Hacer marionetas para prevenir la violencia de género

Hacer marionetas para prevenir la violencia de género

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En lo que va de 2019, 18 mujeres fueron asesinadas en Portugal. La lusovenezolana Elizabete Andrade lidera un proyecto para educar en la igualdad a través del arte popular africano

Delia Meneses

Los números hablan de una realidad alarmante así como de la necesidad de actuar rápido. En lo que va de 2019, 18 mujeres fueron asesinadas en Portugal en un escenario de violencia doméstica. Para los expertos hay dos medidas esenciales que el Gobierno debe tomar: colocar al agresor fuera de la casa inmediatamente e intervenir con celeridad después de la denuncia para proteger a la víctima, en un periodo menor a 72 horas.

Más allá de estas acciones reactivas, hay quienes vienen tejiendo labores menudas para fomentar la igualdad y prevenir los maltratos, como Helena Pestana, presidenta de la Asociación Presencia Femenina, con sede en Funchal. A su juicio, para romper el ciclo de la violencia es necesario educar y sensibilizar a los niños y jóvenes.

«Hay que cambiar mentalidades y comportamientos y estar atentas a las señales de alerta para evitar la violencia en el noviazgo. Las jóvenes no pueden seguir viendo los celos como una señal de amor, ni permitir a la pareja que controle su teléfono o la ropa que se van a poner. Educar para la igualdad es enseñarle al niño y a la niña que ambos deben ayudar en las labores domésticas», explica Pestana, quien tiene a su cargo una casa de abrigo que recibe a mujeres víctimas de maltrato y a sus hijos menores.

En un año, Presencia Femenina puede atender a más de 800 mujeres que buscan en esta organización apoyo psicológico, social y jurídico. Constatan que la violencia psicólogica está presente en 100% de los casos. La asociación insta a las personas a «no sentirse intimidadas» advirtiendo que «el miedo a las represalias» hace que las víctimas no busquen ayuda especializada.

Pestana destaca que trabajan para promover la dignidad de la mujer y la familia y especifica que en 2017 apoyaron a 42 venezolanas. «En estos casos, ellas no fueron víctimas de violencia doméstica pero recibieron ayuda en el ámbito social y de integración».

Las peripecias de Elizabete

La venezolana Elizabete Andrade colabora con la Asociación Presencia Femenina en el área educativa. Nació en Valencia, estado Carabobo, en 1965, pero se crió en Madeira y asegura que su vida está llena de peripecias, como aquellos dos viajes que realizó a Guinea-Bissau. Estudió Diseño Técnico y ha trabajado en el área de la arquitectura pero su sensibilidad por los temas culturales y sociales le ha permitido involucrarse en proyectos como: Muchos pueblos, una sola raza.

Esta iniciativa, liderada por Presencia Femenina, tiene como objetivo educar contra la violencia y la desigualdad de género, creando puentes con diversas instituciones de países africanos de habla portuguesa en Madeira como Acram (Asociación Africana de Cultura y Recreación en Madeira), Casa de Angola en Madeira, Liga de Combatientes – Núcleo de Funchal, AMSPA (Asociación Misericórdia y Socorro Portugal África), Compañía Misionera del Corazón de Jesús en Madeira y Guinea Bissau y con las escuelas de la Región.

«Para defender a las mujeres tenemos que educar desde una edad temprana», asegura Andrade, quien es la protagonista de un proyecto de elaboración de muñecas junto a los niños y jóvenes del bairro de Nazaré, en Funchal, en la sede de Acram. Fruto de ese trabajo es la exposición de máscaras y marionetas de mujeres africanas

«Este proyecto se inició para promover la cultura africana. Y nada mejor que divulgarlo jugando. Es justamente jugando, usando la técnica del papel, la pega y materiales de reciclaje, que estamos educando a los niños sobre la mujer y la cultura africana». Estas  marionetas hechas de material reciclado son usadas en las escuelas de Madeira para contar las historias de África, son una forma de educar para la igualdad.

Andrade ha participado en conversatorios donde ha contado la experiencia del Abayomi, símbolo de la fortaleza de las madres africanas. Cuenta la historia que cuando la madres eran captadas por los esclavistas, los hijos sufrían y se desesperaban. Para calmar el llanto y dolor de su hijo, las mujeres se arrancaban las vestiduras y elaboran una muñeca de trapo, como símbolo de amor y protección, para poder llevar alegría a los suyos en momentos de sufrimiento, así como para que el niño no sintiera que estaba solo; es lo que se conoce como muñeca “Abayomi”, estas figuras representan la valentía y fortaleza de las mujeres africanas, que a pesar de ser expuestas a tratos inhumanos, hicieron de todo por sus hijos.

“Abayomi” es una palabra africana que significa “encuentro precioso”. Y es empleando este arte como Andrade contribuye a educar contra la violencia de género.

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