Lusovenezolanos se abren espacio en campeonato de Taekwondo de Madeira

Los jóvenes son alumnos de Hector de França, el actual campeón en combates de la Taça en la isla

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Delia Meneses

La Escuela de Arte Marcial Hong Ki Kim en Puerto La Cruz, estado Anzoátegui, es la cuna de grandes campeones del Taekwondo, entre ellos del campeón olímpico Arlindo Gouveia. Fue ahí donde el niño Jesús Barreto dio sus primeros pasos en esta disciplina, allí aprendió a amarla y, producto de su constancia, se ganó el respeto de sus compañeros y de su maestro. Luego le  tocó emigrar. En 2017 viajó con sus padres a la isla de Madeira y, tras este nuevo comienzo, se desvanecieron sus aspiraciones de llegar a ser Cinturón Negro. Se dedicó a pelear otras batallas: la de la integración, adaptarse a una nueva escuela, aprender otro idioma. «Al principio, solo encontré dos escuelas de Taekwondo en la isla y no me gustaron», confiesa Jesús Barreto, de 15 años.

Estuvo un poco más de dos años sin entrenar hasta que descubrió al maestro Hector de França, un lusovenezolano que llegó a la isla en 2018 y quien es el actual campeón en combates de la Taça de Madeira, por el Marítimo. «Hector le devolvió esa motivación por la disciplina», cuenta Solimar Gonçalves, la mamá de Jesús Barreto, el adolescente que el próximo 22 de febrero participará en el Campeonato Regional de Taekwondo que se realizará en el Estado dos Barreiros, en Funchal. De França también llevará a esta competencia al venezolano Leonardo de Sousa, de 19 años y al madeirense Diogo Gonçalves, 19 años.

Los tres pertenecen a la Escuela Tornados, que surgió en febrero de 2019, en Physical Fitness, uno de los primeros gimnasios que se instalaron en Funchal hace 26 años, en la Rua 5 de Outubro. Su dueña, Maritza Serrão, le dio un voto de confianza a De França y al Taekwondo poniendo a disposición una sala que sirve de dojo.

La esposa de Hector, Carla Prats, quien también es una de sus alumnas, recuerda lo difícil que fue conformar un grupo interesado en formarse en esta modalidad. «Pasamos cinco meses sin alumnos». En ese tiempo, De França entrenaba solo. Después se unieron a Carla: Jesús, Hugo, Romina, Francisca, Leonardo. Sus motivaciones son variadas: hay cinturones amarillos como Diogo, atletas de alto rendimiento, otros a los que no les interesa el combate sino el performance y hay quienes practican Taekwondo solo para mantenerse en buena forma física.

Los entrenamientos son las noches de los lunes y miércoles y los sábados en la tarde. Hay mucha resistencia, trabajo con pesas, flexibilidad, técnica para los poonse y combates, que es lo que más disfruta Jesús. «Tengo cinco meses en esta escuela y es un ritmo exigente. La del 22 de febrero es mi primera competencia en Madeira. Me siento nervioso porque no he visto a los otros participantes pero también me siento confiado y con posibilidades de ganar», dice Jesús, quien es cinturón verde punta azul y encarna el sueño que su padre, Dany Barreto, nunca pudo concretar. «Yo practiqué kárate y me gustaba mucho pero no logré continuar. Ahora veo a mi hijo en el Taekwondo y siento mucho orgullo».

En Venezuela, Jesús Barreto participó y ganó muchos campeonatos. El equipo al que pertenecía se hizo con la Copa Embajador Corea 2016 y ese mismo año él obtuvo el primer lugar en poonse. Quien también compitió y generalmente lograba pararse en el podio es Leonardo de Sousa. Este lusovenezolano practicó Taekwondo ochos años de su vida cuando residía en Palo Verde, en Caracas.

Hace un año y ocho meses Sousa vive en la casa de su abuela en Campanario, Ribeira Brava, en la isla de Madeira. Él y sus padres, que continúan en Venezuela, acordaron que era lo mejor. «Me vine a ciegas pero con una prioridad que era entrar a la universidad. Primero llegué a la escuela de Ribeira Brava y luego ingresé a la Universidad de Madeira donde estudio un TSU en Gestión Energética y Ambiente». Fue en la UMA donde vio una publicidad que invitaba a inscribirse en la escuela dirigida por De França y fue así como retomó el camino del Taekwondo, una disciplina que lo ayuda a pensar, a meditar y conectarse consigo mismo.

«En octubre de 2019 comencé en el dojo, y me fui adaptando a las artes marciales de la isla. Es un nivel exigente. Estoy nervioso por competir, es algo nuevo, y siento como si estuviese representando a Venezuela», comenta Leonardo, quien porta cinturón verde. Desde la distancia recuerda a sus padres. Su madre siente el temor natural de que pueda sufrir alguna lesión y su papá, al ser una persona con discapacidad que dispone de poca movilidad, se siente orgulloso de que Leonardo se destaque en esta modalidad que se caracteriza por la espectacularidad de sus patadas rápidas y precisas.

El madeirense Diogo Gonçalves también se estrena en campeonatos este 22 de febrero. Estudia décimo segundo año y asume el Taekwondo como un hobby. Reconoce que desde que practica esta disciplina se siente más activo, elástico, resistente y alegre. También ha ganado confianza y madurez, además de conocer gente maravillosa. «Hay un respeto máximo en el dojo y se mantiene la amistad entre los colegas».

De Sousa coincide con Gonçalves, por eso no le teme a los golpes. «Si bien aprendemos defensa personal, nos enseñan a actuar con control y nos dicen que no hay que buscar la pelea sino evitarla. La intención nunca es dañar al otro».

En el campeonato regional del 22, dependiendo de su desempeño, los atletas se subirán al dojo en dos o tres oportunidades. El consejo de su maestro, Hector de França, es que disfruten la competencia. «Puede pasar cualquier cosa. Pero, independientemente del resultado, es un logro que tres de mis alumnos puedan participar, sobre todo porque esta escuela apenas acaba de cumplir un año el pasado 18 de febrero», dice el lusovenezolano, cuya meta es llevar a uno de sus alumnos a la Selección de Taekwondo de Portugal.

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