Padre Dionisio celebró 18 años de sacerdocio en Portugal

Padre Dionisio celebró 18 años de sacerdocio en Portugal

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El actual formador del Seminario de Caracas Santa Rosa de Lima volvió de vacaciones a la tierra de sus padres después de doce años

Delia Meneses

El padre lusovenezolano José Dionisio Gómes Gouveia cumplió la mayoría de edad en el ministerio sacerdotal. Estos 18 años de sacerdocio que él mismo define como don y regalo de Dios se convirtieron en una gran fiesta familiar con los sabores, los olores y las voces de sus orígenes, que reencontró en Machico, Madeira, donde nacieron sus padres, ya fallecidos.

Gómes presidió la Eucaristía de su 18º aniversario de ordenación en la iglesia de Nuestra Señora de las Preces, en Ribeira Grande, Machico, con sus familiares y amigos que se unieron en un gesto de acción de gracias por un sacerdocio provechoso que ha dado sus frutos en más de siete parroquias caraqueñas, en la cárcel, y ahora en el Seminario Santa Rosa de Lima en El Hatillo formando a las nuevas vocaciones.

Otra celebración familiar coincidió con este viaje del sacerdote, quien regresó a sus raíces después de 12 años para bendecir la unión de Inés y Manuel, sus padrinos de bautizo, que festejaron 50 años de matrimonio.

Recorrer Madeira en familia le permitió ser testigo del progreso de la isla, saborear su buena gastronomía y fotografiar sus iglesias, edificaciones de gran valor patrimonial. Un recorrido que ha compartido en Facebook con sus feligreses, su familia extendida. Muy activo en las redes sociales, ha encontrado en ellas una buena herramienta para evangelizar. A diario publica contenido pastoral y detalles del santoral católico en su cuenta en Facebook donde intercambia mensajes con sus seguidores.

Quienes lo conocen lo consideran un pastor a tiempo completo y cercano, «por eso tiene tantas ovejas que le siguen, porque donde va deja huellas, es un santo que hace santos», es el sentimiento compartido por sus feligreses, quienes reconocen la paciencia, humildad, disponibilidad y carisma de este sacerdote que recorre la ciudad en bicicleta.

Gómes Gouveia se ordenó sacerdote a sus 35 años, el 24 de noviembre de 2001. Comenzó como vicario en la Basílica de Santa Teresa; en 2002 fue vicario parroquial durante cuatro meses en la iglesia de El Valle, a la cual regresó en 2018 como párroco. También estuvo al frente de la iglesia La Misericordia del Señor en El Junquito, del templo Nuestra Señora del Carmen de Catia,  de la iglesia de Santa Rita de Nuevo Día en la carretera vieja Caracas – La Guaira. Durante cinco años fue el Capellán de la cárcel de La Planta y entre 2015 y 2017 fue el párroco de la Basílica de San Pedro.

Entre las cosas que más disfrutó  durante su servicio en San Pedro fueron las fiestas de la Virgen de Fátima. «Mi hermano y yo siempre vivimos esa fiesta con mucho fervor por nuestros orígenes lusitanos».

Una vocación forjada en casa

Sus padres Manuel y Lourdes, ambos nacidos en Machico, les inculcaron los valores del trabajo responsable así como la importancia sagrada de la familia y de la Misa dominical, pilares fundamentales que alimentaron la vocación al sacerdocio de Dionisio y también de su hermano menor, el padre Carlos Orlando Gómes, párroco de Nuestra Señora del Rosario de Baruta.

«Ellos nunca nos dijeron que fuésemos sacerdotes, pero desde pequeños nos marcó profundamente el hecho de ir a Misa todos los domingos, era lo más importante, por encima de cualquier torneo de fútbol. Fuimos monaguillos y catequistas; sin embargo, a los 26 años de edad yo todavía no veía el sacerdocio como una opción. Fue a raíz de la muerte de mis padres que se despertó esa inquietud.  Mi mamá murió joven, a los 54 años, víctima de un cáncer, y a los 15 meses muere mi papá, que quedó muy afectado por la partida de mi madre».

El papá de Dionisio llegó a Venezuela en el año 54, a los quince días de haberse casado.  Estuvo ocho años trabajando y luego volvió a la isla en búsqueda de su esposa. «Yo fui concebido en Madeira, llegué en el vientre de mi madre. Nací en 1965 en el hospital San José de Maiquetía pues mi familia se residenció en el estado Vargas. Mi padre tenía un abasto y era muy trabajador. Recuerdo que en dos oportunidades visitamos Madeira para compartir con la familia. Crecimos entre los valores y las tradiciones de la portugalidad. En las reuniones familiares no faltaban los tremosos, el bacalao, el bolo do caco, y bolo de mel, el milo, el gallado y las partidas de bisca y dominó.

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