Estuvo casado con Ysabel Ferreira y tuvo dos hijos, Johan y Jonathan.

Portugal es un país que vive el deporte con mucha pasión, especialmente el fútbol. Pero, hay otro que no puede ser dejado de lado, particularmente por los lusos que se radicaron en Venezuela: el dominó. Una persona de la comunidad lusovenezolana que marcó pauta en ese apartado fue Moisés Rodríguez.

Moisés nació en Caracas, el 7 de agosto de 1962 y falleció el 19 de octubre de 2013. Se crio en la zona de Las Mayas y en El Cují, en San Antonio de Los Altos. Vivió allí hasta que se casó con Ysabel Ferreira. Además, era distribuidor de verduras y frutas en el Mercado de Coche. Amaba el dominó tanto como a su familia y perteneció a la Comisión de Dominó de la Asociación Civil del Centro Portugués. Incluso, llegó a jugar Torneos Mundiales y Panamericanos en diferentes partes del planeta.

Las instalaciones de este club luso venezolano capitalino sirvieron de escenario para que Ysabel Ferreira contara la historia menos conocida de este querido ex integrante de la comunidad: la parte personal y el padecimiento que tuvo con el cáncer. Esas páginas de su vida que solo conocen sus allegados y seres queridos.

El hombre familiar: Padre, esposo y yerno
Conoció a su esposa en las Fiestas Patronales de Macarao. “Ambos éramos festeiros. Aunque él era amigo de mi papá y jugaban dominó, yo no lo conocía. Fue en esa época que nos conocimos”, contó Ysabel.

Solo tuvieron un año de noviazgo y se llevaban cinco años de diferencia. Aunado a eso, contrajeron nupcias el 11 de julio de 1987 y tuvieron dos hijos, Johan y Jonathan. “Para él no fue fácil decirle que se había enamorado de su hija, porque ellos andaban juntos, jugaban dominó juntos. De hecho, mi papá siempre lo invitaba a los torneos de dominó que se hacían fuera. Solo una vez se hizo dentro de casa. Eran puros hombres en mi casa y mi mamá dijo que no entraba nadie por la puerta principal, todos por la puerta de atrás. No iba a entrar un solo hombre porque solo había mujeres. Mi papá le dijo que se quedara tranquila, que solo venía un joven y era Moisés. Así fue”, relató.

Su suegro y Moisés eran grandes amigos. Una amistad que se produjo gracias al dominó y entre los dos ganaron más de sesenta trofeos. No fue fácil decirle que se había enamorado de su hija. “De por sí, fui yo quien se lo dijo. Porque si él se lo decía, mi papá lo iba a golpear. Cuando le dije, le cayó un balde de agua fría. Porque que a su niña le cayeran pretendientes era inimaginable y que fuese Moisés, más todavía. Ahí mismo se adaptó, eran amigos, me dijo que era un buen muchacho. Aún lo extraña. Él dice que no hay día que se acuerde con él”, dijo.

Los clubes siempre estuvieron en su vida y los dos han dejado una huella importante. “Yo, desde un inicio y quienes me conocen no lo van a creer, no me gustaba el Centro Portugués cuando era adolescente. Nosotros vivíamos metidos en Paracotos. Después compramos la acción aquí. Tenemos 18 o 20 años aquí. Moisés me quería tranquila para él poder jugar dominó. Él llegaba y se sentaba a jugar dominó. Tenía mucho tiempo libre y lo dediqué al CP, seis años como directiva y ahora estoy en el Instituto Portugués de Cultura”, comentó.

La lucha contra el cáncer
Sufrió de tres tumores cancerígenos. El primero le apareció cuando tenía 40 años de edad. “El padeció de cáncer. Pero, no falleció de cáncer. Cuando eso pasó, él ya no tenía cáncer. No obstante, ya su cuerpo estaba muy debilitado por la cantidad de quimios y radioterapias que recibió. Él tuvo tres cánceres independientes, sin estar relacionados entre sí. Él estuvo 10 años padeciendo de eso. El primero le salió en la amígdala izquierda y se recuperó por completo. Cinco años después, le salió uno al nivel del recto, se recuperó por completo y el tercero, fue en el paladar y se recuperó por completo”, explicó.

A pesar de su enfermedad, no dejaba de lado su pasión. “Él venía para el club a jugar dominó con la quimio montada, un catéter porque se alimentaba por el estómago. Cuando se enteraron aquí, que tenía cáncer, él ya estaba curado. El pesaba más de 113 kilos y terminó pesando menos de 50. Ahí se dieron cuenta. Pero, de resto no”, apuntó Ysabel, quien se mostraba nostálgica mientras transcurrían los minutos. “Él se apartó de su trabajo pero siempre venía al club a jugar su partida de dominó. El club lo ayudó mucho a superar la enfermedad. No se quedó en la casa ni un solo día. Mientras estaba en el club no se acordaba de su enfermedad, llegaba a su casa a descansar. Él nunca se molestó con Dios, era un hombre de mucha fe. El médico internista era un familiar, es un gran médico”, prosiguió.

El segundo tumor apareció media década después del primero. “Fue muy duro porque el ya sabía de que se trataba. Él confiaba mucho en Dios y en mí. Él viajó a Fátima a pagar promesa con Antonio Coelho, Moisés decía que él era el mejor jugador del Centro Portugués y nunca tuvieron la oportunidad de jugar un mundial con él. Moisés decía que si hubiesen jugado juntos, hubiera sido campeón en mundiales y panamericanos. Nunca pudo ir por diferentes razones. Bueno, cuando se fue a Fátima, se lo llevó el señor Antonio, yo iba a ir pero al final no fui. Pagó promesa estando enfermo sin saberlo. Cuando volvió, se lo tuve que decir. Que se quedara tranquilo, que era el mismo tratamiento y con la primera quimio, se fundió el tumor”, dijo.

Una dura partida
Tenía 51 años al momento de su fallecimiento, cuando aún tenía mucho camino por recorrer. “Lo bombardearon fuertemente y su cuerpo estaba muy debilitado. Él se fue a Miami, a un torneo. Estando allá, el afán del dominó y hasta me reconoce que no se cuidó mucho, agarró una bacteria y una candidiasis. Su cuerpo no supo luchar con aquello. Se le puso tratamiento, se le tuvo que operar de la cervical de urgencia. Sorprendentemente, no tenía cáncer”, señaló.

A pesar de haber vencido el cáncer en tres oportunidades, no pudo vencer a una candidiasis. “El médico nos dijo que no se recuperaba y que por la enfermedad, sus órganos estaban muy maltratados. Yo esperaba que pasara la navidad. Esa esperanza de que el ser querido puede estar un poco más. Tenía que estar con una traqueotomía y con una gastotomía por el resto de sus días. Aún así, yo lo hubiese cuidado si Dios me lo hubiese dejado”, explicó.

El 19 de octubre de 2013, dejó este mundo. “No pensé que se iría tan pronto. El Padre Alexandre Mendonça me dijo que tuviese cuidado con lo que le pidiera a Dios. Le pedí herramientas, si me lo iba a dejar, que me diera las herramientas de poder cuidarlo y si se lo llevaba, que me diera las herramientas para poder subsistir. Solo le pedía que no falleciera en casa. Fue un lunes, empeoró un miércoles y falleció un sábado, en la clínica. Le iban a dar de alta el miércoles, cayó en coma jueves y viernes y falleció el sábado”, culminó.

Egresado como Bachiller del Colegio Fray Luis de León y TSU en Administración del Instituto Universitario de Tecnología Venezuela. Actualmente cursa el décimo trimestre de Comunicación Social en la Universidad Católica Santa Rosa, siendo coordinador de fútbol del portal informativo “Pantalla Deportiva”. Fue conductor del programa “La Grada” en TNO Radio y formó parte del staff de la web “Huella Deportiva”. Forma parte del equipo de periodistas del CORREIO da Venezuela desde agosto de 2014. Se declara un apasionado por los deportes; gusto que alterna con el cine, el teatro, la música y la lectura, entre otras cosas.

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