El pan de cada día dánoslo hoy

El pan de cada día dánoslo hoy

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Mi segunda Patria, un país que me dio todo, un país rico, hermoso, de gente buena, alegre y amable… son algunas de las expresiones que los ciudadanos portugueses emplean para ilustrar la imagen que tienen de Venezuela.

La comunidad portuguesa que se radicó en esta tierra para echar raíces trabajando, produciendo y aportando todo su esfuerzo y tesón en pro de la construcción de esta Nación; esa comunidad elogiada por propios y extraños por su comprobada capacidad de trabajo, constancia y honestidad, es ahora blanco de críticas malsanas y desprestigio público por parte del régimen.

Sí, mas la agresión no es sólo contra los dueños de panaderías, que ahora son expuestos al escarnio público, criminalizados y responsabilizados de “negarle el pan al pueblo”, la agresión es brutal y está dirigida a la comunidad extranjera residente en el país y a todos los venezolanos.

Por un lado, se vocifera y culpabiliza a los panaderos de “negarle el pan al pueblo”, a sabiendas de que estos humildes comerciantes NO cuentan con insumos ni materia prima suficientes para trabajar. El despacho de harina de trigo, manteca vegetal, levadura, azúcar y otros rubros necesarios para fabricar el pan de cada día brillan por su ausencia…

 A pesar de que el Padrino juró vehementemente proveer todos los alimentos al pueblo, cada día son más las panaderías sin harina y lógicamente sin pan. Si esta es una realidad del tamaño de una Catedral, entonces ¿por qué ensañarse contra los panaderos?, ¿Representa este gremio trabajador y honesto una amenaza para el régimen? , ¿Representará el consumo de trigo una amenaza para la salud del pueblo? Y es que ¿a alguien le preocupa la salud del pueblo?

El pueblo mismo está llamado a preocuparse y a luchar por sus derechos fundamentales en esta situación de surrealismo en la que estamos todos sumergidos. El pueblo tiene consciencia  de que siempre contó con el pan de cada día en la más recóndita panadería de este país. El pueblo es sabio, por ende sabe que el saboteador no es el portugués de la panadería, que ha trabajado toda su vida, más de 12 horas diarias para sustentar a su familia y tener un negocio próspero.

El venezolano común aprecia y admira a los panaderos por ser una comunidad trabajadora, honesta, perseverante, un testimonio de progreso y coraje. Por ende, esta arremetida injusta e intimidante contra los panaderos es absolutamente rechazada por la mayoría de los venezolanos. Las redes sociales, único medio de expresión aún posible,  en tierras bolivarianas, así lo demuestra.

El rechazo contundente y público contra el abuso de poder de que están siendo víctimas los panaderos debe ser la respuesta colectiva de Venezuela y del mundo. Basta de silencio. ¡No más diplomacia vestida de complicidad! Urge la solidaridad de propios y extraños para evitar más hambre, injusticia y discriminación en nuestra tierra.

Profesora universitaria UCV

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