«No hay nada que me haga renunciar a mi vocación docente»

«No hay nada que me haga renunciar a mi vocación docente»

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En Madeira, la otra orilla del Atlántico, Carla De Freitas tuvo que cambiar los lápices, los libros y sus marcadores acrílicos, con toda su rutina de maestra comprometida, por una bandeja, una máquina de servir café y una caja registradora, la manera en la que le devino la insomne decisión de mudarse de país

Julio Materano 

Cuando los pupitres quedaban desiertos y los representantes se excusaban con los dramas de última hora, que eran los de siempre en cada hogar, Carla De Freitas  entendió que el hambre era en serio y mordía, de a rato, los estómagos de sus alumnos más empobrecidos. En el sistema público, donde comenzó su idilio de enseñar, los estudiantes se ausentaban porque no tenían qué comer, porque tal vez no le alcanzaban las fuerzas del bocado del día anterior para instruirse en matemáticas o para tomar un dictado.

Entonces la decisión de irse de Guarenas retumbaba en su cabeza. Carla, quien se formó como docente en la Universidad Católica Andrés Bello, no solo quería eludir aquellas ausencias por fuerza de la pobreza, también esquivaba la inseguridad y la violencia que atisbaba desde el refugio en el que se había convertido su casa. Porque en los últimos días su vida en la Venezuela más convulsa se redujo a una rutina: encierro. Buscaba a toda costa la tranquilidad con su esposo y un futuro prometedor para sus dos hijos.

Pero Venezuela, admite la maestra, no siempre fue así. De hecho, su mayor alusión, y seguramente la más significativa, es la de un país de oportunidades que supo acoger a sus padres. Aquella nación moderna, de bonanza petrolera y de progreso en la que Antonio De Freitas, su progenitor, se hizo consejero de la comunidad lusa que echó raíces en la tierra de Bolívar. Carla evoca con cierto amago de urgencia el país de ambiciones donde se formó para educar y donde luego cursó un posgrado en Planificación y Evaluación, también en la UCAB. Se trata de una carrera de profunda vocación que ejerció durante 20 años y que le dejó satisfacciones en el ámbito académico y un gran mérito en el área editorial, donde produjo una enciclopedia para el aprendizaje de matemáticas en la etapa de educación primaria, un área en la que acumula alta pericia.

 «Fue una etapa de crecimiento y aprendizaje. Recuerdo que la enciclopedia, que tuvo un período útil de cuatro años y se hizo para que el niño aprendiera por cuenta propia, se publicó dos años después de haberla culminado. Hubo un trabajo profundo de revisión, diseño y de edición de parte de la ahora Editorial Panapo. Este fue mi aporte para desmitificar la matemática y acercarla a los niños que tanto la necesitan», afirma De Freitas, quien advierte sobre el déficit de docentes en Venezuela y la falta de habilidades de los mismos para la enseñaza de las ciencias exactas. Se trata de una dificultad que trunca el progreso académico de una generación cuyos docentes también se van de las aulas, como es el caso de Carla, quien vive desde hace tres años en Madeira, su casa fuera de casa. Incluso hoy, cuando ha logrado procurarse cierta estabilidad en la isla, asegura que no hay como Venezuela. «El calor y el espíritu de la gente es muy agradable, ameno. Y eso no tiene precios», sostiene.

En Madeira, la otra orilla del Atlántico, Carla tuvo que cambiar los lápices, los libros y sus marcadores acrílicos, con toda su rutina de maestra comprometida, por una bandeja, una máquina de servir café y una caja registradora, la manera en la que le devino la insomne decisión de mudarse de país. Carla llegó a Madeira, la tierra de sus padres, en 2016 tras una apuesta personal por un cambio de entorno. Se había propuesto emprender para vivir y vivir para ser feliz y permanecer con sus hijos. Fue entonces como logró asumir, con apoyo familiar, las riendas de una de las franquicias de Penha d’Águia en la isla, una marca cuya historia guarda un estrecho vínculo con su familia.

«Investigando, supe que la casa de mi padre en Puerto Da Cruz, al norte de la isla, era el asiento de una antigua panadería, la primera de la comunidad, donde nació la actual pastelería, cuyo nombre inicial era Casa Alves. Hoy quedan los vestigios y los ladrillos de lo que alguna vez fue el horno, un espacio rudimentario, antiquísimo, que es el cimiento de ese emprendimiento regional que data de 1844. Es mucha la casualidad y mi abuelo, que tiene 96 años, y reside en Puerto Da Cruz, es testigo viviente de aquella historia», relata la docente conmovida.

Hoy, reconoce Carla, la domina más su vocación por el arte de enseñar que el hecho de despachar café, un oficio en el que incursionó, como muchos retornados, sin saber lo que era exactamente una bica, un garoto o una chinesa, los modos como se bebé guarapo en Madeira. Con casi dos años de experiencia en el área y un equipo de empleados bajo su mando, Carla repasa cual fórmula matemática la manera como se toma el brebaje con el que despunta el día: con principio, sin principio, con una gota de leche caliente, fría, sin leche o descafeinado. Como quiera que se le apetezca al cliente, Portugal y más aún Madeira siempre tendrá un modo de nombrar los excéntricos antojos de los consumidores.

La isla es, en cierta medida, su gente, el modo tan exigente de tomar algo tan simple como un café y el carácter de sus habitantes. Y los venezolanos, que tienen otro ritmo de vida y vienen con muchas ganas de trabajar, tienen la capacidad de adaptarse y de aportar todo lo que tienen para dar», dice desde el local que regenta en plena avenida João Tavira en Funchal, uno de los más concurridos en el centro del archipiélago.

Puertas adentro, dice que se bate entre su gusto por el emprendimiento y su vocación docente. Porque Carla, quien tramitó su equivalencia académico en la Universidad do Minho, en Porto, obtuvo al llegar a Portugal un reconocimiento académico que es la luz verde para continuar con el proceso de formación universitaria en la tierra de Camões, donde se visualiza dentro de aula. Esta joven madre, quien va detrás de su sueño irrevocable de enseñar, dice que ha probado lo más duro del trabajo: ausentarse de casa y sacrificar el tiempo con su familia para atender a clientes ávidos de una taza de café. «No hay nada que me haga renunciar a mi vocación docente, mi objetivo es formarme para ejercer nuevamente. No quiero dejar de postergar mis planes, así que estoy interesada en traspasar mi negocio a quien desee llevar las riendas y crecer en madeira. Para mayor información: estreladoarquipelago@gmail.com».

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