Paralizadas equivalencias de médicos en Portugal

Paralizadas equivalencias de médicos en Portugal

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Ante las trabas para revalidar sus títulos, los profesionales lusovenezolanos cuelgan las batas para dedicarse a otras actividades. Algunos trabaján en cafés, hacen de meseros, vendedores y agricultores. El proceso académico, reanudado en octubre después de dos años, se detuvo nuevamente en enero.

Julio Materano

Claudia Hernández es emigrante, madre y médico internista. Todo al mismo tiempo. Sus 15 años de experiencia convalidan una vocación de servicio que ni los estruendos más ensordecedores de la crisis le han podido malograr. Pero con todo el ardor de una carrera que cursó para honrar el Juramento Hipocrático de salvar vidas, tuvo que colgar su bata para comer. Lo hizo por necesidad, para reinventarse en un país distinto al suyo y porque decidió esperar de la manera más resuelta: con trabajo desconocido. 

Hace seis meses que mudó los récipes por un blog rayado de notas, su estetoscopio por una bandeja presurosa y los minuciosos equipos de laboratorio por una máquina humeante de hacer bica, garoto, chino, chinesa y carioca, los nombres con los que se pide el café en Portugal.

Hoy la diáspora médica sufre el rigor de la espera y las secuelas de la burocracia con la misma severidad de los pacientes que aguardan por un medicamento en Venezuela. Algunos incluso entrados en edad trabaján en cafés, hacen de meseros, taxistas y vendedores para ganarse la vida. Otros se dedican a la agricultura. Quienes esperan completar su reválida en Portugal, aseguran que la nación es muy distinta a España, donde los requisitos son menos engorrosos para ser médico general. “Es un proceso largo, que demada dinero, tiempo y mucha paciencia”, advierten.

Un alud de trámites separa a los facultativos venezolanos, el mayor capital del sistema público de salud, de su propósito de curar en la tierra de Camões. Ni en los casos más encomiables son suficientes 16 años de estudios y más de 30 de experiencia para corroborar las destrezas en el oficio. Además de un exámen que compruebe el dominio de la lengua portuguesa, los extranjeros en Portugal deben presentar una prueba escrita, otra evaluación oral más una tesis que deben preparar en un lapso de seis meses, que, de aprobarla, solo le aseguraría un puesto como médico general.

Claudia, quien también es hematólogo, bien sabe de ello. En lugar de hablar de plasma, glóbulos rojos y plaquetas se desenvuelve detrás de un mostrador atestado de dulces, donde se descalza, sin conflicto alguno, su rol de médico e incursiona, de a ratos, en el oficio de bartender. Durante su jornada diaria, los pedidos de café se alternan con los tragos. Claudia dice que administra su mejor sonrisa entre cada pedido.

En su turno como empleada de mesa prefiere eludir su verdadera profesión. Lo más familiar que podría evocarle el oficio que dejó en el Hospital Universitario de Caracas es el alcohol, pero en su estado etílico. De resto, no hay nada que se le cruce con el apostolado de la salud, como se refiere el gremio a sus quehaceres.

Hace más de año y medio que llegó a Madeira. Emigró movida por el afán de ejercer su carrera en una isla cuyos habitantes resienten el déficit de especialistas, la diáspora de médicos locales que se van a Inglaterra y los retardos de un sistema de salud pasmado, que se detuvo en el tiempo y funciona con largas listas de espera. Pero no lo encontró.”No logré pasar la prueba escrita”, se lamenta. Aún le queda mucho por hacer: vencer las trabas.

En el café donde trabaja, dice, ha aprendido a darle la vuelta a su propia vida. Lo hace entre caipiriñas, buenos tintos, brandy y turistas de todo el mundo, porque Claudia ya habla de grojetas, que en Venezuela no es más que la propina. Sabe que los ingleses y polacos son los más generosos y ubica a los franceses en la lista de los más tacaños. Las jornadas le alcanzan para practicar su inglés con cuanto turista “albino” atiende y  también para afinar su portugués. Es parte del trabajo mental que ha hecho con ella misma, pues recuerda que llegó a la isla con la convicción de prestar su servicio en una región donde solo había un hematólogo. 

“En la Secretaría de Educación Superior del Consulado de Portugal en Caracas me dijeron que sería fácil entrar a un hospital. Que no tenían especialistas como yo, que además soy esposa de un portugués, y entonces pensé que podría concursar por un cargo. Pero parte de mi esperanza se derrumbó cuando vi cerrarse algunas puertas”, recuerda.

Solo en la isla de Madeira, a finales de octubre de 2018, existían 48 pedidos de equivalencias académicas por parte de emigrantes que regresaron a la región autónoma. De ese número 15 estaban relacionados con la Medicina, de los cuales 5 pertenecían al área de Odontología. 

El neumonólogo Antonio Quintal, un especialista con más de 32 años de ejercicio en la medicina, señala que las pruebas en Portugal están hechas para no pasarlas. Además de  pagar una tasa de 500 euros, que debe ser cancelada en el momento en que se entregan los documentos, los connacionales se quejan por tratarse de un proceso largo y sin garantías. “Si no pasas algún exámen no te equivalen la carrera”. Las trabas incluso han llevado a la población lusovenezolana a ejercer en otros países, donde se les reconocen los estudios con mayor facilidad, como Chile, Perú y Ecuador. En Brasil, por ejemplo, solo se necesita cursar un rural por dos años para obtener las credenciales.

Claudia ya estuvo en España donde obtuvo la homologación, sin embargo, solo se ve trabajando en Portugal, la tierra de su esposo.

“Mi jefe en el café dejó de gritarme solo cuando infirió, después de una conversación, que era médico. Un día me vio estudiando y me acusó de irresponsable porque, según él, dejaría el trabajo sin notificárselo. Me preguntó por qué lo hacía y le dije que para una prueba. Le di algunos detalles y luego supo mi profesión. Entonces me trató con respeto. Ha sido muy duro porque te enfrentas a clientes maleducados que te tratan como un súbdito, pero todo está en cómo tú asumas las dificultades”.

Hoy su mayor reto es materializar su propósito de sanar enfermos. Las gestiones administrativas para revalidar las credenciales de los profesionales extranjeros permanecieron paralizadas durante dos años. Y después de un intento, que algunos califican de atropellado, por retomar el proceso en octubre de 2018, los trámites continúan detenidos. De las cuatro fases que deben aprobar los facultativos para pedir la equivalencia, solo las dos primeras fueron convocadas.

Un grupo de brasileros, que representan 80% de los médicos que aspiran obtener su reválida, impugnaron los resultados de la prueba médica escrita. La evaluación, realizada a inicios de 2019 y que asegura un puesto en la mitad del proceso, fue calificada de viciada. Según información extraoficial, de más de un centenar de médicos brasileros, solo una veintena de ellos logró aprobarla. En el caso de los venezolanos, apenas uno logró pasarla. Se trata de Karina Caldeira, una pediatra hematóloga, que reconoce que se trató de una prueba con temas especializados, que ni siquiera abordó las primeras razones de morbilidad de Portugal. 

Mientras espera se reanude el proceso y la fortuna de ser médico en Portugal toque su puerta, Karina trabaja en una guardería en Madeira. Tiene a su cargo a unos 20 niños, a quien cambia pañales y realiza manualidades. Obtuvo este empleo después de mucho tiempo de paro. En realidad su profesión parecía el secreto mejor guardado. Confesarse médico le costó, en algunos casos, un posible puesto de trabajo. “Si decía en mi currículo que era médico jamás me llamarían a una entrevista”, se lamenta quien fuera doctora en el hospital J.M. de los Ríos en Caracas. Por ahora espera que se reanude el proceso interrumpido en enero.

Hay quienes aseguran que más allá de las limitaciones para ejercer la medicina en Portugal, existe un choque de esquemas. “En Portugal el Estado pierde mucho dinero en exámenes especializados porque los médicos locales no examinan, no tocan a sus pacientes. Es importante confiar en las pruebas clínicas, entrevistar al paciente y repreguntar para obtener un buen diagnóstico”, sostiene Antonio Quintal. 

El también portavoz de la Asociación de Médicos Lusovenezolanos (Asomeluve) critica las dificultades del sistema de salud en Madeira. “Los galenos venezolanos tenemos un valor agregado y es el vínculo con la gente. Somos humanistas, sensibles, miramos al paciente a los ojos, le preguntamos cómo se siente. Tenemos mucho de psiquiatra”.

De acuerdo con las cifras de Naciones Unidas, más de tres millones de venezolanos han salido del país en busca de oportunidades en los últimos años. Los médicos no son la excepción. En 2018 la Federación Médica Venezolana, cifró en 26.160 los especialistas que se han marchado del país. Entre las especialidades huérfanas en los hospitales destacan pediatría, donde más de 6700 profesionales han dimitido de sus cargos, al igual que medicina general, cuyas bajas ascienden a 9000 facultativos. También destacan áreas como anestesiología donde reportan una diáspora de 2100 galenos, medicina interna con 1500, cirugía general con 2500, urología con 145, ginecobstetricia con 100, neonatología con 1150, traumatología con 1100 y radiología con 565 renuncias.

La situación pone a contraluz un problema que es profuso. Ni el Ministerio de Salud ni el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS) ni el Ipasme, instituciones rectoras de salud, aseguran a su línea de defensa: los médicos. Estos profesionales luchan hoy contra una crisis que fue advertida en 2012 por la Federación Médica Venezolana (FMV) y que alcanza a toda la población sin distinción. La Federación Médica admite que la situación ha ido en detrimento en los últimos 25 años, incluso antes del chavismo, cuando los gobiernos anteriores tampoco se ocuparon de los profesionales.

El cirujano especialista en Otorrinolaringología, Aderito de Sousa, presidente de Asomeluve, donde están afiliados 300 galenos con raíces lusas, explica que de los médicos lusovenezolanos que se han ido recientemente a Portugal ninguno está ejerciendo su carrera. Y hay médicos especialistas con posgrados, que emigraron hace más de diez años, trabajando como médicos generales, también los hay desempeñándose como paramédicos o manejando una ambulancia. 

“No se le puede pedir a un profesional con formación especializada, com posgrados y doctorado que actúe como médico general. Eso no ocurre en ningún país del mundo. Y es paradójico que ocurra en Portugal, un país que tiene déficit de médicos en todas las especialidades, se estima que faltarían entre 4 mil a 5 mil especialistas. 30% de los que se gradúan en Portugal buscan desarrollarse profesionalmente en Inglaterra, Alemania o Francia, donde son mejor remunerados. Las consecuencias las pagan los pacientes que integran largas listas de espera cuando se trata de una cirugía electiva. Una persona puede esperar de seis meses a tres años por una operación de hemorroides y la medicina privada es muy costosa”, precisa.

De Sousa propone que hay casos de equivalencias académicas y homologaciones que deben ser tratados con mayor flexibilidad porque dentro de esa migración hay médicos con altas cualificaciones, profesores, investigadores, que hicieron cursos de formación superior en países como Estados Unidos y Alemania y que serían de gran ayuda para el sistema de salud portugués.

De los 28.563 médicos que, a finales de 2017, trabajaban en el Servicio Nacional de Salud de Portugal, 1828 (6,4%) eran extranjeros y la mayoría (55%) provenientes de países ajenos a la Unión Europea. Actualmente hay 87 médicos cubanos en el servicio público, debido a protocolos firmados entre Lisboa y La Habana, que le habrían costado 12 millones de euros al Estado. El número de médicos venezolanos en Portugal ha aumentado desde 2012 cuando había 13 en el sistema público. En 2017 eran 23, según cifras publicadas por el periódico Público. En España, según Asomeluve, el rezago en la revisión de crecedenciales de connacionales que aspiran homologar sus títulos es de tres años. 

Cristina de Cámara, una lusovenezolana cuyos padres son oriundos de Madeira, lamenta que no pueda ejercer en su tierra. La jóven, recien egresada de la escuela Luis Razetti de la UCV, no tuvo otra opción sino viajar a España para realizar la gestión.  “Me encantaría trabajar en Portugal porque es el país donde nació mi familia, donde vive parte de ella y yo tengo nacionalidad portuguesa. Pero es muy complicado, toma mucho tiempo y dinero”, comenta De Cámara.

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