«Mi meta es llevar uno de mis alumnos a la selección de...

«Mi meta es llevar uno de mis alumnos a la selección de Portugal»

0 484

El lusovenezolano Héctor de França además de enseñar Taekwondo es el campeón en combates de la Taça de Madeira de esta disciplina

Delia Meneses

Cuando al lusovenezolano Hector de França lo invitaron a participar en la Taça de Taekwondo de Madeira 2019 pensó que tenía la edad en contra. Como ocurre en muchas otras disciplinas, ésta también tiene una vida útil muy corta. A sus 33 años aceptó la invitación que le hiciera Mario Rodrigues, presidente de la Federación, quien vio en él las cualidades necesarias para competir. Había llegado hace poco más de un año a la isla, tenía escaso tiempo entrenando y su idea era disfrutar la competencia. Para su sorpresa, venció. De França es el actual campeón en combates de la Taça de Madeira, por el Marítimo, y el próximo año se medirá nuevamente en el dojo.

No fue un golpe de suerte. El lusodescendiente, que hacía vida en San Diego, estado Carabobo, trajo a la Región una experiencia acumulada de más de 25 años en esta arte marcial. De França resalta que en Venezuela la competitividad de la disciplina es muy superior a la de la isla. Este fue el mundo al que lo introdujeron, sin saberlo, sus padres, ambos naturales de Madeira, cuando Hector apenas tenía 5 años. Con ese deseo natural de protección que siempre abrigan los papás lo llevaron a clases de Taekwondo para que aprendiera a defenderse.

Más adelante, el joven comerciante comprendería que esta modalidad abarca mucho más que la defensa personal y la espectacularidad de sus patadas rápidas y precisas. «Es un proceso continuo de crecimiento personal, donde juegan un papel importante los valores del respeto, la constancia, la integridad y la disciplina, y que combina un trabajo físico, mental y emocional», explica De França, quien protagonizó y ganó muchos combates en Venezuela.

En Madeira, va por su segunda Taça. Pero hay algo que lo inspira mucho más: lograr que uno de sus alumnos integre la Selección de Taekwondo de Portugal. Es la meta que se ha trazado desde que empezó a dar clases, hace unos meses, en un pequeño gimnasio ubicado en la Rua 5 de Outubro, en pleno centro de Funchal.

La esposa de Hector, Carla Prats, quien también es una de sus alumnas, recuerda lo difícil que fue conformar un grupo de jóvenes interesados en formarse en esta modalidad. «Pasamos cinco meses sin alumnos».  En ese tiempo, De França entrenaba solo. Después se unieron a Carla: Jesús, Hugo, Romina, Francisca. Ahora son seis: cuatro madeirenses y dos lusovenezolanos. Sus motivaciones son variadas: hay cinturones amarillos, atletas de alto rendimiento, otros a los que no les interesa el combate sino el performance y hay quienes practican Taekwondo solo para mantenerse en buena forma física.

Los clases son en el gimnasio Physical Fitness (Rua 5 de Outubro), los lunes y miércoles a las 8:30 p.m. y los sábados a las 3:00 p.m y se aceptan alumnos a partir de los 4 años.

En Valencia, el atleta ya se dedicada a entrenar a jóvenes promesas del Taekwondo como Rainy Gutiérrez, quien está próxima a convertirse en cinturón negro, y formó parte de la Selección de Carabobo.

«El arte marcial en Madeira es incipiente, hay apenas unos cinco o seis gimnasios en la isla donde se entrena. Pero estamos trabajando en pro de evolucionar», asegura De França. Agrega que lo más importante es que los padres siembren la semilla del interés por el deporte, que es también la forma de alejarlos del alcohol y las drogas. «Que les enseñen que no todo se reduce a una tablet o a un celular. Hay muchas disciplinas y especifícamente el Taekwondo es una modalidad integral».

Hector no es un atleta a tiempo completo. En Venezuela combinaba su disciplina con el oficio de repartidor de agua potable. Recuerda que entregaba 312 botellones al día. Ahora, en la isla, experimenta los comienzos exigentes de todo emigrante. Su prima, Nelvis Santos, lo ayudó a conseguir su primer trabajo en Madeira, lavando copas en el Hotel Savoy Gardens, actividad que continúa realizando y gracias a la cual pudo traerse a sus papás a la isla. También abrió un pequeño restaurante en el centro de Funchal, donde trabajan su esposa y sus padres.

Tomó la decisión de emigrar después de un intento de secuestro, que le valió llegar ensangrentado a su casa y con el camión estropeado. También privó su deseo de darle un mejor futuro a sus dos hijas, que hoy tienen 4 y 2 años, fruto del matrimonio con Carla Prats, a quien conoció cuando ambos formaban parte del Rancho Folclórico Saudades de la Casa Portuguesa de Valencia. Él tocaba el acordeón y ella fue bailarina durante más de 13 años en la agrupación.

Sobre la comunidad lusovenezolana en la isla le llena de orgullo la cantidad de emprendedores que, como él,  han surgido, y que también contribuyen a revitalizar a la Región. «Tenemos que estar unidos y apoyarnos. Cada quien está aportando su grano de arena y buscando hacer lo mejor para su familia».

No hay comentarios

Leave a Reply