«No viajaré a Portugal mientras no se resuelva el conflicto con TAP»

«No viajaré a Portugal mientras no se resuelva el conflicto con TAP»

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En Madeira, donde la comunidad venezolana se asienta con fuerza, las familias afectadas por la sanción buscan alternativas mientras permanecen varados sin poder regresar a sus destinos

Julio Materano

Mientras Portugal y Venezuela resuelven el conflicto de la TAP en terreno diplomático —en un ámbito menos parsimonioso, fuera del foco mediático y de las etiquetas políticas— están los pasajeros que se dicen encallados por la decisión de Maduro, cuyo gobierno anunció la suspensión de todos los vuelos de la aerolínea portuguesa por un plazo de 90 días.

La medida, tomada el 17 de febrero por las supuestas irregularidades que se habrían producido en el vuelo procedente de Lisboa que trajo de vuelta a Venezuela al líder opositor Juan Guaidó, mantiene en vilo a decenas de usuarios que destinaron todo su presupuesto a la compra de un pasaje que, sin saberlo, los conduciría a tierra de nadie: el limbo a donde fueron embarcados quienes reclaman a TAP Air Portugal el reembolso de un boleto que jamás pudieron usar por fuerza de las sanciones.

En Madeira, donde la comunidad venezolana se asienta con mayor denuedo, algunas familias se saben parte del saldo negativo que deja una reyerta que tiene origen en la política interna de Venezuela y que salpica a quienes se desplazan entre Caracas, Lisboa y Funchal. Martha Gouveia, una venezolana con ascendencia portuguesa que llegó en enero a la isla para visitar a su madre de 87 años, cuenta que padece un destierro impuesto.

«Llegué la segunda semana de enero para visitar a mi mamá. No la veía desde hace cuatro años y quise alargar la estadía. En lugar de retornar a Venezuela la primera semana de febrero, como lo había planeado, después de tanto tiempo sin verla, alargué la fecha de retorno hasta la primera semana de marzo. Quise estar más tiempo con ella», cuenta Gouveia a través de su cuenta en Facebook.

«Pero todo mi plan —agrega­­ la usuaria— resultó un caos. Me cobraron una penalidad por cambiar la fecha de retorno y ahora ustedes (TAP) no me quieren devolver todo mi dinero. No tengo cómo devolverme en otra aerolínea y tampoco estoy dispuesta a esperar tres meses para ir a Venezuela. En dos semanas mi hijo se va a vivir a Argentina y no podré despedirlo. Es muy doloroso», concluye la mujer de 56 años en su denuncia publicada en el perfil de la aerolínea.

Su caso no es un hecho aislado. Como ella hay decenas de venezolanos varados a quienes TAP solo reembolsa hasta 230 euros por boleto de retorno, según denuncian afectados. La medida con la que la operadora aérea responde a los pasajeros ha sido cuestionada con severidad, pues son pocos quienes disponen de dinero para hacer sus retornos por otra aerolínea. Y en medio de todo el revuelo, hay quienes proponen que la compañía habilite vuelos hasta São Paulo en Brasil y de ahí a Panamá y luego hasta Caracas. Pero es apenas una propuesta apresurada que, para los más aquejados, no deja de ser una salida lógica a su problema.

Según el Consulado de Venezuela en Madeira, en el país caribeño la comunidad de ciudadanos portugueses asciende a más de 700 mil personas, siendo una de las más grandes del país, después de los colombianos.

El malestar de los usuarios es tal, que algunos han decidido abstenerse de viajar hasta que se anuncie, formalmente, el levantamiento de la sanción contra TAP, la compañía que ha sido acusada por supuestas violaciones de la normativa de aeronáutica civil venezolana.

Eduardo, uno de los tantos portugueses radicados en Venezuela, relata que tuvo que pagar 3.250 euros para asegurar, a través de otra operadora de vuelos, cinco pasajes de retorno para él y su familia, con escala en Madrid. «La agencia de viaje a través de la cual adquirí los pasajes de TAP, llamó a la compañía e hizo las gestiones para recuperar el dinero, pero apenas nos retornaron 220 euros por pasajero. Perdí mucho, unos 700 euros por persona», cuenta vía telefónica. Puede que su historia sea la de mayor pérdida, pero no precisamente la más dramática.

Eduardo dice que vio cómo un hombre desistió de su plan de retornar a Venezuela porque le faltaban 170 euros para completar su pasaje. TAP no pudo arreglarle un itinerario de vuelta y éste prefirió aguardar en Funchal.

Se intentó establecer un contacto telefónica con las oficinas de la línea aérea y no fue posible.

Entre 2013 y 2019 la oferta de aerolíneas internacionales cayó 69 %, de acuerdo con cifras de la Asociación de Líneas Aéreas de Venezuela (Alav). En 2013 operaban 32 líneas aéreas internacionales y en 2019 apenas quedaban 10. Entre las compañías que mantenían operaciones en Venezuela el año pasado se encontraban: TAP, Iberia, Copa, Air Europa, Air France, Turkish Airlines, Cubana de Aviación y Wingo.

Según declaraciones del presidente de TAP, Antonoaldo Neves, la decisión le costará a la empresa lusa unos 10 millones de euros. “Estamos suspendidos de facto, nuestra atención ahora está enfocada en los pasajeros”, dijo. Pero sus palabras son puestas en entredicho. Incluso más de dos semanas después de las sanciones, la confusión y la falta de información dominan la atmósfera entre usuarios.

«Lamentablemente no viajaré a Portugal hasta que mejore la situación con TAP. Nadie se hace responsable de los pasajeros y eso tiene un costo muy grande para las familias», se lamenta Eduardo

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