Más familias venezolanas recurren a Cáritas Funchal para asegurar su alimentación

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Delia Meneses /Julio Materano

La pandemia agrieta el rendimiento familiar en Madeira. La pérdida de empleos, que desagua el presupuesto doméstico, agrava aún más el panorama para quienes arriban a la isla en busca de mejores condiciones. Quienes naufragan el rumor de sus callejones desolados, saben que la isla luce desnuda sin sus turistas.

Las rutinas en los restaurantes y hoteles, que son los principales empleadores de Madeira, están adormecidas. El desempleo vuelve a crecer en una región que en 2019 tuvo el récord de 7 millones de dormidas. Con 11.800 personas desempleadas en el tercer trimestre de 2020, Madeira tiene una tasa de desocupación de 8,6%. Y los venezolanos no escapan de las garras de la peste.

De acuerdo con Cáritas Funchal el número de hogares dependientes de la Iglesia, en ese territorio, pasó de 108 en 2019 a 120 en 2020. Las estadísticas confirman un aumento del 57% con respecto a las familias atendidas en 2018 cuando solo 76 recibían cestas de alimentación.

Las cifras ponen en perspectiva una realidad que salpica a las familias más vulnerables, aquellas que perdieron sus fuentes de ingreso tras la embestida de la pandemia y que ultrapasaron las fronteras de la pobreza. En total más de 1990 hogares, algunos de ellos lusovenezolanos, han sido asistidas con alimentos en todo lo que va de año. La situación es totalizante y de por sí más urgente que lo habitual.

De acuerdo con el balance oficial, el mes en el que más se sintieron los estragos económicos de la pandemia fue julio, cuando Cáritas entregó alimentos a 323 casas o lo que es igual a decir 969 personas. Sin embargo, en septiembre el número de beneficiarios tuvo un repunte de 56% con respecto a agosto, cuando la organización abasteció de comida a 234 familias. La data va en ascenso desde abril.

Duarte Pacheco, presidente de Cáritas Diocesana de Funchal, advierte que a diferencia de otros años la organización no pudo llevar a cabo las campañas regionales para la recolección de alimentos, que se suelen desplegar a inicios y a finales de año.

«Lo que ocurre en la región es la expresión de lo que pasó en el Continente portugués, la pérdida de cientos de puestos de empleos es consecuencia del efecto dominó que perjudica la economía y compromete los ingresos familiares», explica el portavoz de Cáritas.

La comunidad venezolana que, a juicio del vocero ha sabido integrarse en la dinámica de la isla, también es vista con preocupación. La situación de algunas de estas familias, dice, está en retroceso. Algunas han tenido que llamar nuevamente a la puerta de la institución para recoger donativos de alimentos, enseres y medicamentos. Por lo menos 59 familias, entre madeirenses locales y regresados de Venezuela, han sido beneficiadas con entregas de medicamentos.

Pacheco sabe que la necesidad es mucho mayor e insiste en que la institución hace su mayor esfuerzo para aliviar las carencias de quienes gestionan atención. En paralelo a todo el trabajo interno de Cáritas, que ha beneficiado un universo de 5.970 personas en 2020, la institución también administra un presupuesto de medio millón de euros, que forma parte de los 5 millones de euros del Fondo de Emergencia para Apoyo Social que el gobierno regional otorgó en abril a 16 actores de corte social.

Hasta la fecha Cáritas Funchal ha ejecutado 51.729 euros, de los cuales 9.942 fueron repartidos en la freguesía de Santa Luzía; 15.111 en Santa María Maior y 9.214 en la Sé. En total, fueron repartidos casi 34.300 euros hasta el mes de octubre entre familias que perdieron sus puestos de trabajo. En las zonas con mayor alcance descuella Santa María Maior donde el desempleo es aún más profuso.

Este apoyo, que proviene del Fondo de Emergencia, prevé estabilizar la situación financiera de hogares con pérdida de rendimiento y será extendido hasta el 31 de diciembre, según informó Cáritas.

En torno a las dos campañas de recolección de alimentos que fueron aplazadas por fuerzas del Covid, Pacheco explicó que por iniciativa de un grupo de estudiantes de la Escuela Francisco Franco, ubicada en Funchal, las instituciones de educación inicial, media y diversificadas engranarán esfuerzos para recoger alimentos en toda la isla y contribuir con los más pobres.

Se trata de un trabajo mancomunado que dará pie a una importante campaña que se ejecutará del 9 al 13 de noviembre con la cual se pretende oxigenar el trabajo de Cáritas en el archipiélago. Lo más importante de toda esta campaña es que nace de una inquietud de los propios jóvenes que se han organizado para responder a las comunidades más pobres.

A la par de todo ello, la franquicia Pingo Doce, la cadena de supermercado que presta servicio en la isla y en todo Portugal, activará la campaña Vale en las cajas de sus establecimientos de Madeira y Porto Santo, con el propósito de recaudar alimentos como arroz, leche, harina, salchicha y atún, por mencionar algunos.

En un momento tan peculiar como la pandemia, Cáritas y sus benefactores, como Pingo Doce, mantienen el compromiso social de ayudar a las familias más frágiles de la región. Además de la campaña Vale, que este año corre por cuenta del supermercado, esta marca también aporta 6.000 euros en alimentos por año y productos que son sacados de los anaqueles.

«No es solo entregar una cesta de comida mensual. Es también procurar estabilidad para esas familias que realmente tienen dificultades económicas». Asegura que el objetivo de los proyectos es que las personas en exclusión vuelvan a recuperar el lugar que les corresponde en la sociedad.

Por eso quienes demandan apoyo, enfatiza Pacheco, no están solos. Reciben visitas permanente de un trabajador social. En una primera fase, los retornados son acogidos por tres meses. Pero en la mayoría de los casos el acompañamiento se extiende por medio año y más, de ser necesario. Desde 2017, y pese a la estrechez del equipo de voluntarios, la organización decidió abrir el radio de trabajo, que entonces solo se limitaba a orientar a los recién llegados y a gestionar apoyos aislados, para luego hacer seguimiento a cada uno de los casos.

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