Padre Armelim de Sousa camina junto a los feligreses del Nazareno

Padre Armelim de Sousa camina junto a los feligreses del Nazareno

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El sacerdote nacido en Ribeira Brava es el nuevo pastor de la basílica de Santa Teresa, uno de los templos más importantes de la ciudad

Delia Meneses

El sacerdote Armelim de Sousa Andrade es el décimo séptimo (17) pastor que acompaña a la comunidad parroquial de la Basílica de Santa Teresa. Este templo guarda una joya preciosa de la ciudad: la imagen del Nazareno de San Pablo y es un lugar de culto y de evangelización por excelencia de toda Caracas.

En su toma de posesión canónica, De Sousa, nacido en São João da Poeira, Ribeira Brava (Madeira), asumió como un reto guiar a los feligreses de esta parroquia con tantas necesidades y tan golpeada por el deterioro de los servicios básicos, la inseguridad, la droga y la prostitución.

El compromiso planteado durante la ceremonia por monseñor Adán Ramírez, deán de la Catedral, fue que Santa Teresa resurja como una parroquia emblemática de Caracas, más limpia, iluminada y segura. Y que los devotos asuman con disciplina y amor su rol evangelizador.

«A esta iglesia llegan a diario muchas personas buscando en el rostro del Nazareno una respuesta a tantas inquietudes, así como razones para reeditar la esperanza en medio de tantas dificultades. Con el padre Armelim se inaugura una nueva etapa, una nueva oportunidad, y una nueva página llena de esperanza para esta comunidad. Seamos uno en Cristo y demos a conocer su amor y misericordia», expresó Ramírez, quien le encomendó al nuevo párroco cuidar con mucho celo esa reliquia y ese tesoro histórico y de fe que es el Nazareno.

El padre Armelim, quien es ahora el custodio de esta imagen colonial, la más querida y venerada por los creyentes caraqueños, llega con ganas de caminar con los fieles y de hacer una Iglesia viva y fecunda.

La comunidad lo percibe como un sacerdote activo y jovial, quizás por su constante cercanía con los jóvenes. Entre 1993 y 1999 fue Director del Secretariado de Pastoral Juvenil de la Arquidiócesis de Caracas, un servicio pastoral que volvió a asumir entre 2009 y 2016. También fue director de la Pastoral Juvenil Latinoamericana en el Consejo Episcopal Latinoamericano, en Bogotá (1999-2003).

De Sousa Andrade contó que cuando le propusieron ser el párroco de Santa Teresa la noticia le generó susto pero, impulsado por el espíritu, aceptó con muchas ganas de evangelizar y con un compromiso alegre con su nueva feligresía. Agradeció el cariño y la cercanía de su familia que se encuentra regada por todo el país. Ese día lo acompañaron hermanos, cuñadas y sobrinos.

El 16 de enero de 1993, Armelim se ordenó sacerdote. Ese año comenzó como vicario y párroco en la Parroquia San Benito Abad (Santuario San José del Ávila) al centro-norte de la ciudad hasta 1999. En 2003 fue Administrador Parroquial de la Iglesia Nuestra Señora Reina del Mundo en la urbanización La Paz en El Paraíso. Entre 2004 y 2017 estuvo al frente del templo más antiguo de la ciudad, la Parroquia Dulce Nombre de Jesús en el casco colonial de Petare. Durante un año (2017-2018) fue el párroco de los feligreses de la iglesia la Transfiguración del Señor en El Cafetal y en septiembre de 2018 asume con humildad y entusiasmo ser el nuevo pastor de los fieles que acuden a la Basílica de Santa Teresa.

A qué edad llegó a Venezuela?

Llegué con mi madre y mi hermano Orlando en agosto de 1970 en el barco Santa María. Ya mi padre y mis dos hermanos mayores estaban en Caracas. La última en llegar fue mi hermana con su esposo e hijos en 1978. A los treses meses de llegar a Venezuela cumplí los siete años.

Fue difícil aprender español?

Me inscribieron en el Colegio Luso Venezolano de Catia. Allí estudiaba en portugués y español. A los tres meses ya era un «loro» hablando español.

En que parroquia se crió?

Viví siempre en San Martín, frente al Hospital Militar, hasta que entré en el Seminario. Mi parroquia era Nuestra Señora de Lourdes, conocida como la Iglesia de Palo Grande, en la avenida San Martín. Allí fui catequista, miembro del coro juvenil, legionario de María y lector. Trabajé con los llamados Padres Franceses, fundadores de esa espectacular iglesia gótica, donde me ordené sacerdote y celebré mi primera misa.

La educación que recibió en casa influyó en su decisión de ser sacerdote?

Totalmente. Mi familia es católica practicamente. Mi madre era una mujer creyente, de misa diaria y dominical, de rosario diario. Muy devota de la Virgen de Fátima y del Niño Jesús. Siempre me inculcó el amor a Dios, a la Iglesia y al prójimo. Hice mi primera comunión en la iglesia de nuestro pueblo en São João, Ribeira Brava, a los seis años y ya en ese tiempo le decía a mi madre que quería ser sacerdote.

Qué valores o tradiciones portuguesas conserva?

El valor del amor y respeto a la familia, el pedir la bendición a los familiares mayores (abuelos, tíos), también el sentarse juntos a la mesa, ayudar a ponerla y recogerla, colaborar en las cosas de la casa, la responsabilidad en el estudio y el trabajo. Mi madre siempre decía: «juízo, muito juízo», queriendo hacer énfasis en que las cosas había que hacerlas bien, con respeto a los demás, con fundamento.

Cuál es la importancia de los jóvenes en su carrera sacedotal?

El trabajo pastoral de acompañamiento y formación de los jóvenes ha sido determinante en mi vida sacerdotal. Hice mi opción preferencial por los jóvenes desde el Seminario, siempre inspirado por el testimonio de grandes apóstoles de la juventud como San Juan Pablo II, San Juan Bosco, Monseñor Jesús González de Zárate, mi formador en el Seminario y actual Arzobispo de Cumaná; y de grandes pastoralistas de juventud con los cuales trabajé en Venezuela y América Latina.

Qué significado tiene estar al frente de la Basílica de Santa Teresa?

Es una gran responsabilidad pastoral pues es un centro de fe, piedad y religiosidad popular y de evangelización muy importante en nuestra capital. Su peso histórico, la gran devoción capitalina y nacional al Nazareno de San Pablo, la adoración del Santísimo Sacramento, hacen de ella un priveligiado lugar pastoral y de culto. Estoy muy feliz de estar sirviendo a esta comunidad y de ser testigo de la devoción y espíritu de servicio de sus feligreses y laicos comprometidos.

Cuál es su mensaje para los feligreses en tiempos difíciles como los actuales?

En los tiempos difíciles, como los que estamos viviendo, los creyentes dirigimos nuestra mirada y nuestro corazón al Dios de la vida. Debemos ser agentes sembradores de esperanza ante el desánimo generalizado por la dura situación nacional. No estamos solos. El Señor nos acompaña en nuestra lucha y resistencia. Con Él y el esfuerzo de cada uno debemos seguir construyendo paz, solidaridad y justicia.

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