien llegó hace un año de Caracas, y aprovechó el Carnaval para personificar a una enfermera. «En Venezuela generalmente los que se disfrazan son los niños, aquí los jóvenes, los adultos y las personas mayores también disfrutan con sus máscaras, es más animado y todos se motivan a participar. Es un momento para compartir en familia».

El Trapalhão es un desfile menos organizado que el del sábado, que lleva meses de preparación, pero que aborda grandes temas, como el del aumento de la violencia doméstica y la desigualdad de género. También el maltrato a los ancianos y hasta la falta de cementerios en algunas localidades de la isla. Es la esencia del evento, decir las verdades, jugando.

El clima de verano en pleno febrero también contribuyó a que la fiesta fuese más animada y concurrida. «Es una manifestación popular, y por eso mismo tiene una gran autenticidad. Me gustó, fue muy divertido», dijo Lisbeth Montilla, quien llegó hace cuatro meses a la isla.

En la Avenida do Mar, que reunió a más de 5 mil personas, el castellano dominaba las conversaciones entre los que aguardaban ansiosos por los enmascarados. Se oyó y se bailó música en español y bailarinas lusovenezolanos se integraron a los grupos que animaron el cortejo.

Muchos de los criollos que este año apenas fueron espectadores de los desfiles se animaban entre ellos para formar parte de las comparsas del próximo año, movidos por la alegría, el desenfado y la audacia propias del Carnaval.

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