Lili Dos Santos Rentroia

Soy María Rodrígues Bonito. Nací en la freguesia dos Canhas, no sitio de Feija y Eiras, el 29 de junio de 1938. Soy hija de Joao Rodrígues Bonito y de María De Jesús. Vivíamos en una casa que cubría las necesidades básicas de una familia numerosa.

Mi papá se dedicaba a las labores del campo, es decir, a trabajar la tierra como muchos en esa época y, también, negociaba con vacas.

Mi madre atendía el hogar y a nosotros, que éramos doce hermanos, de los cuales seis de ellos murieron muy pequeños por causas naturales y enfermedades. Recuerdo que en aquel tiempo era común escuchar que los bebés morían, las cosas no son como ahora, que hay tantos avances médicos.

Hace poco, tres de los seis hermanos que quedamos murieron, a causa de la edad y por problemas de salud. Aún quedan dos vivos: Uno en Venezuela y otro en Brasil. Estudié hasta el 6to grado en la escuela do Carvalhal. Mi vida fue tranquila en Portugal.

A los 20 años, me llegó una propuesta de matrimonio de Manuel Dos Santos Roque, quien se encontraba en Venezuela. Él era un maravilloso hombre que partió de Portugal en busca de un futuro.

Acepte su pedido y en el año 1959, nos casamos por medio de un poder. Dos meses después viaje a Venezuela para reunirme finalmente con él. Casarse por poder era una manera muy habitual de contraer nupcias en la época.

Al poco tiempo llegué a un nuevo país, llena de expectativas de cómo sería mi vida en este lugar. Me fui a vivir la hacienda llamada “La fe”, ubicada en la parroquia Macarao, en Caracas.

En esa finca vivían muchos portugueses, que al igual que nosotros probaban el sabor de vivir en Venezuela. Labraban la tierra para vender hortalizas en los diferentes mercados de la ciudad, tal como Coche y Guaicaipuro.

Luego de un año y medio en aquel lugar, nos tuvimos que mudar. Llegamos a otra hacienda que le pertenecía en la antigüedad a la hermana de El Libertador de Venezuela, Simón Bolívar.

En este lugar nacieron mis tres hijos: Manuel, María Da Luz y Fátima, a quienes, gracias al señor, pude criar con tranquilidad sin tener que lidiar con problemas económicos, ya que nos iba bien en el negocio de las hortalizas.

Siempre en Macarao

En 1975, nuevamente me mudé. Esta vez de forma definitiva al casco colonial de Macarao, donde compramos una casa amplia y cómoda. Allí, mis hijos crecieron felices y tranquilos.

Mi vida en el pueblo no puede ser mejor. Mi relación con los ciudadanos venezolanos es muy buena y grata, compartimos como iguales y eso me parece extraordinario.

Me considero de este país, pero nunca en lo que me quede de vida olvidaré a mi hogar en Portugal. Sigo sintiendo su calidez aún estando lejos. Ahí viví mi infancia y los más hermosos momentos de mi vida, de los cuales sólo quedan los recuerdos.

Mi familia siempre ha estado a mi lado y me han apoyado en todas las etapas de mi vida, incluso cuando sufrí pancreocis aguda. Jamás dudé que nuestro Señor Jesús me ayudaría. Así fue, logré curarme y estoy muy agradecida de seguir con vida y salud, para soñar al lado de los míos con un mañana más bonito que el hoy que vivo.

Tengo mi propio negocio con mi hija María Da Luz en Macarao. Con eso me entretengo y me permite sentirme viva y activa. Mi esposo sigue a mi lado y juntos agradecemos a la vida los regalos que nos ha otorgado. Mi consejo para los muchos que luchan por alcanzar sus metas, es que no se rindan y busquen su felicidad tan esperada, porque la vida no se acaba sino hasta el último momento.

NO COMMENTS

Leave a Reply