Niños lusovenezolanos son hasta 50% de la matrícula en algunas aulas

Niños lusovenezolanos son hasta 50% de la matrícula en algunas aulas

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Los directivos de las escuelas se muestran flexibles y receptivos con las familias emigrantes

Julio Materano

El arribo de familias lusovenezolanas a Madeira no solo se nota en los restaurantes de mesas repletas, también deja rastros en las instituciones de educación inicial y primaria donde los niños oxigenan las aulas y representan, en algunos casos excepcionales, hasta 50% de la matrícula del salón. Una institución que le toma el pulso a los criollos en la isla es el Liceo Bartolomeu Perestrelo, en la freguesía Inmaculado Corazón de María de Funchal, donde los hijos de los madeirenses retornados ganan visibilidad. Son, en su mayoría, niños cuyos padres desembarcan sin empleo, con los escasos ahorros de una vida convulsa en Venezuela y que necesitan colocar a sus hijos en las aulas para buscar trabajo.

Es el caso de la familia Montilla Ferreira, que llegó en octubre a la isla para emprender una nueva vida. Con dos hijos en edad escolar, los pequeños son parte de las estadísticas de venezolanos que se incorporan a un nuevo sistema educativo. Ambos cursan estudios en el Bartolomeu Perestrelo. Con cuatro años de edad, el menor de ellos está en primer nivel de preescolar. Solo en su salón ocho de 15 alumnos son venezolanos.

A decir verdad, los nucleos familiares sin ingresos, avasallados por la estrechez económica, son ubicados en el escalón 1, un rango de estratificación socioeconómica que les garantiza subsidios del Estado en el área de educación. Aunque necesarias para muchos, las prebendas del Estado portugués son insuficientes para quienes recién llegan al archipiélago sin casa y con servicios por pagar.

Algunas familias llegan con dos y hasta tres hijos en edad escolar. Es tal la presencia de venezolanos que los pequeños más aventajados, con un camino recorrido en el sistema escolar portugués, sirven de intérpretes entre los docentes y compañeros recién llegados. Lisbeth Ferreira, madre de los pequeños inscritos en el Perestrelo, agradece la receptividad y el cariño con que fueron tratados por la directiva de la institución. Asegura que los docentes están capacitados para orientar a la diáspora criolla que acude en busca de información.

«El proceso para la inscripción fue bastante sencillo. Únicamente me pidieron los pasaportes de los niños que aún no disponen de su Cartão de Cidadão y su Número de Identificación Fiscal. El mismo día que fui a inscribirlos me dijeron que podía dejarlos. Al que está en cuarto grado le dieron sus libros o manuales. La atención es de calidad».

Hoy 10% de los alumnos de la escuela municipal de Porto Moniz son lusovenezolanos. La diáspora del país suramericano no solo causa recelo, también trae aires de esperanza a una región que pierde 1.000 alumnos por año, advierten cifras oficiales. Con 8%  de alumnos venezolanos, el concejo de Calheta es el segundo con más alumnos. Hoy las escuelas de la isla ganan nueva vida.

Con el robustecimiento de la la comunidad en Madeira, hay quienes plantean una lectura bifurcada. Por un lado, se han revitalizado los planteles educativos pero también se ha incrementado la demanda de cupos a última hora. Según declaraciones de la Secretaria Regional de Educación, en el año lectivo 2016-2017 se integraron en los establecimientos de enseñaza de Madeira 197 alumnos provenientes de Venezuela. Para el año 2017-2018 se matricularon 100 nuevos estudiantes.

El segundo semestre de 2018 el sistema de enseñanza de Madeira había absorbido 670 niños venezolanos. Para el primer trimestre de 2019 esa cifra asciende a 1.400 jóvenes, según datos oficiales. No se trata de un fenómenos fortuito. Con una infraestructura robusta, la educación primaria y media de Portugal tiene todo para ser la más prominente de Europa. Los niños aprenden a hablar inglés en sus primeros años, y no pasa mucho tiempo hasta que incorporan otra lengua a su lista de idiomas. Lo hacen con soltura.

Y a diferencia de Venezuela, el bachillerato no culmina con el décimo primer año aprobado. Los alumnos cursan un período adicional de capacitación técnica que los prepara en un oficio y los adelanta para competir en un campo laboral estrecho, voraz. Ocurre en regiones como Madeira, que vive del turismo y donde la educación flaquea, no precisamente por su calidad, que alcanza niveles indiscutibles, sino por la baja matrícula que ha llevado a cerrar escuelas primarias.

La minúscula tasa de fertilidad, 1,31 hijos por mujeres,  los bajos sueldos y la poca oferta laboral frustran cualquier pretensión de familia. Las parejas jóvenes postergan sus planes de tener hijos y, no en pocos casos, emigran a otros países de Europa. Las escuelas despobladas, con baja asistencia de niños le toman el pulso a la falta de incentivos. No hay quien estudie.

Entre los períodos lectivos 2015-2016 y 2016-2017 las escuelas públicas y privadas en Portugal perdieron más de 20 mil alumnos. La matrícula nacional pasó de 1.515.310 estudiantes a 1.495.089, según estadísticas oficiales. La caída fue mayor en la enseñanza pública que en la privada.

En Portugal los niños llegan a un sistema educativo que les provee desayunos, meriendas y almuerzos que responden a las necesidades nutricionales. Las aulas amplias, dotadas de un mobiliario en perfectas condiciones, y las áreas deportivas, completan el cuadro para la formación de los más pequeños. Un niño en la educación media recibe por lo menos 80 euros mensuales para sus gastos, un monto que alcanza para su traslado en autobús y la compra de utensilios escolares.

En los últimos años Portugal logró que sus alumnos de 15 años se situaran por encima de la media de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, que agrupa a los países más ricos del mundo, en las tres áreas de estudio evaluadas por la prueba Pisa: ciencia, lectura y matemáticas. Desde hace una década y media el país europeo mantiene esa trayectoria en sus resultados y es el único del continente que mejora su desempeño cada año, reseñan medios locales. Pero el logro que se arrogan las autoridades nacionales podría desvanecerse si no se atienden situaciones urgentes, como el déficit de profesores.

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