«Madeira tiene una deuda de gratitud con los emigrantes»

«Madeira tiene una deuda de gratitud con los emigrantes»

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Rui Barreto, el cabeza de lista por el CDS y aspirante a la presidencia de la Región Autónoma de Madeira, pide a las nuevas generaciones cuidar la democracia y defiende el regreso de lusodescendientes en un contexto social en el que aumenta el arribo de venezolanos

Julio Materano

Rui Barreto, el cabeza de lista por el CDS y aspirante a la presidencia de Madeira, lidera desde hace ocho años la oposición en la isla y se presenta a las elecciones de la Asamblea Regional como el antídoto contra la mayoría absoluta, un cuadro cerrado de gobierno que, en términos parlamentarios, es la suma de la mitad de las curules más uno. Visto a contraluz, en la región insular esta fórmula política, la del mando de mayorías, exige capitalizar 24 de los 47 escaños del cuerpo legislativo, un resultado que no es inusitado ni insólito en la Madeira de Alberto João Jardim, quien presidió el gobierno de la isla entre 1978 y 2015, con el récord de 10 elecciones regionales ganadas.

El CDS, la tolda que secunda a Barreto en su pretensión política, lidera la Cámara Municipal de Santana, siete juntas de freguesía y se arroga el mayor número de propuestas a favor de las comunidades madeirenses, incluidos los lusovenezolanos. Barreto sabe que la tiene difícil en las elecciones del 22 de septiembre, pero advierte que su contendiente más aventajado, un partido cuyo nombre pesa menos que los años en el poder, 42, para ser exacto, tendrá que negociar con el CDS para formar una coalición política. En la práctica, afirma, el adversario tendrá que ceder terreno en aquello que la tolda socialcristiana, a quien se le augura por lo menos 7 diputados, no esté de acuerdo.

Como prueba de ello, el exdiputado de la Asamblea Nacional de Portugal asegura que 24 de 28 estado miembros de la Unión Europea son coligaciones de dos o más partidos, lo que no necesariamente significa inestabilidad. «Las mayorías absolutas muchas veces se transforman en arrogancias absolutas», dice y lanza lo que hasta ahora parece su apuesta más ambiciosa: aumentar de 0,3% a 1,5% del PIB los recursos destinados a investigación, ciencia y  tecnología. Dice que el objetivo es preparar a la perla del Atlántico para el futuro. «Tenemos recursos marinos por explorar y tenemos el reto de formar a los mejores profesionales en el área hotelera. 57% de las personas que están en edad de trabajo apenas tienen hasta noveno año de escolaridad».

Barreto pone sobre la mesa un reclamo que roba tranquilidad a los madeirenses: el retroceso del sistema de salud público, e ilustra con números gruesos el desmayo en la atención sanitaria. Hasta la fecha, dice, existen más de 50 mil actos médicos en lista de espera. De ese número, 21 mil son cirugías, 7 mil más que hace cuatro años cuando Miguel Albuquerque inicio su gestión. Hoy la falta de anestesiólogos, cirujanos y especialistas ralentizan el servicio. «Nosotros tenemos 11 estructuras operatorias, 7 para cirurgías y 4 ambulatorias con un uso inferior a 50%», ironiza.

—¿Cuál es su oferta para los madeirenses?

—Los madeirenses son los que más pagan impuestos en Portugal. Una de las prioridades es recuperar el rendimiento de la clase media, aquella que contribuye de manera abrumadora para los ingresos fiscales del Estado.Tenemos que aliviar la carga fiscal sobre la clase media y las empresas para recuperar el rendimiento. No es posible que Madeira esté creciendo desde hace 70 meses consecutivos y tenga una tasa de riesgo-pobreza de 27,4%. Si la economía crece, las personas tienen que elevar su condición social y económica. Tenemos una apuesta clara para promover los productos regionales.

—¿Y el reto con las comunidades?

—Son una apuesta fuerte del CDS. Promovimos un debate en el Parlamento Regional, no solo sobre Venezuela, sino sobre la situación de nuestra comunidad en el exterior. Tenemos que conectarnos. Los emigrantes tienen que estar involucrados en la estrategia del desarrollo de Madeira. Debemos transferir la política a los jóvenes. Es necesario que se mantengan las conexiones familiares, de inversión y de relación con nuestra tierra.

—¿Cómo podría impactar su candidatura en una Madeira donde la escena política parece estática?

—Soy joven, tengo una profesión y veo la política como una misión de servir a mi tierra, y a los madeirenses dondequiera que estén. Es importante transformar a Madeira para el futuro, con nuevas ideas, sin preconceptos. Tenemos gente en todo el mundo con muchas cualidades, en las universidades, en la ciencia, en la arquitectura, en el comercio. Nunca abdicar de nuestra autonomía para avanzar a una región más sustentable. Buscamos preparar a las nuevas generaciones para que el desempleo no sea un problema y la migración no sea una tendencia.

—¿ Acaso se ha cedido terreno en la autonomía?

—La autonomía es un proceso continuo, nunca es un proceso cerrado. La relación entre la Región Autónoma de Madeira y el gobierno portugués siempre fue de conflicto y de permanente negociación. Exige políticos con coraje, con convicciones y gente capaz de garantizar que los principios de la Constitución sean respetados, como el principio de la continuidad territorial. Nosotros vivimos en una región insular y ultraperiférica y, en algunos casos, este principio no se aplica en lo que respecta al transporte. Es necesario revisar el modelo de transporte aéreo. Necesitamos apoyo del Estado para la conexión de ferry entre Madeira y el continente portugués. Madeira y Açores son las únicas dos regiones insulares de Europa sin transporte marítimo de pasajeros al continente europeo. Tenemos que tener una compañía aérea como TAP, que sirva a los intereses de Portugal, de Madeira y de las comunidades. Y esto no ha ocurrido. El Gobierno de la República revirtió el proceso de privatización diciendo que era más idóneo que la TAP fuese pública, pero vemos que cada vez más se aleja de los portugueses.

—Madeira ha sido descrita como la cuna de la emigración, ¿tiene algún vínculo con los emigrantes?

—Tengo una fuerte vinculación con las comunidades, especialmente con Venezuela. Mi padre fue, durante 10 años, representante del BANIF en Caracas. Los hermanos de mi mamá y de mi papá fueron emigrantes en Venezuela. Visité varias veces ese país y valoro mucho a su gente. Y aquellos que, por diversas circunstancias, tuvieron que salir de la isla no necesitan pedir permiso para regresar. Son portugueses, son madeirenses y tienen los mismos derechos. La prueba de que hemos valorado a las comunidades ha sido el hecho de que hemos presentado propuestas en el Parlamento Europeo, Nacional y Regional. Fuimos los primeros en llamar la atención en torno a la situación de Venezuela y las violaciones de derechos humanos. El CDS fue el primer partido en Portugal en reconocer a Juan Guaidó y en promover un grupo de contacto para que Venezuela pueda iniciar un proceso de transición democrática.

—¿De qué forma se ha incluido a los emigrantes en la agenda política de su partido?

—En el Parlamento Nacional presentamos propuestas para que sean reconocidos automáticamente los grados académicos de los portugueses con formación universitaria en Venezuela y en el extranjero. Pero en la práctica esto no ocurre. Los colegios profesionales han mostrado resistencia. Hay procesos en el área de Ingeniería que están fluyendo más rápido, pero no ha ocurrido así en Medicina. Yo pregunto, por qué, si tenemos déficit de médicos en Portugal y hay madeirenses con esa formación, no facilitamos el reconocimiento académico, a semejanza de los españoles, para que puedan ejercer aquí.

—¿Le apetece al CDS capitalizar el voto de las comunidades?

—Hemos defendido y defendemos el regreso de los lusodescendientes en el área de la integración. Debo reconocer que la Secretaría Regional de Educación facilitó la inclusión de los hijos de emigrantes en los diferentes niveles de enseñanza en Madeira. Pero es necesario hacer más, apoyar en la enseñanza del idioma porque es un factor esencial de integración, conocer mejor los programas que existen de apoyo social pero también instrumentos de inversión y creación de empleo.

—¿Cuánto del trabajo que hizo su padre en Venezuela permeó en usted?

—Fue una persona extraordinaria. No conozco un emigrante que no haya querido a mi papa o que lo haya rechazado. Ademas de hacer un trabajo en representación de una institución financiera, era un amigo de los emigrantes, de las familias, siempre listo para ayudar al prójimo y eso es un valor importante que yo aprendí. Estuve en Venezuela siempre de vacaciones. Mi papá vivió allá permanentemente durante 10 años. Fue el pionero en la creación de los Encontros de Gerações, una iniciativa coorganizada por Banif, Correio de Venezuela y Diario de Noticias y que fue muy importante para aproximar nuestra comunidad con Madeira, crear lazos fraternos de comercio y de cultura.

—¿Cómo se ve Venezuela desde la distancia?

—Estuve allá cuando Chávez comenzó a gobernar y había un cierto entusiasmo con su llegada porque había un hastío por la alternancia política entre adecos y copeyanos. Hubo una esperanza por cierto cansancio político. De hecho, en los primeros tiempos, intentó agradar con los programas sociales a los venezolanos que se sentían excluidos en un país que nunca distribuyó bien la riqueza. Pero el modelo económico que introdujo fue catastrófico, porque la política, de hecho, es una trampa cuando no mejora la vida de las personas. Y él se fijó en el modelo social comunista de inspiración cubana y destruyó todo el sector productivo del país. Estatizó todo, colocó el Estado en el centro y no a las personas. De hecho, hay una élite política que controla el país porque tiene la muralla del ejército que  protege al gobierno y sus intereses. El país está lleno de recursos, solo necesita tener un gobierno con ética republicana.

—En los últimos años han retornado entre 8 mil y 10 mil lusovenezolanos a la isla…

—Siempre digo que son sangre de nuestro sangre, madeirenses de cuerpo y alma. Para mí son bienvenidos y sé que algunos vienen no por gusto sino porque están huyendo de una crisis humanitaria, política, social y económica. Madeira tiene una deuda de gratitud con los emigrantes. Los primeros recursos para el desarrollo de la isla no fueron de la Unión Europea, fueron de las remesas de los emigrantes. Muchas familias subsistieron en Madeira durante décadas porque recibían dinero de los familiares que estaban en Venezuela, en África del Sur o en Estados Unidos. Un emigrante que regresa tiene los mismos derechos y las mismas obligaciones.

—¿Entonces reconoce que esta comunidad ha ayudado a dinamizar la economía?

— Sí, así es. Y el país no ha tratado bien a los emigrantes. En lo que respecta al caso de Banif no pagaron a los emigrantes que colocaron dinero en préstamos. Les garantizaron que esa inversión era segura porque el banco era del Estado, colocaron allí muchos de sus ahorros y fueron engañados por el Estado portugués que hasta ahora no juntó 250 millones de euros para resolver la deuda.

—De recuperarse Venezuela, muchos madeirenses y lusodescendientes vaticinan su regreso…

—Cada uno tiene que estar donde quiera estar. Nuestra riqueza es estar ligados a través de nuestra lengua, de los negocios, de nuestra cultura y tradiciones. Sí, Venezuela es una tierra de oportunidades donde las personas elevaron mucho su calidad de vida. Por supuesto que es muy diferente estar en una región con 250 mil habitantes que estar en un país que ronda los 40 millones. Las oportunidades son otras, las escalas son otras. La capacidad de ganar dinero también es superior.

—A propósito de las elecciones del Parlamento Europeo, ¿cuál es el balance? Quizás falta un discurso que enamore a la población

—Europa tiene que tratar de aproximar a los países menos desarrollados a los más desarrollados para que el proceso de integración sea mayor. Nuestro salario está cada vez más distante del salario de un alemán o un francés. El costo de un automóvil es más caro en Portugal que en Alemania, pero Alemania tiene un salario tres veces superior al de Portugal. La abstención fue elevada en Portugal, estuvo alrededor de 70% en las elecciones europeas y es, de hecho, un elemento preocupante porque 7 de cada 10 portugueses no votaron.

—¿Cómo enamorar a la gente para que vote?

—Hay muchas personas que dan por adquirida a la democracia, y como la dan por adquirida, están cómodos con quien esté gobernando. Y no votan porque consideran que eso no va a cambiar su vida, tienen empleo, casa, viajan, van a un restaurante y entonces consideran que, sea cual sea el gobierno, la democracia está garantizada. Eso es peligroso. Las nuevas generaciones tienen que cuidar siempre la democracia y no perder la memoria del pasado porque Adolf Hitler llegó a Alemania por la vía democrática. Tenemos que evitar el populismo y la demagogia que se alimenta de un estado de letargo o de inercia.

—¿Cuál es el rol de los jóvenes en una isla que despide a sus jóvenes?

—Los jóvenes se interesan por la participación cívica y no necesariamente por la política partidista. A las personas no le gustan los políticos en general y eso tiene que ver con situaciones de corrupción, de nepotismo, y de falta de sentido de Estado. Eso ha alejado a los jóvenes. Hoy tienen nuevas causas y una de ellas es el ambiente y la sustentabilidad, cuidar del planeta y cuidar el agua, temas que tienen que ver con la economía circular y con una visión de que si nada hacemos, vamos a afectar aún más el planeta.

—Ha hablado de su postulación como un deber de ciudadanía, ¿por qué?

—El papa Francisco dice que todos los cristianos tienen que participar en la política activamente porque tiene que ver con nuestra vida. Si voy a abastecer el carro de gasolina eso es, en el fondo, una decisión política. Si compro una casa, hay una decisión política por detrás, como el pago de impuestos. La sociedad me dio muchas cosas. Tuve la oportunidad de estudiar, de formarme, de trabajar, de participar activamente en asociaciones cívicas y  tengo el deber de devolver todo aquello que recibí.

—¿En qué puede contribuir su candidatura a la pluralidad en Madeira?

—Tengo una característica: no dependo de ningún grupo económico, dependo de mí y de mi conciencia. Aquello que conseguí fue por fuerza de mi trabajo, del mérito y de la constancia. Di pruebas de coraje, pues fui durante tres años diputados a la Asamblea de la República  y por dos veces voté en contra del presupuesto de Estado, voté primero por los intereses de Madeira y de mi partido. Si el pueblo me da la oportunidad de gobernar mi tierra, no quiero agradar a todos ni voy a decir todo lo que las personas quieren oír, pero voy a decir aquello que quiero hacer, cómo lo voy a hacer y cuánto va a costar. Tengo mucho respeto por el dinero de los impuestos.

—En Venezuela los políticos se descalifican, ¿cómo se hace política en Madeira?

— Yo creo en la política con utilidad, política positiva. Soy parlamentario y, obviamente, allí en ocasiones se realizan debates fuertes. El CDS no es el PS ni es el PSD. El CDS es la fuerza de sus ideas, de sus propuestas. A mí me gusta invertir el tiempo en decir lo que voy a hacer, en lugar de críticar. No tengo problema en decir que el Dr. Alberto João Jardim fue importante para el desarrollo de Madeira, fue imprescindible para la consagración de la autonomía y para el desarrollo. Pero pienso que ahora necesitamos de un nuevo ciclo que no se ha iniciado. Tenemos que avanzar para otras áreas como la diversificación de nuestra base económica.

—A su juicio, ¿cómo lo ha hecho Albuquerque?

—El gobierno del Dr. Albuquerque desilusionó porque las personas estaban esperando más, fue un gobierno que supo a poco. Él venía con ganas de transformar nuestra base de desarrollo económico, pero no lo logró, volvió a los mismos hábitos, a los mismos intereses. La salud empeoró. Hay quienes esperar tres años por una cirugía.

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