Oncólogo lusovenezolano forma médicos en Luanda

Oncólogo lusovenezolano forma médicos en Luanda

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Manuel Enrique Ferreira, especialista del Hospital Padre Machado en Caracas, tiene más de un año en Angola educando a las nuevas generaciones y atendiendo a niños con cáncer

Delia Meneses / Jean Carlos de Abreu

En Angola, la antigua colonia portuguesa con enormes yacimientos de petróleo, los contrastes son grandes. Belleza y decadencia, riqueza y lucha diaria por salir adelante a veces son difíciles de combinar. Su capital, Luanda, es una metrópolis africana con casi diez millones de habitantes que tienen problemas serios como la escasez de viviendas, de agua, de saneamento básico y de empleo, así como un aumento en el índice de criminalidad y gran congestión en el tráfico. Una realidad nada distante de la venezolana.

Caracas y Luanda son ciudades rodeadas de miseria, con una población que, en su gran mayoría, no se beneficia de las riquezas que brotan del subsuelo y donde la corrupción permea las instituciones.

Pero Angola también es visto como un país de oportunidades: han derribado muchos edificios decrépitos y han construido otros, hay dinero, financiamiento y está todo por hacer. No en vano, allí residen más de 200 mil portugueses, la mayoría en Luanda y, en las últimas décadas, se ha formado una importante comunidad china (200.000). Hay unas 7.000 empresas lusas radicadas en Angola. A este país africano llegó, hace poco más de un año, Manuel Enrique Ferreira por razones distintas a las comerciales.

Ferreira nació en Barquisimeto y siendo muy joven se mudó a Caracas para estudiar Medicina. Se formó en el Hospital Vargas y es especialista del Oncológico Padre Machado pero, desde junio de 2018, integra un proyecto ambicioso en Luanda: educar a las nuevas generaciones de médicos angolanos en el área de imagenología.

«Aquí estaban necesitando mi especialidad. Yo llego a Angola porque me contacta el doctor Fernando Miguel, director del Centro Nacional de Oncología de la ciudad de Luanda. En el año 2012 él conoció a dos cirujanos venezolanos, los cuales viajaron al país africano para trabajar como cirujanos oncólogos y, dos años después, en 2014, regresaron a Venezuela».

A finales de 2017, Miguel contacta a estos médicos porque estaba necesitando un oncólogo pediatra y un imagenólogo oncólogo. Por su perfil médico y su dominio del idioma portugués invitan a Ferreira a trabajar en el Centro Nacional de Oncología de Luanda, como jefe del servicio de Imagenología.

«Llegué en junio de 2018, ya tengo un año y unos meses. Soy, además, profesor adjunto de dos hospitales (Do Prenda y el Clínico Multiperfil). Aquí hay un proyecto, que abarca unos tres años, en el que yo me desempeño como médico profesor para formar médicos angolanos en el área de imagenología. También trabajo como médico radiólogo oncólogo y radiólogo intervencionista. Hacemos diagnóstico y tomamos muestras: biopsias tomoguíadas o ecoguíadas», explica el lusodescendiente y padre de dos hijos: Paola Helena, comunicadora social egresada de la UCAB y Alessandro Enrique, bachiller graduado en el colegio Las Colinas, en Barquisimeto.

Actualmente ambos viven en Miami, son parte de la diáspora criolla, junto a su madre, la administradora, Marian Serrant Mendez. «Hoy somos una familia que está regada por el mundo, como muchas familias venezolanas», comenta Ferreira, quien se ha ganado el cariño de sus pequeños pacientes, del personal médico y de muchas madres angolanas que llegan a su consulta llenas de angustia.

Coimbra y Bruselas

Luanda no ha sido la única experiencia de Ferreira más allá de las fronteras venezolanas. En 2008 hizo una petición al Hospital Universitario de Coimbra porque deseaba hacer una pasantía en el Servicio de Imagenología. Fue aceptado y allí estuvo durante tres meses, de septiembre a noviembre. «La interrelación con los colegas portugueses fue espectacular, fue una pasantía muy buena». En 2010 pasó por el hospital de St Vasst, en Bruselas, donde realizó un entrenamiento en tumores oseos.

El lusodescendiente lamenta que la decadencia en la que se encuentra Venezuela haya arrastrado también el área de la medicina, en especial a partir de 2012 cuando, a su juicio, recrucedió la crisis. Pero antes de ese colapso asegura que los estudios médicos en Venezuela no tenían nada que envidiarle a la medicina del mundo.

«El médico venezolano no tiene absolutamente nada que envidiarle a ningún médico del mundo, donde hemos tenido excelentes universidades y tecnología de vanguardia. Por eso somos aceptados cuando enviamos nuestro curriculum por nuestra calidad profesional y humana».

Centro Luso Larense, un orgullo

Ferreira recuerda con orgullo su paso por el Centro Luso Larense, del cual no solo fue socio activo sino miembro de su junta directiva, desde 2015 hasta 2018, gracias a la invitación de Manuel Farías, presidente del club.

Agradece el esfuerzo realizado por Farías quien, a su juicio, ha hecho una labor extraordinaria para mantener los niveles de calidad de este centro. «Sus instalaciones se conservan muy bien a pesar del deterioro en el que está el país. Este espacio se ha mantenido en pie de lucha, es un club de vanguardia, uno de los mejores de Barquisimeto. Hoy, gracias a la integración y a la globalización, el centro luso larense congrega a la comunidad portuguesa pero también a socios de otras naciones: chinos, árabes y colombianos, quienes prefieren este club por sus excelentes instalaciones, entre ellas el restaurante y la piscina».

Barquisimeto fue la ciudad a la que llegó el padre de Ferreira en el año 63: José Gregorio Ferreira, un madeirense que arribó a Venezuela en 1.953 y que inicialmente se integró a trabajar en lo que para aquella época era el abasto Central Madeirense en la avenida San Martín. Luego se hizo contador público y posteriormente ingresó a la Cervecería Heineken, en Boleíta. Esta empresa lo traslada a la ciudad de Barquisimeto en la década de los 60. Allí conoce a su esposa, una venezolana, de profesión enfermera, de quien el oncólogo posiblemente habrá heredado su amor por curar enfermos. De esa unión, Manuel Enrique fue el primogénito, luego nacieron sus hermanos Elena y José Gregorio.

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